De Febrero a Octubre

Por Lars T. Lih | Jacobin, 11 de mayo de 2017

Traducción: Juan Fajardo para  marxists.org

 

En la narrativa común, Febrero fue la revolución buena y Octubre la extremista. 

Pero los eventos en Rusia fueron mucho más complejos que eso.

 

En su libro Inside the Russian Revolution Rheta Childe Dorr describe su primera impresión de Rusia:

Lo primero que ví en la mañana de mi arribo a Petrogrado … fue un grupo de jóvenes, más o menos una veintena, creo, marchando por la calle delante de mi hotel, portando una banderola escarlata con una inscripción en grandes letras blancas.

Qué dice la banderola? le pregunte al portero del hotel a mi lado.

Dice “Todo el Poder al Soviet”, fue la respuesta.

Qué es el soviet? le pregunté, y él respondión brevemente:

Es el único gobierno que hoy tenemos en Rusia.

A juzgar por este pasaje, la mayoría creeríamos que Dorr llegó a Rusia después de la Revolución de Octubre ya que sólo entonces los soviets derrocaron  al Gobierno Provisional. Pero Dorr llegó a Rusia en la segunda quincena de mayo de 1917 y partió del país a fines de agosto. Su libro se imprimió antes de la Revolución de Octubre y por lo tanto nos da un invaluable vistazo, libre de retrospección, a lo que ocurría en 1917.

El recuento de Dorr presta enfásis a un hecho esencial: “Los soviets, o consejos de delegados de soldados y obreros, los cuales han surgido rápidamente en todo el país, son lo más cercano a un gobierno que Rusia ha conocido desde los días tempranos de la revolución.” Pese a ser ella misma una socialista, Dorr estaba fervientemente comprometida con la guerra contra Alemania y por lo tanto era intensamente hostil a lo que veía como tiranía de la muchedumbre. Consideraba que el gobierno por los soviets era nada mejor que los zares y en algunas maneras peor. Por ejemplo, tómese censura de la prensa: “Aunque [el viajero norteamericano promedio] pudiese leer todos los diarios no obtendría mucha información. La censura de la prensa es tan rígida y tiránica hoy como lo fue en el zenit de la autocracia, solo que se suprime otro tipo de noticias.” Para proporcionar a sus lectores norteamericanos una idea de la “manía de comités” que se había apoderado de Rusia, usó la siguiente analogía:

Trate de imaginar cómo sería en Washington, en la oficina del secretario del tesoro, digamos, si un comité de la Federación Americana del Trabajo fuera a entrar y decir: “Hemos venido a controlarlos. Saquen sus libros y todos sus papeles confidenciales.” Eso es lo que sucede en Rusia y continuará sucediendo hasta que logren formar un gobierno responsable solo al electorado y no esclavo al Consejo de Delegados de Obreros y Soldados.

La narrativa de Dorr es unilateral: el poder del soviet estuvo en dura contienda a lo largo de 1917 y el Gobierno Provisional tenía una ambiciosa agenda propia. Aún así, extrae realidades que no sorprenderían a la mayoría de historiadores pero iluminan de manera inesperada la consigna “Todo el Poder a los Soviets!” Vale la pena explorar esta nueva perspectiva, primero con demonstrar la continuidad entre Febrero y Octubre, luego preguntando qué tipo de revolución fue, y finalmente, examinando el liderazgo de los bolcheviques y, especialmente, el de Lenin.

“Todo el Poder a los Soviets!” es una de las consignas más famosas en la historia de las revoluciones. Está ahí, junto a “Egalité, liberté, fraternité”, como un símbolo de la época revolucionaria. Consiste de tres palabras: “вся власть советам,” “vsya vlast’ sovetam.” “Vsya” = “todo,” “vlast’” = “poder,” y “sovetam” = “a los soviets.” La palabra “sovet” significa simplemente “consejo”, y de ahí, “Consejo”.

Otra palabra rusa – vlast – es más difícil. “Poder” (power) no es una traducción enteramente adecuada por varias razones. Vlast tiene una referencia más específica que la palabra inglesa “power”, es decir la autoridad soberana en un país. Para detentar el vlast uno debe detentar la autoridad de tomar la decisión final, debe ser capaz de tomar decisiones y hacer que se cumplan. A veces, en inglés, en un intento de reflejar estos matices, vlast se traduce con la frase no-idiomática “the power” (el poder). Yo usaré “poder” y vlast indistintamente.

El vlast embrionario

El contraste entre “Febrero” y “Octubre” es básico a la comprensión común de 1917. Al público lector educado se le da una versión liberal de ese contraste: Febrero es la revolución buena de libertad política y democracia, y Octubre es la revolución mala, ilegítima, de tiranía y utopismo extremista. En la Izquierda hallamos un contraste similar: la “revolución burguesa” versus la “revolución socialista”.

