Salvador Cayetano Carpio

 

La Huelga General Obrera de Abril de 1967

 


Fecha: San Salvador, 6 de agosto de 1967.
Fuente: Texto ubicado y digitalizado por el Centro de Estudios Marxistas "Sarbelio Navarrete" (CEM); puesto en internet por el Servicio Informativo Ecuménico y Popular (SIEP), septiembre de 2009.
Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre de 2010.  Al citar o reproducir el documento, aparte de marxists.org, favor de mencionar al CEM y al SIEP como las fuentes originales de la versión digital.


 

 

I. 

ANTECEDENTES

Eran las doce de la noche del 30 de noviembre de 1945... Sonaron los pitos de los trenes, anunciando el estallido de la huelga de los ferrocarrileros. A las cero horas un minuto, todo el sistema ferroviario del país estaba paralizado. Horas después, esta gran huelga terminaba con la obtención de las demandas presentadas...

Como ya era tradicional en el país, estas y otras huelgas, organizadas por los trabajadores de diversas industrias y gremios, durante los años 1944-1945, estallaban sin previo aviso, cuando las gestiones pacificas se agotaban.

La eficacia de las huelgas obreras, como medio para lograr las demandas laborales alarmó a la parte patronal y la decidió a poner frenos legales a las mismas. Casi inmediatamente después de la huelga ferroviaria, el gobierno corrompido e inepto de Salvador Castaneda

Castro, fiel sirviente de la reacción interna y externa, emitió la Ley de Conflictos Colectivos de Trabajo (15 de enero de 1946) y creó el Departamento Nacional del Trabajo. Esa ley establecía, entre muchos requisitos difíciles de llenar, un período de 30 días entre el emplazamiento y el estallido de la huelga, para poner en juego toda clase de maniobras a fin de frustrarla antes de su inicio (despidos masivos, amenazas, encarcelamientos de directivos, contratación de esquiroles, etc.).

Los trabajadores que emplazaban a huelga acogiéndose a dicha ley, quedaban entrampados en el filo de una tenaza mortal: si a pesar de las maniobras de la empresa, después de treinta días de emplazamiento todavía tenían fuerza para llegar a la huelga, las oficinas del Departamento Nacional de Trabajo se encargaban de declararla ilegal autorizando a la fuerza pública a disolverla. NI UNA SOLA HUELGA, TRAMITADA DENTRO DE LOS TÉRMINOS DE ESA LEY FUE DECLARADA LEGAL POR EL GOBIERNO.

Era una Ley destinada a disuadir las huelgas, no a permitirlas. Cientos de panificadores, hombres y mujeres, fueron a parar a la cárcel en agosto de 1946. cuando su huelga fue declarada ilegal. Igualmente fueron declaradas ilegales las huelgas de “La Estrella” y de otras fábricas por esos mismos días, a pesar de haber llenado todos los requisitos de ley. El mitin que los trabajadores organizaron el 15 de septiembre de 1946 en la Plaza Libertad, en protesta por la ilegalización de todas las huelgas, fue masacrado, derramándose la sangre obrera.

Las protestas crecieron, se unieron a ellas otros sectores democráticos del país, especialmente el sector estudiantil, y estalló la huelga general a principios de octubre de 1946. Se paralizó la industria, el transporte y el comercio durante varios días; pero fue disuelta a base de terror, encarcelamientos y destierros.

Después de eso, las fuerzas reaccionarias lograron su propósito de disuasión: durante varios años no hubo huelgas obreras. Apenas una que otra, durante el período del llamado Consejo de Gobierno Revolucionario. Varios años después, el Ministro de Trabajo, doctor Mario Héctor Salazar (ahora apoderado de la IUSA), podría jactarse en sus Memorias, leídas en la Asamblea Legislativa, de que existía la “paz social” debido a la ausencia de huelgas; “armonía de clases” lograda a costa de la represión de los trabajadores, de la ilegalización de las huelgas, de la mediatización abusiva del Poder Público sobre los sindicatos.

Esto, por otra parte, significó privar a los trabajadores del derecho a luchar por su mejoramiento colectivo; pues si bien es cierto, que la lucha de la clase obrera por crear y mejorar la legislación laboral logró algunas apreciables conquistas (la sindicalización, la contratación colectiva, el descanso semanal, el Seguro Social, vacaciones, aguinaldos, etc.), los salarios se estancaron, el costo de la vida subió, la explotación se incrementó, las injusticias patronales aumentaron.

Prácticamente desprovista la clase obrera de su derecho de huelga, no estaba en capacidad de luchar colectivamente por el aumento de salarios, ni por un real mejoramiento de sus condiciones de vida. El terror psicológico hizo sus estragos: el temor a acogerse a una ley inefectiva y a que sus huelgas fueran declaradas ilegales, el temor a caer bajo los encarcelamientos y persecuciones,. la actitud de “legalismo a toda costa”. introducida por los agentes divisionistas que el gobierno y los monopolios extranjeros incrustaron en el movimiento sindical, hicieron sus efectos durante años.

Ahora mismo, en 1967, grandes sectores de trabajadores devengan todavía salarios que desde 1946 lograron alcanzar a base de luchas: 1.50, 1.25 y 1.00 Colones son salarios corrientes para una gran capa de trabajadores industriales y gremiales.

Sin embargo, el sector patronal no estaba satisfecho. Temía que algún resquicio de la Ley de Conflictos Colectivos de Trabajo pudiera ser todavía aprovechada por los trabajadores y que, en alguna ocasión, una huelga pudiera ser declarada legal. De tal manera, aprovechó la oportunidad que le ofrecía la promulgación del Código de Trabajo (1963) e introdujo en él tales tramitaciones y “regulaciones”, que prácticamente se hizo imposible en El Salvador ejercer legalmente el derecho Constitucional de huelga; ni una sola huelga se ha podido llevar a la práctica exitosamente de acuerdo con dicho Código que es una abierta inspiración patronal, y que ha reflejado con claridad la política laboral antiobrera y reaccionaria del gobierno del Coronel Julio Adalberto Rivera.

 

II. 

ASCENSO

Sin embargo, no se puede esperar que los trabajadores permanezcamos indefinidamente pasivos frente a las angustiosas necesidades económicas y sociales que se van acrecentando día a día. No se puede a estas alturas, vivir con salarios de 2.00 y de 1.00 (ni siquiera con el doble de éstos) en una época en que el alquiler de un cuarto de mesón vale más de 30.00 al mes (1.00 diario), y los alimentos, la ropa y las medicinas “están por las nubes”. La pasividad vendría a ser, en tales condiciones, un suicidio colectivo. Y si un padre o madre de familia pueden estar dispuestos a dejarse matar de inanición, no podrán estar dispuestos a ver con la misma pasividad que sus hijos se vayan consumiendo lenta pero implacablemente, a causa de la desnutrición y las enfermedades provocadas por la miserable alimentación a que dan lugar los salarios de hambre. ¿Como puede una madre o un padre alimentar, vestir, dar habitación y educación a 3 ó 4 hijos si devenga de 1.50 a 3.00 Colones? Este es un factor del despertar combativo actual de los trabajadores salvadoreños.

Por otro lado, la estructura de la clase obrera ha ido cambiando aceleradamente. En pocos años ha crecido apreciablemente el sector obrero industrial, a medida que las fábricas han ido poblando al país convirtiéndose en la parte fundamental del proletariado salvadoreño. Es un proletariado joven. de reciente formación, que durante los primeros años no tenía aún muy definida su conciencia de clase, pero que a golpe de explotación e injusticias patronales ha podido ir forjando su conciencia colectiva. El panorama que presenta el proletariado de hoy difiere mucho del de 1946, cuando el sector industrial era mucho menor, y la concentración de obreros en las fábricas no alcanzaba las proporciones actuales. Se puede decir que las acciones reivindicativas de este año están marcando el despertar de un nuevo proletariado industrial en El Salvador.

La urgencia de la lucha por mejores salarios y contra las injusticias patronales chocaba con las estipulaciones legales impuestas por los patronos en el Contrato de Trabajo: chocaba también con el temor a sobrepasar dichas limitaciones patronales. pero los trabajadores tenían que encontrar formas de lucha que les permitieran superar tales dificultades. Los obreros de la construcción (del Hospital Bloom en construcción) aplicaron con éxito los paros cortos. Los médicos de los hospitales se fueron a una huelga exitosa que duró tres días, haciendo a un lado el Contrato de Trabajo. Este ejemplo fue valioso, pues mostró que era posible ganar una huelga sin enredarse en las trabas patronales que el Contrato de Trabajo imponía: que bastaba con la firme unidad, la organización y la decisión necesarias, para triunfar. Luego las enfermeras se disponen a ir a una huelga sin atenerse al Contrato de Trabajo, y triunfan cuando ya estaban en los lindes mismos de la huelga.

El camino está trazado. El proletariado asimila la experiencia

Es así como el 18 de diciembre de 1966 (a dos meses de haber conquistado la jornada de 8 horas) en una histórica Asamblea, los pilotos automovilistas acuerdan luchar por el aumento de salarios. Después de varias gestiones infructuosas en el Departamento Nacional de Trabajo, llega el 17 de enero de 1967, cuando los motoristas de los buses urbanos, que en las acciones por reafirmar su derecho a la jornada de 8 horas recobraron confianza en sus fuerzas, se lanzaron a la huelga por lograr un apreciable aumento de salarios. Una tras otra se fueron paralizando todas las rutas de buses urbanos de la capital y comienza a extenderse la huelga a otras ciudades de la República. Alrededor de 1,600 motoristas se fueron a la huelga. Al tercer día de la huelga triunfa arrolladoramente, obteniendo un aumento del cincuenta y cien por ciento en los salarios (4.00) pagados por las empresas. Es notable que tan rotundo éxito se obtuvo después que la mesa de huelguistas rechazó el dañino acuerdo a que había llegado ya con el gobierno la Comisión Negociadora, encabezada por René Barrios Amaya, consistente en permitir un subsidio provisional del gobierno.