Pasado en alto queda la fuerte continuidad entre Febrero y Octubre. Desde sus inicios en febrero la convulsión de 1917 debe ser vista como una revolución democrática anti-burguesa. En realidad, el poder soviético se proclamó en febrero – el papel de Octubre fue el de confirmar que no abandonaría el escenario apaciblemente.

La fuerza básica detrás de ese nuevo poder, o autoridad soberana – la base social de los soviets – era el pueblo, el narod, los obreros, soldados y campesinos, la multitud; en contraste con la élite, el tsenzoviki (“gente censada”, la clase hacendada), la sociedad educada. El propósito central de la revolución soviética era realizar un vasto programa de reformas previamente denominadas como “revolución democrática” – sobre todo, tierra para los campesinos y la liquidación de los pomeshchiki (latifundistas) como clase, y también poner fin a la guerra asesina e inútil.

Al mismo tiempo, la revolución era intensamente anti-burguesa, aún si ese sentimiento no se expresase en una demanda programática por la instauración del socialismo a corto o mediano plazo. Lo sorprendente no es la base social de la revolución ni los valores anti-burgueses de dicha base, sino la creación casi simultánea a la caída del zar de un candidato viable a la autoridad soberana en una tierra que dependía de esa amplia constituyente popular.

En febrero la longeva dinastía Romanov – a veces denominada el “vlast histórico” – fue disuelta, dejando a Rusia básicamente sin un vlast operante, es decir, sin una autoridad soberana ampliamente reconocida. Las líneas de fuerza fundamentales del año entero se establecieron casi inmediatamente, efectivamente durante los eventos revolucionarios del 27 de febrero. En aquel día sucedió lo siguiente:

1. El vlast zarista que había gobernado Rusia por cientos de años colapsó en la ciudad capital de Petrogrado. El zarismo había sido un vlast en todo sentido de la palabra: tenía control sobre las fuerzas armadas, un fuerte sentido de legitimidad y misión, y una base social.

2. El Soviet de Petrogrado fue creado por intelectuales socialistas quienes llamaron por representantes de las fábricas y, enseguida, de los soldados. Pronto, la famosa Orden Número Uno emitida por el soviet le dio la cualidad más indispensable de un vlast: control sobre las fuerzas armadas. Al llamar por la democratización y la formación de comités de soldados, el Soviet de Petrogrado se ganó la confianza y la lealtad de los soldados.

3. El Gobierno Provisional fue formado por políticos de la élite liberal. Aunque el Gobierno Provisional trató de reclamar alguna suerte de legitimidad basada en la continuidad y la transmisión legal del poder, en esencia representaba una reacción a la creación del soviet. Desde un comienzo las clases de élite estuvieron desquilibradas, enfrentadas con un obstáculo inesperado en la forma de un vlast soviético operante. Para su suerte, el Gobierno Provisional halló aliados en la dirigencia socialista moderada del soviet, quien creía que era imperante mantener a los elementos más progresivos de la élite de lado de la revolución.

El Soviet de Petrogrado asumió así el rol de fuente en última instancia del vlast, del poder soberano – aunque en esa etapa aún se cuidaba de asumir el título. El soviet era el representante electo de los obreros y de los soldados: una diferencia esencial de su encarnación en 1905. Hubieron dos momentos fundamentales en esa afirmación de autoridad: primero, el Gobierno Provisional se vió forzado a comprometerse con partes claves del programa soviético para ganarse alguna elementaria legitimidad y, en efecto, para cobrar existencia. Segundo, la Orden Número Uno le permitió al soviet ganarse (casi sin darse cuenta) un atributo esencial de cualquier vlast, es decir, control sobre el sumo medio de coacción, el ejército. Estos dos hechos – compromiso del gobierno de llevar a cabo partes claves del programa soviético y la lealtad en última instancia del ejército al soviet en vez de al Gobierno Provisional – determinaron el curso de la política durante el resto del año.

Superficialmente, las vicisitudes del poder soviético en el trascurso de 1917 se expresaron en una serie de dramáticas crisis políticas. Por debajo, se desarrollaba un proceso más molecular que investía al soviet con los atributos esenciales de un genuino vlast. Examinemos ese proceso más profundo.

Según algunos observadores bolcheviques de la época, el Soviet en febrero era un “vlast embrionario.” Esta es una excelente metáfora que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que se requeriría para que se convierta un vlast íntegro e independiente que pudiera valerse por sí mismo? Un vlast efectivo requiere lo siguiente:

1. Un sentido de misión – lo que podríamos llamar una legitimidad interna.

2. Un verosímil reclamo del poder que induzca lealtad – legitimidad externa.

3. Un monopolio sobre los medios legítimos de coacción.

4. La habilidad de eliminar a sus rivales.

5. Un programa amplio para solventar los problemas nacionales esenciales del día.

6. Una clase política amplia que asuma el papel que la dvorianstvo (alta burguesía) tuvo en la Rusia zarista.

7. Un aparato administrativo capaz de transmitir la voluntad del vlast central a lo largo del país.

Esas son los razgos claves de un vlast operante. El embrionario vlast soviético establecido en febrero nació con algunos de esos razgos en forma virtual y más adelante estos y otros razgos adquirirían mayor sustancia, primero en 1917 y luego durante la guerra civil. Por ejemplo, el soviet adquirió forma institucional nacional por medio de una conferencia pan-rusa a fines de marzo y de dos congresos de soviets (en junio y octubre). En contraste, el Gobierno Provisional progresivamente perdió hasta aquellos atributos con los que se inició, tal que se hizo cada vez más y más espectral. Para otoño de 1917 había perdido hasta el apoyo de los más moderados líderes del soviet y no era más que un vlast fantasma.

Miremos ahora la serie ininterrumpida de crisis políticas que marcaron las relaciones entre los soviets y las élites reformistas en el Gobierno Provisional. La lucha política en 1917 se libró entre los márgenes de una constitución no-escrita que dictaba que la mayoría en el soviet tenía autoridad final en materia de programa y personal. Yá, en el comienzo, Alexander Kerensky fue injerto en el gobierno como representante del soviet. Por esta y otras razones a menudo el contraste que se suele hacer entre un periodo inicial de “poder dual” y un periodo posterior de coalición no es esencial.

A comienzos de mayo, el Gobierno Provisional proponía pero el soviet disponía – accedió al pedido por parte del Gobierno de enviar más representantes al gobierno. No obstante cuántos representantes individuales enviara al gobierno el soviet, el hecho es que ninguna iniciativa política mayor se realizaba en contra de los deseos explícitos de la mayoría del soviet. Así, de las varias crisis políticas que surgieron a lo largo del año todas acabaron cuando la autoridad soviética expresó su voluntad, ya que tenía el control en última instancia de la fuerza coercitiva. Esto era verdad en marzo, en abril, en julio y en agosto, así como en octubre.

Desde luego, el poder soviético fue duramente disputado desde el comienzo: la contrarrevolución también tuvo su origen en Febrero. La fuente principal del conflicto era en torno a lo que, en el momento, se denominó krizis vlasti, la crisis del poder. El tema era frecuentemente presentado de la siguiente forma: dvoevlasti, poder dual, soberanía dual, es una contradicción de términos – si el que manda es este y aquél, ¿entonces quién toma la decisión final, la que vale de verdad? “Poder dual” es, entonces, equivalente a “poder múltiple”, lo que equivale a ausencia de vlast alguno: la receta para la disfunción gubernamental. Rusia requería de un solo vlast, indiscutible, reconocido y firme (tverdaia).

Aquí, las opiniones comenzaron a variar. El partido liberal Kadete, los primeros en expresar estas ideas, dijeron que los soviets deberían por lo tanto abandonar la escena. Los bolcheviques, quienes rápidamente recogieron ese argumento para sus propios propósitos, dijeron que, por ende, ¡todo el poder debería pasar a los soviets!

La pregunta existencial que enfrentaba a la base social del soviet era: ¿Podría el programa soviético llevarse a cabo por medio de una alianza en buena fe con élites reformistas, o es la separación entre élite y narod en cuanto a cuestiones tan fundamentales como la guerra, el tema de la tierra, y la regulación económica, demasiado ancha para poder tender puentes? Los bolcheviques denominaron intento de alianza entre clases soglashatelstvo – un término a veces engañosamente traducida como “conciliación”, pero que puede ser traducida como “acuerdismo”. Entonces, la pregunta ante la base social del soviet era: ¿Es viable un acuerdo? Sí, puede resultar conveniente trabajar con la élite en vez de en contra de ella, pero no si significa abandonar las metas de la revolución.

Desde el punto de vista de la incipiente contrarrevolución había dos posibles estrategias para eliminar el sistema soviético: un golpe duro o un golpe blando. Un intento por un golpe duro fue realizado por el General Kornilov a fines de agosto – pero esta fue una aventura descabellada desde un principio, una que rápidamente se topó contra la dura realidad política de 1917, es decir, la lealtad de las fuerzas armadas a los soviets. El golpe blando dependió de una estrategia diferente de crear, por varios medios, un amplio vlast alternativo con apoyo nacional, en todo momento instando a los soviets a dimitir voluntariamente. En esta categoría caben tales experimentos otoñales como la Conferencia Democrática y el Pre-Parlamento. Más y más, la Asamblea Constituyente se convirtió en la pieza central de intentos por un golpe blando, es decir, de inducir al poder soviético a dimitir con gracia.