La huelga de motoristas creó rasgos valiosos que después fueron aplicados por otros trabajadores: los autobuses fueron puestos bajo el cuidado de los propios huelguistas que, disciplinados, conscientes y combativos, estaban dispuestos a defender sus derechos y mantener el más estricto orden y disciplina interna.

La Federación Unitaria Sindical (FUSS), organizó la ágil y amplia solidaridad de los sindicatos a ella afiliados, hacia los huelguistas. El Sindicato Gremial de Pilotos Automovilistas es afiliado a ella. El pueblo se volcó generosamente en su favor. Sólo la C.G.S. (Confederación General de Sindicatos) apegada a una tradicional línea separatista se negó a proporcionar la elemental solidaridad. A despecho de esto, algunos sindicatos más sensibles de esta Central (como eran IUSA y MINERVA) proporcionaron su apoyo solidario.

A continuación, el 13 de febrero, la huelga de 1,800 trabajadores de la fabrica IUSA vino a estremecer a todo el movimiento sindical. La directiva de la C.G.S. apegada a moldes de “legalismo a toda costa” trató de evitarla, pero los trabajadores ya no estaban dispuestos a dejarse arrastrar al tortuoso camino de los cánones patronales del contrato de trabajo en el terreno de las huelgas. Las páginas de heroísmo, valor, disciplina, que durante ocho días escribieron los obreros y obreras de IUSA son imborrables. La guardia que día y noche hacían los trabajadores frente a la fabrica, disciplinados y firmes, con garrotes en la mano, era el símbolo del despertar combativo de los trabajadores industriales. La “C. de G.” (“Comisión de Garroteros”), tanto en su sección masculina como femenina, eran la garantía de que la huelga no podía ser quebrantada por rompehuelgas, y que los trabajadores estaban dispuestos -frente a quien fuere- a defender sus derechos. Es cierto que esta huelga no obtuvo todo el éxito esperado, pero ese resultado no se debió a los huelguistas, sino a los dirigentes de la C.G.S. que no quisieron dar la batalla a fondo y prefirieron claudicar y ejercer presión sobre los trabajadores para que aceptaran un mal arreglo, alegando que la huelga podía ser declarada ilegal y que sus contratos individuales podían ser cancelados.

La FUSS proporcionó el mayor apoyo solidario de todas sus organizaciones, en aplicación de sus principios y mostró que, frente a los patronos, la unidad de acción es necesaria; con lo que merecidamente se ganó un sólido prestigio entre los trabajadores de IUSA.

Al siguiente día de terminada la huelga de IUSA, trabajadores de ASEO PUBLICO se fueron a la huelga, asesorados por la FUSS. En esta ocasión, la C.G.S. tampoco proporcionó la solidaridad. Los trabajadores llevaron los vehículos, montaron guardia disciplinada y, al quinto día -25 de febrero- obtuvieron la victoria completa de sus demandas.

¿QUÉ TENIAN DE COMÚN ESTAS HUELGAS? Que estaban fuera de los cánones patronales del contrato de trabajo. Los periódicos comenzaron a llamarlas “huelgas de hecho”. Eran rasgos comunes: la disciplina, la combatividad, la serenidad y la firmeza, así como la iniciativa creadora de los trabajadores. Cada una de ellas aportaba nuevos elementos a la lucha común, enriquecía la experiencia colectiva. Todas ellas mostraban el inapreciable valor de solidaridad de toda la clase obrera, el valor de la unidad proletaria, y el valor del apoyo de todo el pueblo. Cada nuevo triunfo era un triunfo de la clase trabajadora.

Mediante esas luchas los obreros habían hecho ya su propia experiencia en esta modalidad de huelga, como la más apropiada a las condiciones actuales del país, para la lucha por sus reivindicaciones inmediatas, cuando ya se han agotado los medios conciliatorios y existe suficiente organización, decisión y firmeza.

Y así. llegamos al 6 de abril, día en que estalló la huelga de los trabajadores de la Empresa “Acero, S.A.”, cuyos principales accionistas son Antonio y Mauricio Borgonovo, fabrica situada a dos kilómetros adelante de Zacatecoluca: kilómetro 58 de la Carretera del Litoral.

Abramos un paréntesis para recordar la canción de lucha que cantaban los trabajadores de IUSA durante su huelga para elevar su ánimo combativo; canción nacida al fragor de esta batalla de clase:

“CORRIDO A LA HUELGA DE LOS

TRABAJADORES DE I.U.S.A.” (con música de CANANEA)

Hoy les vamos a cantar, lo que sucedió en febrero. Que se fueron a la Huelga, todititos los obreros. (Se repite)

2. En la fabrica la I.U.S.A, los telares se han parado. Los obreros y obreras sus labores han cesado. (Se repite)

3. El patrono intransigente, comenzó a despedir gente. Pero los trabajadores agotaron su paciencia. (Se repite)

4. Hoy reclaman prestaciones, buen salario y trato justo. Y como están bien unidos, alcanzarán un gran triunfo. (Se repite)

5. Ni los fríos ni los vientos, ni maniobras patronales, no pudieron derrotar a las fuerzas sindicales. (Se repite)

6. Todos los trabajadores apoyamos, sin reservas esta lucha decidida, que ha de ser un gran ejemplo. (Se repite)

7. La Federación Textil, la Unitaria Sindical Hicieron causa común, en la lucha proletaria. (Se repite)

“VIVA LA FEDERACIÓN UNITARIA SINDICAL

DE EL SALVADOR

VIVA LA UNIDAD DEL MOVIMIENTO SINDICAL

VIVA LA HUELGA”

En todos los piquetes los huelguistas entonaban esta canción, que en la hora de la madrugada. cuando disminuía la animación, lanzaba al viento el “Coro de los huelguistas” integrado por jóvenes obreras y obreros.

 

III.

LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DEL ACERO

De los 260 trabajadores de esta fábrica, 185 devengaban un salario de 2.40, del cual invertían 0.6O en el transporte de la ciudad a la fabrica, quedándoles efectivamente sólo 1.80 diarios de salario. Estos obreros industriales ganaban menos que los trabajadores del campo en esa misma zona, los cuales tienen 2.50 como salario mínimo durante la temporada en los cortes de algodón. Las condiciones de trabajo en esa fabrica son inhumanas, abundando los accidentes de trabajo, especialmente en las operaciones del manejo de hierro candente frente a los hornos de fundición. El sólo roce de las varillas de hierro al rojo vivo, que salen a gran velocidad de las bocas de los hornos, es culpable de la mutilación de dedos y manos de muchos trabajadores.

Por otra parte, el trato del patrono y especialmente de un alto jefe administrativo (Augusto César Romero) es injusto y cruel. Pero la gota de agua que colmó la paciencia de los obreros, fue el despido injusto de dos trabajadores (Mauricio Saravia Martínez y otro). Y, asimilando la experiencia de las últimas acciones de la clase obrera, los trabajadores del Acero pensaron en la huelga, como recurso supremo; lo que tomó de sorpresa a la dirección de la C.G.S., a que estaba afiliado el sindicato. En la Asamblea del Sindicato, Felipe Antonio Zaldivar, dirigente de la Federación de la Industria de Construcción, Similares y Transporte (FESINCONSTRANS), a la que pertenecía el sindicato, no veía con aceptación la huelga y trató de disuadirla.. mostrando a los trabajadores el cuadro de dificultades que ella les ocasionaría; pero los trabajadores estaban decididos y por unanimidad acordaron ir a la huelga, dándole al patrono un plazo de 48 horas para negociar.

Una vez acordada, Zaldivar les aconsejó que no incluyeran demandas de salarios, pues eso se negociaría “dentro del Contrato Colectivo”. Así, las peticiones se limitaron a: a) transporte, b) expulsión del señor Romero; c) reintegro al trabajo de los 2 trabajadores despedidos. La C.G.S., a través de Zaldivar que era su Secretario de Organización, ya que se vio forzada ante la presión de los trabajadores a aceptar la huelga, quería un triunfo superficial y fácil, vaciándolo de contenido reivindicativo. Los directivos del Sindicato estuvieron en San Salvador al siguiente día, y se entrevistaron con directivos de la FUSS, solicitando orientación.

Estos les dijeron que no era concebible ir a una huelga como ésta sin demandar aumento de salarios, sobre todo en un lugar en donde los trabajadores sufrían salarios tan bajos. Dejar pasar la huelga y esperar a que esos salarios aumentaran en las tediosas negociaciones del Contrato Colectivo seria un gran error. Los directivos del Sindicato se convencieron de esa necesidad y Zaldivar tuvo que aceptar a regañadientes que se incluyera la cláusula de aumento de salarios en un 40%.

LAS LINEAS REIVINDICATIVAS DEL CONFLICTO QUEDARON TRAZADAS.