Para la contituyencia del soviet, la pregunta yá había sido decidida para a inicios de septiembre, cuando las nuevas mayorías en los soviets de Moscú y Petesburgo expresaron su apoyo por un gobierno enteramente soviético y anti-acuerdista. Se hizo evidente que el Segundo Congreso de los Soviets en octubre asumiría la misma línea. La cuestión, entonces, devino: ¿se mantendría la constitución no-escrita? ¿Podría la nueva mayoría en el soviet ejercer el mismo control sobre las políticas y el personal que había ejercido la antigua mayoría? Según la narrativa común, octubre fue cuando los soviets derrocaron al Gobierno Provisional. Desde nuestra perspectiva, fue el momento cuando el Gobierno Provisional no tuvo éxito en derrocar a los soviets.

Al mismo tiempo, los soviets asignaron liderazgo político al Partido Bolchevique. La elección fue una inevitable implicación de la decisión aún más fundamental de mantener la existencia del poder soviético puesto que los bolcheviques eran la única fuerza política organizada dispuesta y capaz de hacerlo. (Los Socialrevolucinaros [eseristas] de izquierda tenían la voluntad pero apenas una fuerza política organizada.) La disolución de la Asamblea Constituyente a principios de enero acabó con la última oportunidad de terminar el poder soviético de manera pacífica, o sea, por medio de la disolución voluntaria. En adelante la cuestión sería resuelta en los campos de batalla.

El Segundo Congreso:

El significado de Octubre en octubre

Según la constitución no-escrita, un Congreso de Soviets regularmente electo que fuese representativo de los soviets a lo largo del país tenía el derecho y la obligación de determinar ambos el personal y las políticas del gobierno revolucionario. El Segundo Congreso que se reunió el 25 y 26 de octubre fue justamente ese tipo de organismo. A menudo quedamos tan fascinamos por los dramáticos debates entre los bolcheviques y por el “levantamiento armado” organizado por el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, que nos olvidamos que el hecho político fundamental del otoño de 1917 fue la nueva mayoría que se había formado nacionalmente entre la base social de los soviets.

El levantamiento cobra nuevo sentido a la luz de este hecho: podemos imaginar el Segundo Congreso sin el levantamiento pero no podemos imaginar el levantamiento sin el Segundo Congreso. Como dijera Trotsky en el congreso: “La fórmula política de este levantamiento: Todo el poder a los soviets por medio del Congreso de Soviets. No dicen: no esperaron al congreso. Nosotros, como partido, consideramos nuestra tarea la creación de una genuina posibilidad de que el Congreso de Soviets pudiera tomar el vlast en sus propias manos.”

Efectivamente, una mirada a las actas del Segundo Congreso nos dará una idea del significado de Octubre en octubre – o sea, de lo que el Segundo Congreso en su conjunto, incluyendo a ambos su mayoría y su minoría, pensaba que hacía. De acuerdo con la constitución no-escrita un Congreso de Soviets correctamente constituido tenía el derecho de determinar el personal y las políticas del gobierno. Ese era el meollo del asunto, y nadie en el Congreso lo cuestionaba, ni siquiera los enemigos más resueltos de los bolcheviques.

En sitio de ello, trataron de socavar la legitimidad del Congreso por otros medios: Primero, retirándose del recinto para privar al Congreso del quórum necesario y convertirlo en una “conferencia privada.” Segundo, con sostener que conflicto armado y “guerra civil” en las calles hacían imposible la labor del Congreso. Pero nótese: los socialistas anti-bolcheviques no protestaron por el arresto del Gobierno Provisional, sino solo por el trato a los ministros socialistas – y aun ahí la ira no era por status de ministros sino porque eran camaradas de partido cumpliendo una misión. A fin de cuentas, aunque de acuerdo con que el Congreso tenía el derecho de formar un nuevo gobierno, incluso un gobierno que excluya cualquier partido ajeno a los soviets, insistían en que este nuevo vlast soviético representase a todos los partidos soviéticos y hasta a todas las fuerzas democráticas – así el ala Martov de los mencheviques y los eséristas de izquierda, aunque la formación de una coalición tan amplia era un sueño irrealista. Por ende, nadie en el Congreso de veras impugnaba la constitución no-escrita.