El patrono se negó a negociar. Pasaron las horas del ultimátum y los trabajadores, en memorable Asamblea celebrada en la noche del 5 de abril, decidieron declarar la huelga y se dirigieron a la fabrica desde la ciudad. El jueves 6 de abril se alinearon frente al portón principal y demás accesos de la fabrica; bloquearon el paso, y desde ese instante nadie pudo entrar ni salir, ni el patrono ni el personal administrativo. Sólo se permitió el ingreso y cambio de turno de las parejas de Guardia Nacional que la empresa solicitó para que cuidara las instalaciones. El cuadro clásico de otras huelgas se repitió: la disciplina, el orden, la combatividad y la firme decisión de triunfar. Se organizaron las comisiones necesarias para sostener la huelga: de abastecimientos, cocina, finanzas, etc.

La FUSS prestó toda su asistencia desde el primer instante. En la reunión última estuvieron delegados de ella, quienes acompañaron a los huelguistas desde el primer momento del conflicto. Los Sindicatos de la C..G.S. también acudieron solidarios. Las diferencias entre los delegados de unos y otros sindicatos se borraban frente al anhelo común de vencer la resistencia patronal.

LA UNIDAD EN LA ACCIÓN NACIA EN EL COMBATE

A la par de esto, el pueblo de Zacatecoluca se volcó a favor de los huelguistas y especialmente las mujeres de los mercados, proporcionaban víveres constantemente. Usulutan y San Vicente también mostraron su apoyo a los huelguistas. Las organizaciones progresistas como “Fraternidad de Mujeres Salvadoreñas”, “Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños”, las asociaciones estudiantiles, frentes y otras organizaciones dieron su apoyo efectivo, organizando colectas entre diversos sectores, especialmente en los mercados, y entre profesionales.

Mientras tanto, la parte patronal, apoyada por toda la burguesía adoptó una posición irreductible: no entrar en negociación, mientras los huelguistas no volvieran a su trabajo: “la huelga es ilegal, decía, es necesario que los trabajadores vuelvan a los carriles del Contrato de trabajo. No negociaremos bajo presión”. La Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) y demás Asociaciones patronales hicieron de la batalla del Acero su propia lucha por obligar a toda la clase obrera a encajonarse dentro de su propia legislación patronal.

Ellos, que a cada instante pisotean los derechos de los trabajadores y violan el contrato de trabajo cometiendo toda clase de arbitrariedades y despidos, pasando sobre las mínimas garantías que las leyes establecen a favor de los trabajadores, se volvieron de repente los más celosos defensores de la legalidad que ellos mismos han anulado a base de injusticias. En boletín publicado en los periódicos del 8 de abril, la ASI -representativa del sector industrial salvadoreño- exige a los trabajadores “respetar la legislación laboral vigente buscando la solución de divergencias en el marco estrictamente jurídico que nuestro contrato de trabajo establece en estos casos”.

Los patronos se movilizan y se deciden a dar una lección a todos los trabajadores en el caso de “Acero, S.A.”. Quieren sentar un precedente para que ningún grupo de trabajadores vuelva jamás a pensar en irse a la huelga de hecho. Eso equivalía a tratar de arrebatarle definitivamente a los obreros el derecho constitucional de huelga, que a través del contrato de trabajo patronal era imposible ejercer.

UNA IMPORTANTE BATALLA ENTRE LA CLASE PATRONAL Y LA CLASE OBRERA, QUEDÓ PLANTEADA.

La ASI plantea las cosas desde un punto de vista irreversible. Están en juego, dice, los principios mismos en que se basa la estructura jurídica del país. Está en juego el principio de la legalidad. Si ésta se desmorona, el ordenamiento jurídico de la República se derrumba; “el abandono del sistema jurídico significa el abandono de la plataforma en que se asienta nuestro sistema democrático y traería como consecuencia indiscutible la incertidumbre y el caos en toda materia”. (Pronunciamiento de la ASI del 8 de abril de 1967).

En declaración del 10 de abril, la misma asociación expresa: “Estamos obligados a reconocer que el respeto a la Ley es norma de conducta de la colectividad”. De tal manera, la ASI eleva el conflicto. del terreno laboral al plan de un problema “vital” para la estructura legal del país. Es necesario aplastar a los huelguistas, para conservar el “principio de autoridad”, el principio de legalidad, fundamento de la vida jurídica del país.

De acuerdo con eso la ASI exigió al Ministro de Trabajo acciones enérgicas contra los huelguistas y envió sus directivos a entrevistarse personalmente con el Ministro de Trabajo para formularle directamente esas exigencias. Este no tardó en obedecer las órdenes de los patronos. El gobierno se decidió a romper la huelga de una vez por todas, y hacer prevalecer el “principio de legalidad” patronal, en importante resolución del Ministerio de Trabajo. poniendo en marcha toda la maquinaria antiobrera prevista por dicho instrumento capitalista.

En la tarde del 12 de abril, frente a la fabrica donde los huelguistas montaban guardia, un delegado del Ministerio de Trabajo leyó la siguiente Resolución:

“DIRECCIÓN GENERAL DEL DEPARTAMENTO NACIONAL DEL TRABAJO: San Salvador, a las diecisiete horas y veinticinco minutos del día diez de abril de mil novecientos sesenta y siete. Habiéndose comprobado suficientemente en autos, que los trabajadores de la Fábrica de Productos Metálicos, propiedad de “Acero, S.A.”, ubicada en el kilómetro 58 de la Carretera del Litoral, jurisdicción de Zacatecoluca, han ejecutado una huelga en contravención a lo dispuesto por el Contrato de Trabajo, a petición del Doctor Ramón Ávila Agacio, en su carácter de Apoderado General Judicial del patrono afectado, esta Dirección General, RESUELVE:

-A) Señalase el plazo de cinco días a los trabajadores de la mencionada fabrica para que vuelvan al desempeño de sus labores en los horarios respectivos.

B) Previénese a los trabajadores en huelga que los contratos individuales de trabajo que les vincula a la Sociedad “Acero, S.A.”, terminarán sin responsabilidad patronal si vencido el plazo que se señala en esta resolución, no se hubieren presentado a reiniciar sus labores.- CHAVARRIA, A.- ANTE MI: M. A. Lazo, Srio.

RUBRICADAS. –

De esta manera, LA SUERTE ESTABA ECHADA, LA CONFRONTACIÓN DE LOS TRABAJADORES CON LOS PATRONOS Y EL GOBIERNO SE VOLVIÓ INEVITABLE.

 

IV. 

UNIDAD DE ACCIÓN

Cuando en esa memorable tarde del miércoles 12 de abril el delegado del Ministerio de Trabajo notificó a los huelguistas el “plazo fatal” (como lo calificó un periódico) la situación tomó definitivamente el rumbo

hacia una abierta confrontación obrero-patronal.

Los obreros del Acero, formados frente a la fabrica, realizaron Asamblea General, y en medio de gran indignación causada por la acción patronal del Ministerio, reafirmaron unánimemente su decisión de continuar la huelga hasta morir o triunfar. He aquí las decisiones adoptadas en esta histórica Asamblea:

“Ante tan incalificable atropello que constituye el fallo dado por el Ministerio de Trabajo, en contra de

los que estamos ejerciendo el derecho de huelga plenamente reconocido por la Constitución de la República. ante la negativa patronal de satisfacer las justas demandas que hemos planteado, los trabajadores de la Fábrica de ACERO S.A., reunidos en la Asamblea General Extraordinaria el miércoles 12 de los corrientes, por unanimidad ACORDAMOS: a) Rechazar la Prevención hecha por el Ministerio de Trabajo que pretende lanzarnos a la desocupación y condenar a nuestras familias a la miseria y el hambre; b) No ingresar a trabajar a la fabrica ni permitir el ingreso de ninguna persona, el próximo lunes 17 de los corrientes, que termina el plazo señalado por el Ministerio de Trabajo: c) Responsabilizar al Ministerio de Trabajo, al Gobierno y a la Asociación Salvadoreña de Industriales, (ASI), de los sucesos que puedan ocurrir a la entrada de la fabrica

ACERO, S.A., el próximo lunes y; d) Solicitar a todas las Organizaciones Sindicales del país su respaldo moral económico y material, en vista de que el fallo mencionado lesiona gravemente nuestro conflicto de huelga y los derechos fundamentales de los trabajadores salvadoreños. en defensa de esta lucha que estamos desarrollando, hasta alcanzar el triunfo total de la huelga.”

Los patronos y el gobierno, al decidirse a aplastar a los obreros del Acero, querían aplastar el derecho constitucional de huelga de todos los trabajadores, pero al hacerlo, menospreciaban la fuerza de la solidaridad del movimiento sindical.

Durante años la patronal, el gobierno y el imperialismo han fomentado profunda división en el movimiento sindical; han gastado millones de dólares en ello. En ese tiempo han lanzado a la cárcel y al destierro a millares de activistas sindicales, y ya creían que era imposible que la clase obrera se uniera para contestar unida a esta agresión gubernamental-patronal a sus derechos constitucionales.

Pero los obreros del Acero no estaban solos. En su defensa coincidían todos los sindicatos del país, independientemente de su afiliación sindical. La solidaridad que en las anteriores huelgas y en ésta se había llevado a cabo sin acuerdos previos entre los sindicatos de distintas centrales sindicales, solidaridad que la FUSS había impulsado y organizado, había hecho madurar condiciones para alcanzar una nueva calidad.

Y, en aquel momento crucial. en aquel ambiente de firme y decidido rechazo de los huelguistas al ultimátum del Ministerio de Trabajo, después de haber sido aprobadas tales resoluciones, un representante de la Federación Unitaria Sindical de El Salvador, ante la Asamblea que estaba pendiente de sus palabras, en nombre de la FUSS y de acuerdo con sus principios unitarios, propuso solemnemente a la CGS, hacer un pacto de unidad de acción en defensa de los trabajadores del Acero y del derecho constitucional de huelga: “Tenemos diferencias de diversa índole, dijo, pero como trabajadores tenemos intereses fundamentales comunes. Frente a la patronal debemos estar unidos y dar las batallas juntos. Si no nos unimos, los obreros del Acero serían derrotados y el derecho constitucional de huelga de todos los trabajadores del país será liquidado por la clase patronal y el gobierno que la representa”.

Los trabajadores huelguistas recibieron con entusiasmo la propuesta de la FUSS y se aprestaron a escuchar la respuesta de los representantes de la C.G.S. Estos, al tomar la palabra dijeron que la C.G.S. no estaba dispuesta a llevar a cabo la unidad con la FUSS “porque tenemos hondas diferencias”. El brutal rechazo de la unidad, en un momento tan solemne, retrató de cuerpo entero la clásica orientación separatista que siempre había aplicado la dirección de la C.G.S., y provocó el descontento agudo entre las filas de los huelguistas quienes a continuación, tomaron el importante acuerdo de pedir a la FUSS y a la C.G.S. que se unieran en esta eventualidad y encomendaron a la Junta Directiva del Sindicato reunirse inmediatamente con los representantes de la C.G.S. y de la F.U.S.S., por separado para trasladarles oficialmente la petición de la Asamblea.

Mientras la Junta Directiva del Sindicato se reunía en un rancho, a la vera del camino, con los delegados de la C.G.S., los de la FUSS adelantaban los preparativos, elaborando el proyecto del pacto de unidad que deberían firmar ambas centrales. Al terminar su reunión con los delegados de la C.G.S., los directivos del Sindicato manifestaron a los delegados de la FUSS: “la C.G.S. rechaza la unidad y nos amenaza con que si seguimos insistiendo en ella, nos abandonará. Nos dicen que escojamos entre ustedes y ellos. En momentos como los que estamos pasando, no podemos permitir que ellos nos abandonen y les hemos dicho que seguiremos con ellos, porque sabemos que la FUSS no nos abandonará; pues ya conocemos su línea unitaria que hemos comprobado en la práctica en estos días.”

Los representantes de la FUSS contestaron que ésta en ninguna circunstancia abandonaría a los compañeros del Acero y que, al contrario, desde ese momento intensificaría más aún sus acciones de solidaridad y que pediría a los sindicatos que las reforzaran. Que no estaba la FUSS disputando en ningún momento la dirección de la huelga ni del Sindicato, pero que si proponía la unidad de acción de las dos centrales era porque esto haría más eficaz la lucha en defensa de los trabajadores huelguistas. En un momento como éste, sólo la gran fuerza unida de los trabajadores puede impedir que la patronal y el gobierno consumen su propósito de arrebatarnos el derecho de huelga y puntualizaron:

“Si los directivos de la C.G.S. siguen rechazando la unidad, cometen contra ustedes y contra todo el movimiento sindical una traición más que en el caso de IUSA, y ello repercutiría profundamente en sus bases sindicales”. Para finalizar, se mostró a los directivos del Acero el proyecto de pacto de unidad que había preparado la FUSS. La noche pasó en un ambiente de frustración.

A las 9 de la mañana siguiente, los representantes de la FUSS que se encontraban en el lugar de la huelga, fueron notificados de que la Junta Directiva de la C.G.S. se había reunido de emergencia en esa misma mañana y que había acordado cambiar de actitud y aceptar la propuesta de la unidad de acción formulada por la FUSS. Se concertó una reunión de los Directivos de la C.G.S. y de la FUSS en Zacatecoluca para esa misma tarde, para formalizar el pacto de unidad y elaborar los planes de acción unida.

Por la tarde, en histórica Asamblea celebrada a campo abierto en un predio frente a la fábrica, los directivos de ambas centrales dan a conocer a los huelguistas su decisión de unir sus acciones en su defensa y por el derecho a huelga; “frente a la unidad de la patronal los trabajadores respondemos con la unidad del movimiento sindical. El triunfo de esta batalla está asegurado, compañeros”, decían casi todos los que intervinieron. La emoción embargaba a todos los presentes, en ese instante memorable, y los huelguistas que tomaron la palabra juraron que si se llegara el caso, primero se pasaría sobre sus cadáveres pero que no se lograría derrotar la huelga.

Uno de los huelguistas, dijo: “en el futuro se ha de levantar en este predio una placa que haga recordar el sitio donde el movimiento sindical se unificó para defender sus derechos”.

Los directivos de ambas centrales y del Sindicato se trasladaron a Zacatecoluca a formalizar el compromiso de unidad y a elaborar los planes de acción común. Se elaboraron dichos planes y al finalizar la reunión se acordó el texto definitivo, firmado por los directivos, del comunicado público en que se daba a conocer la unidad de acción de las dos centrales:

“LA CONFEDERACIÓN GENERAL DE SINDICATOS (C.G.S.) Y LA FEDERACION UNITARIA SINDICAL DE EL SALVADOR

(F.U.S..S.), en nombre y representación de sus organizaciones sindicales afiliadas, se dirigen al Pueblo Salvadoreño en general y a la clase trabajadora en especial, para definir públicamente su posición de lucha, frente a la ofensiva patronal que pretende quebrantar a toda costa la heroica lucha de los trabajadores de la fábrica de “Acero, S.A.” y que constituye un intento reaccionario de privar a los trabajadores del país del Derecho de Huelga, plenamente reconocido por la Constitución Política, de encadenarlos a la estricta observación de las disposiciones del Código de Trabajo, que ha probado ser un instrumento patronal e inoperante. La C.G.S. y la FUSS están proporcionando su apoyo decidido al movimiento de huelga de los trabajadores de “Acero S.A.”, porque sus demandas tienen como objetivo alcanzar mejores condiciones de trabajo y de vida. Sobre todo, un trato digno y humano.

La prevención hecha por el Ministerio de Trabajo a los trabajadores de la fábrica “Acero, S.A.”, tienen el propósito de anular definitivamente sus aspiraciones de mejoramiento y persigue, además, la negación absoluta de un derecho fundamental de los trabajadores: EL DERECHO DE HUELGA.

En consecuencia, la C.G.S. y la FUSS hacen responsables, desde ya, al Ministerio de Trabajo, al Gobierno de la República y a las Asociaciones patronales, de los hechos y acontecimientos que puedan sobrevenir el próximo lunes 17 de los corrientes en la fábrica de “Acero, S.A.”.

POR TANTO; ACUERDAN:

I- Unir las fuerzas de ambas Centrales Sindicales en defensa de los trabajadores de Acero, S.A.” y por el triunfo total de su movimiento de huelga;

II- Unir las fuerzas de ambas organizaciones en defensa del Derecho Constitucional de Huelga, que es amenazado seriamente por la clase patronal, y por las decisiones tomadas últimamente por el Ministerio de Trabajo;

III- Preparar y ejecutar conjuntamente un plan de acción dirigido a asegurar el triunfo de la justa lucha de los trabajadores de “Acero, S.A.”, y para garantizar el ejercicio pleno del Derecho Constitucional de Huelga.

San Salvador, 13 de abril de 1967”.

LAS FUERZAS ESTABAN ALINEADAS: por un lado todas las asociaciones patronales respaldando a “Acero, S.A.”, ayudadas activamente por el gobierno, y por el otro, prácticamente todo el movimiento sindical del país en unidad de acción a través de las dos grandes Centrales Sindicales.

¿Qué factores habían motivado el cambio de conducta de la C.G.S.? ¿Por qué apoyaron la unidad ellos, cuyo signo básico ha sido la división? Veamos algunas de estas razones:

Es evidente que la correcta y constante aplicación de la línea de unidad de la FUSS, al calar en las propias bases de la C.G.S.. había hecho madurar condiciones para la unidad de acción. La dirección de la C.G.S. no podía ya en un momento así hacerse simplemente la desentendida: si rechazaba de plano la unidad, quedaría en evidencia ante sus propios afiliados y eso le hubiera causado un daño irreparable, mayor aún que el que le causó su conducta en el caso de la IUSA. Porque la línea unitaria aplicada por la FUSS, acorde con los intereses de los trabajadores, tiene dos aspectos inseparables:

a) Unidad de todos los trabajadores en la lucha por las reivindicaciones de la clase obrera, b) Lucha contra las malas acciones de la dirección de la C.G.S. que menoscaben los intereses de los trabajadores. Lo primero había desbrozado el terreno para las acciones unidas, y lo segundo, había elevado la conciencia y la claridad ideológica en las propias bases de la C.G.S.

2) La directiva de dicha Confederación se vio ante la fuerte y directa presión de los huelguistas y ante la creciente presión de una gran parte de sus propios sindicatos, en donde las bases combaten abiertamente las acciones inconsecuentes de la dirección cegesista, al grado de que varios de estos sindicatos expresan cada vez más abiertamente su anhelo de hacer la unidad con la FUSS o de afiliarse a ésta.. En tal sentido, sus propias bases obligaron moralmente a la dirección de la C.G.S. a aceptar la acción unida.

3) Y esto sucedía en una coyuntura política especial en un momento en que se habían agudizado mucho las contradicciones en el seno del gobierno y del partido oficial, y las camarillas gobernantes salientes y entrantes luchaban a brazo partido por sus posiciones políticas en el futuro gobierno. Estas contradicciones en el seno de las clases dominantes fueron aprovechadas por el movimiento unitario para unir las bases sindicales en la acción común contra la patronal, que quería asestar un golpe mortal a los derechos de huelga, vale decir, arrebatarle, los medios de luchar por sus derechos. Tal es el contenido estratégico de esta acción de unidad.