¿Qué programa le dio al nuevo gobierno el Congreso? Se lograron tres cosas durante la sesión de dos días: una propuesta gubernamental oficial para una “paz democrática”, la tierra para los campesinos y la consiguiente abolición de la propiedad latifundista, y la formación de un “gobierno obrero-campesino”. Las tres medidas eran esencialmente “democráticas”, en la usanza de la época, y esta cualidad democrática fue enfatizada por la retorica oficial y por los portavoces bolcheviques. Una declaración muy famosa de Lenin – quizá el primer pronunciamiento del nuevo vlast – dice así: “La causa por la cual luchó el narod – la inmediata propuesta de una paz democrática, la abolición de la propiedad burguesa sobre la tierra, el control obrero de la producción, la creación de un gobierno soviético – esa causa está hoy segura.”

En su borrador original Lenin había escrito “¡Viva el socialismo!” pero tachó aquella frase. Esto señala otro rasgo de los debates en el Congreso: el bajo perfil del “socialismo”, ya sea como palabra o como concepto. Cierto, hay mención del socialismo como meta final, pero los bolcheviques nunca defendieron el programa emitido por el Congreso como socialista – muy reveladoramente, los que atacaron a los bolcheviques tampoco hicieron ninguna crítica de algún intento irrealista de implantar el socialismo en Rusia. El “socialismo” simplemente no fue un tema para el Segundo Congreso.

El significado histórico del Segundo Congreso fue, entonces, el que la constitución previamente no-escrita ahora se afirmaba abiertamente como la máxima ley del país. El vlast embriónico creado en febrero – un vlast basado firmemente en los obreros y campesinos y dedicado al programa de la revolución – anunció al mundo su firme intención de sobrevivir y prosperar.

¿Qué tipo de revolución?

Nuestra mirada al Segundo Congreso y su programa hace inevitable la pregunta: ¿Qué tipo de revolución fue la Revolución Rusa de 1917? En cierto modo, por supuesto que una revolución obrero-campesina en Rusia inevitablemente sería “socialista”, es decir, que sería liderada por socialistas comprometidos cuya meta final era establecer una sociedad socialista. Partidos socialistas tenían un monopolio absoluto sobre la lealtad política del narod y nadie más que partidos socialistas jamás tuvieron representación en el soviet. Más aún, los bolcheviques finalmente ubicaron su proyecto en el contexto de la revolución socialista pan-europea que creían se avecinaba. Por otro lado, cuando miramos al programa concreto para Rusia por el poder soviético en 1917, y también al mensaje en efecto lanzado por los bolcheviques día tras día a la base popular del soviet, encontramos que las reivindicaciones “democráticas” ahogaban casi por completo a las “socialistas”.

El contraste binario entre la “revolución democrático-burguesa” y la “revolución socialista” tiene larga data en la tradición marxista, pero para inicios del Siglo XX estaba evidenciando definidas muestras de tirantéz. En 1906 Karl Kautsky escribió un artículo seminal titulado “Fuerzas motrices y perspectivas de la revolución rusa”. Ese artículo deleitó a Lenin, Trotsky y Stalin, quienes escribieron comentarios acerca de él. Incluso después de la revolución de 1917, el articulo de Kautsky fue aprobado por Lenin, Trotsky, e incluso Karl Radek, como una exposición clásica de la lógica tras la estrategia revolucionaria bolchevique.

Ahí Kautsky arguyó que Rusia estaba atravesando “ni una revolución burguesa, en el sentido tradicional, ni una socialista, sino un proceso bastante único que se está desenvolviendo en la frontera entre la sociedad burguesa y la socialista”. Para Kautsky, la una vez y futura revolución rusa no era burguesa porque estaba liderada por socialistas, pero tampoco era socialista porque los aliados campesinos del proletariado no estaban listos para el socialismo. Todos los social-demócratas rusos (incluso Trotsky) estaban de acuerdo de que la mayoría campesina de Rusia era una barrera a la transformación socialista, salvo que hubiese una revolución europea que cambiase el juego.

Con eso en cuenta, parece cada vez más apto el comprender la revolución de 1917 como una revolución democrática anti-burguesa. La revolución que creó y defendió el poder soviético fue democrática en cuanto a su contenido de clase y su programa. El Soviet de Petrogrado fue creado por obreros y soldados en la ciudad capital – es decir, el poder soviético era un “vlast obrero-campesino” desde el inicio y no perdió nunca ese carácter. Según las reglas del discurso marxista por todos aceptado en 1917, una revolución que encarnaba los intereses del campesinado era por ende una revolución democrática.

Como hemos visto, la revolución soviética también era democrática en su programa en 1917. Existe la idea hoy entre muchos marxistas de que el proclamar “el carácter socialista de la revolución” era una necesidad lógica para que el proyecto de poder soviético tuviera sentido. Bajo examen, esa idea se desvanece – en efecto, fue tajantemente refutada en 1917 por Lenin y Trotsky mismos. También hay, tal vez, la tendencia entre algunos marxistas de menospreciar una revolución “meramente” democrática como si fuese una restringida a míseras reformas y a un miserable “programa mínimo”. Los bolcheviques manejaban una actitud diferente. Ellos veían la transformación democrática de Rusia – la formación de una democracia radical, tierra para el campesinado, liquidación como clase de la burguesía terrateniente, y la modernización de todas las esferas de la vida – como una misión muy ambiciosa y gratificante. Es más, era una que solo socialistas comprometidos podrían realizar.

Lo cual nos trae a la segunda parte de nuestra definición: en contraste a las “revoluciones democrático-burguesas” clásicas, la revolución rusa fue anti-burguesa desde el inicio. Primeramente, por la razón notada por Kautsky: fue dirigida por socialistas y no por liberales ni “burgueses” de ningún tipo. Segunda, ambas alas de la base social soviética – los obreros y los campesinos – eran enteramente hostiles hacia los burzhui y los valores burgueses. En tercer lugar, la revolución rusa se desarrolló en una creciente descomposición de cualquier sistema viable de mercado.

Desde el comienzo – o sea, desde febrero – la base social soviética era hostil a los burzhui, en su sentido especifico de propietarios industriales y en el sentido amplio de tsenzoviki (una palabra despectiva para la élite educada derivada de los requisitos de propiedad o el “censo” que limitaba el número de votantes), los beloruchki (los de manos blancas), y demás términos para la élite educada. Aún en los días tempranos, cuando las esperanzas de una verdadera alianza eran altas, los burzhui eran vistos con desconfianza y hasta con una automática presunción de insinceridad. Compromiso en un sentido positivo hacia instituciones socialistas era mucho menos fuerte que una actitud negativa hacia los burgueses en tanto individuos como hacia los valores de la burguesía. El ánimo anti-burgués nace orgánicamente del hecho mismo del poder soviético, no meramente de los sueños de intelectuales socialistas.

Cualquier cosa semejante a una clase burguesa, instituciones de mercado, y valores de clase media fueron destruidos por la “época de tribulaciones” rusa empezando en 1914, y no hubo la voluntad social ni política de reconstituirlos. Así, el socialismo en la Unión Soviética adquirió contenido por el ímpetu de hacer funcionar un gran país moderno sin una burguesía, o un mercado autónomo, o un pluralismo burgués. La dinámica a corto plazo, así como el resultado económico de la revolución a largo plazo, fueron determinados en primera instancia por el ímpetu anti-burgués de la base social de los soviets.

“Hegemonía” bolchevique:

Socialistas dirigiendo campesinos

Para comprender por qué los bolcheviques, y no algún otro partido, fueron otorgados liderazgo por el poder soviético, tenemos que adoptar una visión más amplia y mirar hacia la llamada estrategia de hegemonía que definió al bolchevismo antes de 1917. “Hegemonía” es una palabra con muchos significados en contextos diversos. Cuando los bolcheviques la usaron para resumir su visión de la dinámica de clases en Rusia, quisieron decir, sobretodo, que el proletariado socialista actuaría de líder (hegemon) del campesinado. En una formulación más plena: el proletariado socialista haría la revolución “hasta el fin” con crear un vlast revolucionario basado en el interés común de los obreros y los campesinos, y rechazando cualquier apelación por parte de reformistas liberales de parar o dar vuelta atrás en la revolución.

La estrategia de hegemonía antes de la guerra les dio una ventaja a los bolcheviques – un cianotipo que eventualmente los llevó al apoyo mayoritario en el Segundo Congreso. Los bolcheviques en Petrogrado no necesitaban a Lenin para analizar la situación y fijar sus miras en ganarse a la base popular del soviet – obreros y campesinos – al proyecto de poder soviético pleno y a persuadirlos a rechazar cualquier acuerdo con élites reformistas. Lideres bolcheviques como Kamenev y Stalin tenían confianza de que el Gobierno Provisional sería plenamente incapaz de realizar el programa revolucionario y, es más, que pronto mostraría su esencia contrarrevolucionaria.

En todo esto, el papel del campesinado permanecía al centro del asunto. La mayor parte de las discusiones entre los bolcheviques en abril, luego del retorno de Lenin, fueron para asegurar que todos estuvieran en la misma página en cuanto al papel revolucionario del campesinado. Es por eso que algunos bolcheviques insistían que “la revolución democrático-burguesa no ha concluido” – otra forma de decir que “el campesino es aún un aliado revolucionario”. Lenin respondió subrayando que cualquier llamado “paso hacia el socialismo” (por ejemplo, la nacionalización de la banca) solo podría realizarse con la comprensión y apoyo de los campesinos.