Esta unidad tenía un rasgo característico: no había sido lograda por conciliábulos ni cabildeos entre los dirigentes, sino frente a las masas y por la acción directa de las bases sindicales. Era una unidad de una nueva calidad, nacida al calor de la lucha reivindicativa.

 

V. 

PRIMERA CONFRONTACIÓN ABIERTA: 

LAS FUERZAS OBRERAS Y PATRONAL-GUBERNAMENTALES ESTABAN FRENTE A FRENTE

Ambas centrales iniciaron sus acciones públicas con los mítines de San Salvador (viernes 14 de abril) y Zacatecoluca (domingo 16 de abril) en los que proclamaron la unidad y la decisión de luchar por los objetivos ya indicados. Se hicieron los preparativos para afrontar lo que sobreviniera el lunes 17 cuando el gobierno a través de la fuerza pública trataría de imponer la decisión del Ministerio de Trabajo: “Estamos

dispuestos a enfrentar con nuestras vidas los intentos de romper la huelga por la fuerza. No dejaremos que obliguen a los huelguistas a regresar al trabajo, ni permitiremos que entren rompehuelgas. Si para ello es necesario enfrentarnos a cualquier autoridad, lo haremos. Que pasen sobre nuestros cadáveres si pueden. La responsabilidad por cualquier derramamiento de sangre caerá sobre el gobierno y la patronal”, tales expresiones, contenidas en casi todas las intervenciones de plaza pública, en la Asamblea sindical y frente a los huelguistas, expresaban apropiadamente el estado de ánimo de amplias masas de obreros sindicalizados.

Y, por primera vez, en la actual etapa del movimiento sindical, se levanta un gran movimiento de solidaridad activa entre los directivos y activistas sindicales de ambas centrales. Ya no se trata de ayudar sólo económica y moralmente: se trata de dar la sangre si es necesario en las trincheras de la huelga, en defensa de los derechos comunes. La cita de honor estaba a 58 kilómetros de la Capital, a orillas de la Carretera del Litoral, frente a la fábrica de Acero, para reunirse el lunes 17 de abril, a las 6 de la mañana, con sus hermanos huelguistas, para dar con ellos esta batalla.

En San Salvador, Santa Ana, San Miguel, La Unión, Acajutla, a todo lo largo del territorio nacional, los directivos y activistas se preparan a la Marcha de Solidaridad. La mística de la lucha proletaria prende en la conciencia sindical y surge un nuevo tipo de “Romería”:

“A LA FABRICA DE ACERO”, es el grito de combate en el movimiento sindical.

Las primeras decenas de directivos y sindicales de ambas centrales se quedaron con los huelguistas desde el mediodía del domingo 16 de abril al terminar el mitin conjunto celebrado en la Concha Acústica del Parque Peña, Parque Central de Zacatecoluca. Durante la tarde y las primeras horas de la noche, creció la afluencia masiva de trabajadores que llegaban de distintos lugares del país, en los propios buses de los sindicatos o en el servicio ordinario de buses. La noche fue una verdadera y fervorosa concentración de la confraternización proletaria. Los obreros y obreras de ambas centrales, venidos de uno a otro confín del país fraternizaban con los huelguistas. Se canta a coro los “corridos” dedicados a la Huelga de IUSA y a la Huelga del Acero, surgidos en la intensidad de los combates de clase. El tiempo volaba y a cada momento se consultaba los relojes para saber cuántas horas iban quedando para el momento de la confrontación obrero-patronal, fijada entre las 6 y 7 de la mañana, cuando expiraba el ultimátum dado por el Ministerio de Trabajo.

A media noche, por la carretera se deslizaba rauda la “Gran Caravana de la Solidaridad con los huelguistas del Acero”, organizada por la FUSS. A las 2:30 de la madrugada del lunes, los huelguistas y demás trabajadores allí concentrados se sintieron electrizados de entusiasmo cuando, a lo lejos, sobre la carretera se oyó el ensordecedor sonido de las bocinas de unos veinte vehículos -pick-ups, camionetas, automóviles y motos- llenos de obreros que integraban la Gran Caravana de Solidaridad de la FUSS. La carretera se llenó del desfile de luces de los vehículos que se acercaban a gran velocidad, y se comenzó a oír la voz de potentes altoparlantes que anunciaban: “Aquí viene la Gran Caravana de Solidaridad de la FUSS con nuestros hermanos trabajadores de Acero. No están solos, compañeros! Unidos todos los trabajadores, derrotaremos a la patronal! Viva la huelga de los Trabajadores del Acero!” Y porras improvisadas sacudían el ambiente con el rítmico estribillo: “Somos los de la FUSS, que venimos a apoyar, la Huelga del Acero, que tiene que triunfar...”

La llegada de la Caravana de Solidaridad fue la culminación de esa noche de fraternización combativa. El

entusiasmo subió a nivel indescriptible: unidos en sólido abrazo fraternal, los trabajadores de distintas tendencias sindicales, solidarizados con los huelguistas, se daban cuenta de su gran fuerza. A petición de los huelguistas, la “Gran Caravana de Solidaridad de la FUSS” fue a dar un recorrido a las 3 de la mañana por la calles de Zacatecoluca, anunciando con sus parlantes y con el sonido de las bocinas, que trabajadores de todo el país llegaban a reforzar a los trabajadores del Acero, dispuestos a dar la batalla contra la patronal.

Al regreso de la Caravana, la directiva de la C.G.S., de la FUSS y del Sindicato, se reunieron para tomar las providencias necesarias a fin de enfrentar cualquier eventualidad que sobreviniere como resultado de la decisión del gobierno expresada en el ultimátum puesto a los huelguistas. Se acordó crear el Comando de Huelga Tripartito, para que desde ese momento tomara a su cargo las medidas respecto a la Huelga del Acero: fueron nombrados por la Directiva de la C.G.S. Rafael Rodríguez González y Felipe Antonio Zaldivar:

la Directiva de la FUSS nombró a los compañeros Julio César Castro Belloso y Salvador Cayetano Carpio y la Directiva del Sindicato nombró a los compañeros Gonzalo Ramírez Perdomo y Emiliano Pérez Renderos. Inmediatamente este Comando tomó las medidas apropiadas para reforzar todos los accesos a la fábrica, que tiene un perímetro considerable: distribuyó las fuerzas y dio las instrucciones necesarias a los piquetes para enfrentar la situación en caso de que las fuerzas públicas quisieran hacer penetrar rompehuelgas o despejar la zona de huelguistas.

Mientras tanto, los efectivos de la Guardia Nacional fueron considerablemente reforzados y algunos grupos colocados en posición estratégica, frente a la entrada principal de la fábrica y en los accesos laterales. El ambiente se cargó de la tensión que precede a las batallas. Cerca de las 6 de la mañana, los directivos de ambas centrales, el Comando de Huelga y los centenares de directivos y sindicalistas, así como el respectivo piquete de huelga, formaron en apretadas filas frente a la entrada principal, dispuestos a todo, esperando la finalización del ultimátum gubernamental. El ejército proletario estaba dispuesto a defender sus derechos, listo a ofrendar con su sangre el derecho a huelga.

Dieron las 6 de la mañana y la Guardia Nacional no dio muestras de tener inmediatas intenciones de atacar a las filas de trabajadores. Cerca de las 7 a.m., frente a la formación de los sindicalistas, pasó un vehículo del Ministerio de Trabajo que se detuvo a corta distancia. En el mismo llegaba un Delegado del Ministerio de Trabajo. Se quedó contemplando la formación de trabajadores, conversó un momento con los Guardias nacionales y se retiró sin intentar la menor notificación.

La tensión disminuyó paulatinamente. Se tenía la sensación de que la batalla había sido ganada. Que en esta primera confrontación con la patronal, el triunfo había sido de la clase obrera. En efecto, el movimiento sindical había obtenido en esta lucha su primera gran victoria. El ultimátum había terminado y los huelguistas seguían en sus puestos: LA HUELGA CONTINUABA.

Ante la firme decisión de los trabajadores de defender su derechos a huelga, el gobierno había tenido que desistir de sus intentos de imponer su determinación. Una acción de fuerza de su parte, hubiera significado atropellar y matar obreros de distintos sindicatos de toda la República. El problema nacional que eso hubiera ocasionado habría sido demasiado grande. Los trabajadores pudieron tener una comprobación práctica de la fuerza que genera su unidad.

 

VI. 

GOBIERNO Y PATRONAL TRATAN DE ROMPER LA UNIDAD

Se había ganado un combate, pero todavía no estaba ganada la lucha emprendida en esta eventualidad. LA

CLASE PATRONAL NO ESTABA DISPUESTA A CEDER EN SUS POSICIONES BÁSICAS. Quería derrotar la huelga a toda costa, si no lo había logrado por un medio, era preciso hacerlo con otra táctica; por el desgaste físico de los huelguistas y por la ruptura del frente de unidad sindical.

Los trabajadores del Acero tenían ya, a estas alturas. cerca de un mes de no recibir ni un centavo para llevar a sus hogares; pues ni siquiera habían recibido el salario de la quincena que estaban terminando cuando se inició la huelga. La situación de los niños y compañeras de los huelguistas era cada vez más dura. La fortaleza de los trabajadores era verdaderamente ejemplar, pero no era difícil prever que con la indefinida prolongación del conflicto podía llegar un momento en que su situación hogareña comenzara a pesar en su estado de ánimo. Bien es cierto que no existía peligro de que se agotara el abastecimiento para los huelguistas, pues la ayuda sindical y popular era efectiva y hubiera podido tener asegurado indefinidamente el sustento, a través de la olla común establecida desde el principio; pero esa ayuda no abarcaba a sus familias. Claro, que la patronal también perdía considerablemente con cada día que duraba la huelga, pero sintiéndose plenamente apoyada por todas las asociaciones patronales del país, y con la evidencia de que el gobierno era su sólido apoyo y representante, seguía acariciando la esperanza de derrotar a los huelguistas.