Esa apuesta por el liderazgo socialista del campesinado explica no solo la victoria bolchevique en 1917, pero también la victoria bolchevique en la guerra civil. En 1920 (antes de la Nueva Política Económica), Evgenii Preobrazhensky describió al “campesino medio” como “la figura central de la revolución”:

“En el transcurso de la guerra civil el campesinado medio no acompañó al proletariado con pasos firmes. Vaciló más de una vez, especialmente frente a nuevas condiciones y nuevas cargas; en más de una ocasión se movió en dirección a sus propios enemigos de clase. [Pero] el estado obrero/campesino, erigido sobre la base de la alianza del proletariado con el 80 por ciento del campesinado, meramente por ese hecho no puede tener competencia por el vlast dentro de las fronteras de Rusia.”

El Ejército Rojo era la personificación de la hegemonía: soldados campesinos, jefatura política por socialistas revolucionarios, oficiales prestando experiencia pero privados de influencia política, todos luchando para defender la existencia del vlast obrero-campesino. Tal era reconocido hasta por el menchevique Fyodor Dan. Escribiendo en 1922, Dan hizo la observación de que la derrota del Ejército Rojo campesino en Polonia en 1920 no fue únicamente una derrota militar:

“Para defender la tierra tomada contra el posible retorno del terrateniente, el hombre del Ejército Rojo campesino luchará con el más grande heroísmo y el mayor entusiasmo. Avanzará, con las manos vacías, contra cañones, tanques, y su entusiasmo revolucionario infectará y desorganizará hasta las tropas más espléndidas y disciplinadas, tal como hemos visto con los alemanes, los británicos y los franceses en igual medida…

“Pero, la idea de comunismo bolchevique es tan ajeno y hasta hostil al pensamiento del Ejército Rojo campesino, que no puede ni ser infectado él mismo ni puede infectar a otros. La idea de guerra para convertir la sociedad capitalista en sociedad socialista no le atrae, y ese es el límite del potencial del Ejército Rojo para los bolcheviques.”

Dan tenía una comprensión peculiar de “la idea de comunismo bolchevique”. Aún así, sus palabras resaltan dos puntos centrales acerca de la Revolución Rusa. Primero, que era fuerte cuando era compatible con los intereses campesinos, y débil cuando sobrepasaba esos límites. Segundo (algo oscurecido por Dan), que los campesinos a duras penas habrían constituido una efectiva fuerza de combate si no hubiesen recibido dirección política por parte de un partido político basado en el ala urbana del narod.

Los bolcheviques estaban plenamente comprometidos con una alianza obrero-campesinoa, e ipso facto, con una revolución esencialmente “democrática”. Fue solo en sus últimos artículos que Lenin explícitamente avanzó la idead de que el proletariado podría conducir al campesinado hasta el socialismo. En cierto modo, esta perspectiva era una ruptura con la versión original de hegemonía, pero más a fondo, era solo una mayor extensión de la idea central de socialistas dirigiendo campesinos.

Lenin como líder bolchevique

En octubre a jefatura del poder soviético fue encomendada al Partido Bolchevique. El ver los eventos desde esta óptica promueve una nueva mirada hacia el liderazgo de Lenin dentro del partido, una que resalta algunos factores inesperados. Debemos empezar por el hecho de que Lenin fue el principal responsable por la elaboración y defensa de la estrategia de hegemonía antes y luego de la revolución de 1905. En octubre de 1915 agudizó su argumento con sugerir que un vlast obrero/campesino tomaría el poder en la segunda fase de la revolución, reemplazando un régimen anti-zarista pero defensista. De esa manera dotó al partido con su orientación estratégica básica.

Cuando Lenin retornó en abril, luego de una década de emigración, había gran potencial para desacuerdo y desmoralización. Lo impactante de Lenin en abril – luego de que miremos en detalle el toma y daca entre los bolcheviques – es su habilidad de escuchar a sus camaradas del partido, deducir qué era lo primario y qué lo secundario, y ayudar a resolver misinterpretaciones , de su parte y también por parte de los bolcheviques de Petrogrado. Permítaseme dar un ejemplo breve pero revelador de Lenin aprendiendo de los locales. En su “Carta desde lejos”, enviada desde Suiza antes de volver, Lenin continuamente hace referencia al “Soviet de Diputados Obreros”. Cuando publicaron su artículo en Pravda los editores calladamente cambiaron cada instancia de esa frase al título correcto, “Soviet de Diputados de Obreros y Soldados”. En el texto original de sus “Tesis de abril”, pronunciadas inmediatamente a su retorno, Lenin aun usaba el erróneo titulo corto. Alertado por sus camaradas al problema, inmediatamente pasó a usar un titulo que era un símbolo importante de la fundamental alianza obrero-campesina.