Después de la terminación del infructuoso ultimátum ministerial a los huelguistas, Borgonovo se siguió negando empecinadamente a entrar en negociaciones.

Hasta ese momento ni una sola plática de negociación había querido efectuar. Mientras tanto, la prensa nacional trataba de restar importancia al conflicto, ocultando al pueblo las noticias. El Comando de Huelga Tripartito evaluó la situación y decidió tomar medidas ágiles para sacar al conflicto de este punto muerto. Era necesario obligar a la empresa a negociar. Por otro lado. el Ministerio de Trabajo se había inutilizado a sí mismo como organismo que podía promover negociaciones en este caso, ya que con su fracasado ultimátum había dicho su última palabra: “el Ministerio ya no tiene nada que hacer en el conflicto, dijo a la Prensa un funcionario de ese organismo, ahora el caso corresponde a las fuerzas de seguridad”.

El Comando de Huelga decidió agilizar las gestiones: por un lado, envió repetidas delegaciones a la prensa y a la radio para romper la conspiración del silencio que se había establecido; por otro lado, exigió a la Presidencia de la República su intervención frente a la patronal para que ésta se obligara a negociar. En cuanto a las negociaciones, el acuerdo tomado por el Comando fue: la Junta Directiva del Sindicato es la encargada de negociar y firmar los acuerdos a que se llegue; el Comando asesorará a través de dos de sus miembros: Felipe Antonio Zaldivar y Julio César Castro Belloso, los cuales acompañarán a la Comisión Negociadora a donde quiera que ésta vaya. Si en algún lugar no se permitiere entrar a los miembros del Comando, éstos quedarían en la puerta para cualquier consulta que quieran hacer los compañeros negociadores y para expresar el respaldo efectivo que las dos centrales prestan a los representantes del Sindicato. En cuanto a un acuerdo, sólo la Asamblea General del Sindicato es la que tiene la última palabra: será ella quien acuerde y ratifique cualquier resolución.

Se solicitó audiencia a Casa Presidencial, pidiendo que el Presidente de la República tomara cartas en el asunto. Éste, en vista del giro que iban tomando los acontecimientos, decidió intervenir personalmente; perosu estrategia era sumamente peligrosa: por un lado trató de iniciar conversaciones con Borgonovo para ver hasta donde estaba dispuesto a transar, y por el otro inició maniobras tendientes a romper el frente de unidad sindical, se trasladó a Zacatecoluca y sus gestiones con la patronal no tuvieron avances apreciables para la correcta solución del conflicto; citó a los trabajadores al Cuartel del Cuerpo de Ingenieros de las Fuerzas Armadas y, poniendo en práctica un plan para separar de las dos centrales a los huelguistas, no quiso permitir que junto a los Directivos del Sindicato entraran los miembros del Comando que les acompañaban. Pero ya, frente a los directivos, trató de presionarlos y asustarlos para ablandar su firme actitud. En esta ocasión, además de las conocidas frases anticomunistas, el Presidente llegó hasta lo ridículo al decir que temía que su mamacita “fuera secuestrada por los huelguistas”, provocando la hilaridad en el país entero.

Luego, puso en marcha el peligroso plan de ruptura de la unidad del movimiento sindical: movilizó al grupo de René Barrios Amaya que está incrustado en la directiva del Sindicato de Pilotos Automovilistas, y a través de ese grupo y del mayor Ramiro Ortega, Jefe de la Guardia Nacional en ese Departamento, se lanzó desenfrenadamente a la tarea de apartar de las dos Centrales a la Directiva de los huelguistas.

René Barrios Amaya, persona de mucha confianza del Coronel Rodezno, Director General de la Policía Nacional, era en ese momento la carta de triunfo de Rivera en su plan por romper la unidad del movimiento sindical. Sus antecedentes inmediatos le abonaban de sobra para ello.. Bajo la dirección de Barrios el Sindicato Gremial de Pilotos Automovilistas se había ido alejando manifiestamente de la FUSS, sobre todo, después de la huelga de motoristas en enero. En esa huela, la influencia que la FUSS tenía en la base del Sindicato de Pilotos Automovilistas permitió que éste rechazara el acuerdo a que ya había llegado Barrios con el gobierno respecto a darle una solución desfavorable al conflicto de motoristas, aceptando un subsidio que Rivera proponía dar provisionalmente a los pilotos. Ese rechazo al acuerdo de Barrios con Rivera, el 18 de enero, fue la base para que el gremio de motoristas obtuviera una victoria en su huelga el 19 de enero, obligando a la empresa a aceptar el pago directo de los doce colones por jornada ordinaria.

Poco después, el 24 de febrero, cuando ya Barrios había logrado alejar a su Sindicato de la FUSS para estar más libre de seguir las indicaciones del gobierno, condujo a ese gremio a una “huelga” que terminó 24 horas después de una “tregua” que permitió a la patronal pasar a la ofensiva y permitió al gobierno -con el pleno consentimiento de Barrios- militarizar a los motoristas quienes, debido al contubernio de ese directivo con los militares, durante varios meses fueron extraídos de la jurisdicción laboral, se les sometió a los tribunales militares, y al directo mando de los mismos. En ese período sufrieron vejaciones increíbles: eran enviados por cualquier pequeña falta de tipo laboral a barrer los cuarteles o a las bartolinas de los mismos. Con esa acción de Barrios con los militares, se sentó un funesto precedente para toda la clase trabajadora perjudicándola.

Barrios se había caracterizado durante los últimos meses por elogiar desmedidamente al Presidente Rivera ante los trabajadores, como el gobernante que “comprendía los intereses y aspiraciones de los trabajadores”, como el “amigo” de la clase obrera. Desde enero, se convirtió en el corifeo de Rivera. Nada más fácil para éste que tratar de romper la unidad del movimiento sindical a través de esta persona y de su pequeño grupo, que se había convertido en abierto instrumento del gobernante. Y eso hizo Rivera.

Cuando la huelga del Acero había llegado a sus etapas culminantes, Barrios se mostró de acuerdo con las medidas de solidaridad, incluso fue el Sindicato de Pilotos Automovilistas el que proporcionó los vehículos para la “Gran Caravana de Solidaridad de la FUSS” y participó en ella en forma destacada. Por cierto, muchos directivos sindicales precavidos veían con cierta prevención este repentino acercamiento de Barrios a la FUSS y presentían cualquier jugada peligrosa del gobierno. Sin estar programado en el mitin del Parque Libertad, Barrios intervino y en su discurso se mostró el más “dispuesto” en ir a la huelga general si el caso lo hiciere necesario. En la Asamblea de Sindicatos de la FUSS, celebrada el sábado 15 de abril, fue el delegado de Pilotos, Guinea, el más insistente en que se tomara el acuerdo de huelga general (que debería ser, declarada, TOTAL desde el primer momento), pero ya en la siguiente reunión vino lo que ya se esperaba: la puñalada al movimiento sindical. Barrios y Guinea, como por arte de magia, habían cambiado totalmente y se opusieron a la misma, al principio con el pretexto de que deberían de ser ellos quienes eligieran “el día y la hora de entrar a la huelga” y, luego, ya abiertamente y sin ambages, se opusieron categóricamente a la misma, tratando de romper la unidad y la decisión de los trabajadores. Y no es casual que este viraje coincidiera con los momentos en que Rivera inició su plan de división y ruptura del frente unitario sindical.

En dicha Asamblea quedaron totalmente aislados, pero lograban su propósito de separar al Sindicato de Pilotos de la Huelga General. Indudablemente que la defección de este sindicato era un duro golpe, pero no irreparable. Logrado este éxito inicial, el gobierno dio encargo a ese grupo para que tratara de separar a la Directiva del Sindicato de Trabajadores del Acero de la unidad con las dos Centrales. Esto estaba concebido como el golpe de gracia del gobierno, como la jugada magistral: con ello se hubiera roto el espinazo a la acción de unidad y se hubiera derrotado a la huelga general antes de su estallido. Pues, si los compañeros del Acero, eventualmente hubieran rehusado la solidaridad de todo el movimiento sindical organizado a través de las dos centrales, de hecho, tales acciones de solidaridad, incluyendo la huelga general -que en esos momentos apenas era una posibilidad- no se hubieran podido realizar; hubiera caído por su propia base.

En consecuencia, el movimiento habría sido derrotado, y los compañeros del Acero habrían sido llevados a un arreglo -estrictamente palaciego- y habrían sido entregados por el gobierno en manos de la patronal. Tal era la esencia de tan peligrosa maniobra contra la huelga de los trabajadores del Acero, la más peligrosa de cuantas se intentaron en el transcurso de la misma. Y en esa maniobra patronal-gubernamental, René Barrios Amaya, con arrogancia y audacia, jugó el papel principal.

Como a las 15 horas del día 19 de abril llegó al lugar de la huelga y se ofreció a la Directiva del Sindicato de Trabajadores del Acero como mediador de Rivera. Se presentaba como el “único que podía resolver ante el Presidente el problema”, porque era a quien Rivera aceptaba como “Mediador”. Para facilitar su tarea, trató de desprestigiar a la FUSS diciéndoles que tanto ésta como la C.G.S. “los están engañando” y que no se estaba haciendo nada por resolver el conflicto. Que él les llevaría a Casa Presidencial y que todo “se resolvería” inmediatamente. El golpe de audacia le dio un éxito inicial: algunos directivos del Acero vacilaron, y no rechazaron categóricamente el ofrecimiento. Barrios Amaya se retiró prometiéndoles regresar con la respuesta presidencial.

A media noche Barrios regresó, con Arturo Guinea y Quintanar para llevar a los directivos del Sindicato a Casa presidencial, haciendo a un lado a las dos centrales sindicales. “El Señor Presidente les espera, dijo, mediante nuestra mediación ya todo está listo para ser resuelto esta misma noche”. Guinea les dijo que incluso ya estaba redactado el acuerdo final. Dos vehículos -uno de los cuales era de Barrios- estaban listos para llevarse a los directivos del Sindicato junto a los tres emisarios.

Hubo alarma en la base de huelguistas frente a la obscura maniobra que se estaba tratando de realizar.

El Comando de Huelga se reunió con la Junta Directiva y le hizo ver que tales personas lo que deseaban era romper la unidad, por encargo del gobierno. “Quienes han traicionado el frente de unidad, son los menos autorizados para tratar de mediar en la solución del conflicto”, se les dijo. Y allí mismo, frente a los huelguistas que se arremolinaban alrededor, se llevó a cabo un debate con los “Emisarios de Rivera”, desenmascarando a fondo su maniobra.

Uno de los miembros del Comando dijo a Barrios Amaya: “qué triste papel está desempeñando usted. Después de traicionar la unidad forjada en apoyo de los trabajadores del Acero, está tratando de romperla definitivamente para entregar en manos del gobierno y de los patronos a los trabajadores del Acero”. El replicó tratando de impresionar a los huelguistas diciendo que “ustedes están engañando a los trabajadores del Acero”, diciéndoles que los trabajadores estaban dispuestos a apoyarles incluso con una huelga general, la que era imposible llevar a cabo con sindicatos “fantasmas” y mal “organizados”.

Con gran desprecio dijo que no valía la pena ir a una huelga general por la defensa de los 260 trabajadores Se le contestó que frente a la patronal, que quería aplastar a los trabajadores del Acero y frente a la necesidad de defender el derecho constitucional de huelga, los trabajadores estaban decididos a utilizar todos los recursos y que “será el tiempo el que dirá quién tiene la razón: si aquellos que no tienen fe en el movimiento sindical y andan empeñados en hacerle el juego a los enemigos de la clase obrera, o los que tienen confianza en la capacidad de ésta de luchar por sus derechos”.

Los directivos del Sindicato rehusaron categóricamente irse con Barrios a Casa Presidencial. Desde ese momento, LA PELIGROSA MANIOBRA DEL GOBIERNO ENTRABA EN FRANCA DERROTA.

Barrios Amaya, Guinea y Quintanar regresaron a Zacatecoluca, donde el Mayor Ortega les esperaba para saber el resultado de la maniobra. Al ver que la misión de los “Emisarios de Rivera” no había dado resultado, el Mayor Ortega decidió ir él mismo en busca de los directivos al escenario de la huelga y llegó, precisamente. en uno de los carros que había llevado Barrios Amaya. Les dijo que les llevaría a Casa Presidencial. Era la una de la madrugada. El Jefe de la Guardia se negaba a permitir que los miembros del Comando acompañaran a la Comisión Negociadora, pero éstos lograron acompañarles. Uno de ellos, siguiéndolos en motocicleta.

Por el camino quedó a la vista el oscuro contubernio entre el Mayor Ortega y Barrios Amaya. Este esperaba el regreso de su mayor a la altura de Zacatecoluca; vio pasar la comitiva, y luego, se adelantó para llegar antes a la Casa Presidencial. Cuando la Comisión Negociadora pasó al salón Presidencial, se impidió la entrada a los miembros del Comando. los que se vieron forzados a quedarse en la puerta; pero Barrios Amaya ya estaba adentro, bajo el ala protectora del Presidente Rivera, quien trató de que los directivos aceptaran que su protegido participara en las discusiones. Los directivos se negaron categóricamente a permitir la participación de Barrios. Sin embargo, Rivera lo mantuvo dentro de la sala.

En la práctica quedó clara toda la maniobra: no se había llamado a la Comisión Negociadora para solucionar el conflicto, pues la patronal ni siquiera se presentó; ni había, de parte del Presidente ni de sus funcionarios, ninguna propuesta de solución. Además del esfuerzo presidencial por romper la unidad de la directiva con las dos centrales, todo se limitó a redactar en mejor forma las demandas. Todo quedó claro: Rivera, Francisco José Guerrero y el viejo grupo de gobierno. utilizaban a René Barrios Amaya, en sus maniobras dentro del movimiento sindical. En la lucha de camarillas gubernamentales, Barrios, estaba al servicio del grupo Rodezno. Francisco José Guerrero y compañía.

Mientras, por el otro lado, era un hecho que los directivos de la C.G.S. se habían distanciado de ese grupo gubernamental, acercándose al equipo de Sánchez Hernández que parecía ser el que les prometía más futuro dentro del P.C.N. y del próximo gobierno. NINGUNO DE LOS DOS GRUPOS ERA INDEPENDIENTE: ni Barrios Amaya, ni los directivos de la C.G.S.; ambos eran oficialistas, pero el oficialismo tenía contradicciones internas, y éstas se reflejaban en distintas posiciones: la de Barrios y la de la C.G.S. Si Barrios, con razón, acusaba a los directivos de la C.G.S. de oportunistas, éstos también con razón acusaban a Barrios de estar al servicio de la vieja guardia gubernamental de la que ellos se habían distanciado.

Lo importante de esta situación es que el movimiento sindical independiente, aprovechando conscientemente esas contradicciones internas de las clases gobernantes y de sus servidores, y apoyándose en las bases sindicales, forjaba la unidad sindical para defender los derechos Constitucionales de la clase obrera y las demandas de los trabajadores del Acero.. Por ello, Rivera, Guerrero y Rodezno trataban de destruir esa unidad utilizando a Barrios como su instrumento principal.

A pesar de todas las maniobras, LA UNIDAD SINDICAL, FORJADA DESDE LAS BASES DE LA C.G.S. E INSPIRADA POR LA FUSS, RESISTIÓ LA PRUEBA...

LA HUELGA SEGUIA. Vencía las peligrosas maniobras de los patronos, del gobierno y de sus instrumentos. Los días pasaban y aún no se avizoraba una solución satisfactoria. Pero los trabajadores conservaban el ánimo firme, inquebrantable y, en determinados momentos, elevaban su espíritu combativo con canciones de lucha. He aquí la canción que cantaban los trabajadores del Acero:

 

CORRIDO A LA HUELGADE LOS

TRABAJADORES DEL ACERO

-I-

El año de mil novecientos sesenta y siete, en abril.

A la fábrica de Acero la huelga paralizó,

La huelga paralizó...

-II-

Obreros de metalurgia tomaron la decisión,

Debido a las injusticias del gerente y del patrón,

Del gerente y del patrón...

-III-

La clase trabajadora de todito El Salvador,

Sintió mucha inspiración, debido a su gran valor.

Debido a su gran valor...

-IV-

El pueblo salvadoreño prestó colaboración,

También Zacatecoluca apoyó esa gran acción,

Apoyó esa gran acción...

-V-

La FUSS y sus sindicatos respaldan con decisión,

Y frente a la patronal, muestran Unidad de Acción. Muestran Unidad de Acción...

-VI-

La Sociedad de Industriales pretende arrebatar,

Los derechos laborales y los constitucionales,

Y los constitucionales...

-VII-

Abajo salarios de hambre que paga la patronal,

Nuestros hijos necesitan escuela, vestido y pan,

Escuela, vestido y pan...

-VIII-

La huelga se ha de ganar mediante la Unidad,

Y si el patrono lo duda, se lo vamos a probar,

Se lo vamos a probar...

VIVA LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DEL ACERO

VIVA LA FEDERACIÓN UNITARIA SINDICAL DE EL SALVADOR

VIVA LA UNIDAD DEL MOVIMIENTO SINDICAL

(Música de “Rosita Alvirez”)

 

 

VII. 

HACIA LA HUELGA GENERAL

Mientras el Presidente Rivera y el grupo de Francisco José Guerrero desaprovechaban el tiempo, y en vez de esforzarse verdaderamente por resolver el problema del Acero trataban de romper la unidad, las dos Centrales dieron los siguientes pasos lógicos, ante la

inconsecuente actitud gubernamental y la intransigencia patronal. El conflicto sólo podía encontrar el triunfo si se concentraba una gran fuerza sindical, muy superior a los marcos de Acero S.A., que pudiera quebrantar la resistencia de la clase patronal unida y las peligrosas maniobras de Rivera. LA CLASE OBRERA FUE CAPAZ DE HACERLO...!

En la Asamblea de Sindicatos de la Federación Unitaria Sindical de El Salvador, reunida en la noche del sábado 15 de abril, se acordó:

I. Apoyar en todo lo necesario a los trabajadores de “ACERO, S.A.” de Zacatecoluca....

II. Emplazar al Gobierno de la República a darle una solución al conflicto de los trabajadores de “ACERO S.A.”, acorde con las demandas presentadas por dichos compañeros, a corto plazo.