Lenin también merece crédito por adoptar la famosa frase de tres-palabras “¡Todo el poder a los Soviets!” pero de una manera inesperada. La consigna no aparece en las “Tesis de abril” ni en las resoluciones de la conferencia del partido que acabó el 29 de abril. La primera instancia de su uso parece ser en una pancarta portada por las calles en 21 de abril durante manifestaciones contra el gobierno. Lenin tomó nota de su aparición y luego la citó en un artículo en Pravda el 2 de mayo. El primer uso de la consigna, no simplemente en una pancarta anónima o en un artículo firmado por un solo individuo pero en un documento partidario autorizado, ocurre en Pravda el 7 de mayo. Lenin fue, pues, suficientemente perspicaz como para observar la consigna y tomar nota de sus posibilidades. Según la evidencia a la fecha, fue en efecto Lenin quien la alzó del anonimato y la hizo central a la agitación bolchevique.

Luego de los Días de Julio, Lenin pensaba que la constitución no-escrita había sido abrogada y que el actual sistema soviético no era más capaz de ejercer el poder. Por lo tanto quería retirar la consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!” Eso, como él admitiría más tarde, era desviación izquierdista. Felizmente, demás líderes del partido lograron mantener intacta la consigna y eso les sirvió bien a los bolcheviques en el otoño cuando el sistema soviético recobró vigor. Como lo demuestra este episodio, Lenin fue un líder eficaz porque era parte de un equipo que corregía errores individuales.

Más allá del drama de Lenin en octubre arengando a sus copartidarios bolcheviques a realizar un alzamiento, debemos enfocarnos sobre su argumento central: la base social del soviet a lo largo del país, tanto campesinos como obreros, habían rechazado cualquier tipo de acuerdismo y por ende se habían de facto declarado por pleno poder soviético. El levantamiento armado era sin duda una buena idea, pero el levantamiento en sí no creaba poder soviético – más bien, protegía al Segundo Congreso y su habilidad de convertir la constitución no-escrita en una escrita.

Lenin era el jefe de un partido unificado, pero el partido no estaba unido porque él era un líder fuerte – sino él era un líder fuerte porque el partido estaba unido en torno a la estrategia básica de liderazgo socialista en el establecimiento de un vlast obrero-campesino.

La aclaración de 1917

Mirando retrospectivamente los eventos de febrero a octubre, uno se impresiona con la improbabilidad así como con la inevitabilidad del poder soviético. Octubre solo fue posible por la confluencia de tres circunstancias harto inusuales: el colapso total del vlast antiguo, la creación de una institución basada en los obreros y soldados campesinos la cual inmediatamente se ganó la lealtad efectiva del ejército, y la existencia de un partido clandestino con una estructura a nivel nacional y un programa yá listo que respondía a las dos primeras circunstancias.

Estos factores se hicieron evidentes ya en las primeras horas de la caída del gobierno zarista. Después de eso, Octubre parece casi inevitable. El acuerdismo estaba muerto, dado la profunda brecha entre las aspiraciones del pueblo ruso y aquellas de las élites. Una vez que esto se hizo notable, los bolcheviques y su programa de pleno poder soviético eran la única alternativa abierta a la base social de los soviets. Ni la contrarrevolución era una alternativa real puesto que aún no estaba preparada para tomar el poder y reprimir los soviets.

1917 fue, pues, un año de aclaración de lo que estaba en juego en la batalla. El vlast obrero-campesino creado en 1917 sobrevivió la guerra civil que siguió pero pagó un alto precio.

Una baja fue la total abolición de libertad política, aunque esta había sido una meta de los bolcheviques en la pre-guerra. Sinembargo, la Rusia Soviética temprana puede ser descrita con certeza como un “vlast obrero-campesino” en varios aspectos centrales. Todo el estrato terrateniente había sido liquidado como clase, la antigua élite educada había sido barrida del poder, cada vez más el personal de las nuevas instituciones eran obreros y campesinos, muchas políticas del nuevo gobierno estaban diseñadas para ganar el apoyo de esas clases (por ejemplo, la campaña de alfabetización masiva), y los obreros y campesinos eran continuamente celebrados en canto y cuento. Incluso la masiva intolerancia política era en cierto modo un rasgo “democrático” en tanto era un reflejo de amplios valores populares.

Para bien o mal, el poder soviético creado en febrero de1917, y conservado en octubre aceptando el liderazgo bolchevique, se estableció como una poderosa fuerza en el mundo.