III. Declarar la huelga de todos los trabajadores de las distintas industrias que abarca la FUSS, si los acontecimientos del lunes 17 de abril así lo ameritan, o si transcurriere un plazo prudencial sin que el gobierno haya encontrado una solución favorable a los trabajadores de “ACERO S.A.”

IV. Se autoriza a la Junta Directiva Federal de la Federación Unitaria de El Salvador (FUSS), para que elabore el PLAN DE HUELGA y sus objetivos, como también para tomar las necesarias medidas para hacerla efectiva. Se autoriza también a la misma Junta Directiva Federal para que lleve a cabo la coordinación del movimiento huelguístico con la Junta Directiva de la Confederación General de Sindicatos...”

Parecidas resoluciones tomó también el Congreso de la C.G.S., reunido esa misma tarde.

Las dos centrales sindicales quedaron autorizadas para encabezar la Huelga General y para coordinarse a través de un organismo conjunto: EL COMANDO GENERAL DE HUELGA, que era el mismo que se formó en Acero, pero sin dos directivos de ese Sindicato, a quienes ya no les correspondía dirigir la huelga en sentido nacional.

EL CAMINO HACIA LA HUELGA GENERAL ESTABA ABIERTO, PERO A ESTAS ALTURAS, EL GOBIERNO Y LA PATRONAL NO CREIAN A LA CLASE OBRERA CAPAZ DE REALIZARLA.

El Comando General de Huelga, ante las maniobras del gobierno y la resistencia de la patronal, decidió poner un ultimátum de 5 días: sí a las 12 PM. del lunes 24 de abril el conflicto del Acero no quedaba resuelto satisfactoriamente, se declararía la Huelga General.

El Comando General de Huelga estudió la situación orgánica general del movimiento sindical y otros factores, como la necesidad de permitir que siempre existiera la oportunidad de negociación para facilitar en todo momento un arreglo satisfactorio, y llegó a la conclusión de que debido a una serie de factores que era [ necesario tomar en cuenta, la táctica más adecuada de Huelga General seria la progresividad: es decir, no sería total desde el principio, pero iría creciendo a cada momento, de acuerdo a un plan cuidadosamente elaborado, hasta llegar a convertirse en total, si el caso lo requería.

Se concluyó que la huelga se iniciaría en dos sectores importantes de la industria, muy sensibles en la economía nacional. Después de un corto espacio de tiempo, otros se sumarían gradualmente: luego otros, todo de acuerdo a instrucciones precisas que el Comando iría dando en cada caso concreto, hasta que en unos cuantos días la huelga llegaría a ser total. Esa táctica requería una gran disciplina, pero al mismo tiempo, aprovechaba el poder del contagio combativo y creaba una situación de extremada incertidumbre en la clase patronal, por ignorar cual sería el próximo paso, es decir, qué contingente entraría en la lucha después del anterior, por dónde llegaría el próximo golpe. Se consideró que la huelga total desde el primer instante, en las condiciones del desarrollo del movimiento sindical actual, podría no ser completamente efectiva. Los hechos confirmaron con creces la certeza de la táctica adoptada.

La Asamblea de Sindicatos de la FUSS (lunes 24 de abril) que fue decisiva, y la de la C.G.S. aprobaron tal curso de acción así como las Asambleas de trabajadores.

Mientras tales preparativos iban madurando las condiciones prácticas para la Huelga General, el gobierno se entretenía tratando de romper la Unidad Sindical, desaprovechando cinco días valiosos, tiempo más que suficiente para resolver el conflicto.

 

VIII. 

LA HUELGA GENERAL PROGRESIVA

Las vísperas de la Huelga General se caracterizaron por las masivas y entusiastas Asambleas de trabajadores. La sesión de trabajadores ferrocarrileros, efectuada el lunes 24 en la noche haría historia por su número y combatividad. Esa misma noche los panificadores colmaban totalmente otro local sindical en una atronante asamblea. Hervía el entusiasmo combativo de los trabajadores de distintas industrias.

Originalmente la Huelga General progresiva estaba señalada para ser iniciada a las cero horas un minuto del martes 25 de abril, pero en consideración de algunas cuestiones prácticas de los preparativos (como la necesidad de avisar en todo el país a todos los ferrocarrileros) el Comando acordó que la Huelga se iniciara 24 horas después: su inicio definitivo sería a las cero horas un minuto del miércoles 26 de abril.

El gobierno tuvo 24 horas más, para buscarle solución al conflicto. Pero algunos trataron de ver en esa prórroga una confirmación de que la clase obrera no sería capaz de realizar la huelga. Cuán pronto iban a desengañarse de su equivocación...!

A las cero horas un minuto del día miércoles se inició la Gran Huelga General Progresiva, al pararse los ferrocarriles del Sistema IRCA en todo el país. Se paralizó también el puerto de Cutuco de la “United Fruit Co.” y cuatro barcos quedaron sin descargar. Piquetes de ferrocarrileros, con el clásico garrote, con bufandas, chumpas y gorros puestos para resguardarse del frío de la noche, con una admirable disciplina, serenidad y combatividad, se apostaron a lo largo de todas las estaciones ferroviarias del país. Los Trabajadores del Riel volvieron a reverdecer viejos laureles de lucha, y sintieron en toda su amplitud la fuerza de su unidad. Firmes, día y noche, bajo el sol y las estrellas, bajo el polvo y el sereno.

Un sentimiento indescriptible recorrió de uno a otro confín del país en oleadas de entusiasmo combativo a toda la clase trabajadora.

A las tres de la mañana, el segundo destacamento se lanzaba a la lucha. Por toda la ciudad de San Salvador y alrededores, aparecieron los piquetes de panificadores, apostados frente a las panaderías. La huelga de panificadores paralizó inmediatamente a centenares de talleres y empresas, grandes y pequeñas. Con el mismo arrojo y resolución que el obrero, la obrera panificadora, en crecido número, aparecía en los piquetes de la industria del pan.

A las ocho de la mañana, los trabajadores del Aseo Público cerraban los portones del parque de vehículos de ese servicio, y se colocaban en vigilancia formando el clásico piquete.

Un desajuste se comenzó a notar: de parte de la C.G.S. no había sido posible parar el Puerto de Acajutla, principal puerto del país, debido a que confiaron mucho en la directiva local, que había manifestado tener listos todos los preparativos. Pero en la madrugada los trabajadores del Hotel “El Salvador Intercontinental”, se fueron a la huelga, y después los del Circulo Deportivo Internacional, afectando a centenares de turistas norteamericanos y de otras nacionalidades. En el resto del día se fueron parando progresivamente las grandes construcciones y miles de obreros de construcción se sumaron a la huelga.

AL ANOCHECER UNOS 9,000 TRABAJADORES ESTABAN EN HUELGA EN ESE PRIMER DIA. Era apenas, la primera Jornada de la Huelga General Progresiva.

Al atardecer ya podía calibrarse la enorme efectividad de la misma. Para los trabajadores eso producía un efecto de irresistible entusiasmo. El pueblo se sintió electrizado de admiración. En cambio, para la clase patronal o el gobierno el impacto fue tremendo. Se dieron cuenta de su error de cálculo, al desestimar la potencialidad del movimiento obrero. El gobierno tuvo que hacer a un lado rápidamente las equivocadas esperanzas cifradas en Barrios Amaya que le había resultado un instrumento inefectivo en este caso, y se vio obligado a tomar más en serio la situación: el equipo de la vieja guardia gubernamental (Rodezno, Francisco José Guerrero, etc.) fue hecho definitivamente a un lado de las negociaciones y tomó su puesto un equipo más cercano a Sánchez Hernández. Ya el Presidente Rivera, se había colocado en un discreto segundo lugar, al nombrar como representante personal en las gestiones de mediación al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor José Vicente Vilanova, ayudado nada menos que por el tristemente celebre José Alberto Medrano. De esa manera los Rodezno, Guerrero, Ortega, habían fracasado y con ellos, René Barrios Amaya, su instrumento.

Era evidente que la Huelga General Progresiva obligaba rápidamente al gobierno a llamar a la parte patronal y plantearle la necesidad de buscar una rápida solución al conflicto. Ya esa noche, la empresa formuló propuestas concretas sobre salarios, por primera vez, los cuales aunque todavía no podían considerarse como satisfactorias, significaban la ruptura del largo estancamiento en las negociaciones (prácticamente desde el inicio de la huelga del acero). Pero junto a esto, la parte patronal presentó un proyecto de despedir a 50 trabajadores, que naturalmente tuvo que ser rechazado con indignación por la Comisión Negociadora.

Esa noche, en las filas obreras el entusiasmo y la combatividad eran indescriptibles. Hervía. Los trabajadores de bebidas gaseosas y cervezas, los mecánicos y muchos otros celebraban desbordantes asambleas. Desde hacía decenas de años no se había alcanzado ese clima de conciencia enardecida. A las doce de la noche, nuevos contingentes se lanzaban a la lucha. Se paralizaban las fabricas de bebidas gaseosas y cerveza (La Constancia, Coca Cola, La Tropical, etc.). A las ocho A. M. la fábrica de Aceites El Dorado. más tarde los cines: una tras otra se iban paralizando implacablemente todas las industrias. Llegó la hora a los grandes directivos de la ASI: Quiñónez Meza. De Sola, etc., al cerrarse las puertas de sus fábricas, vigiladas por disciplinados obreros en huelga, veían que a no se trataba simplemente de apoyar a una empresa intransigente que se encontraba a 58 kilómetros de la capital, sino que la solidaridad obrera poderosa, imparable, les tocaba las propias entrañas, y, entonces, se comenzaron a preocupar de verdad por la intransigencia de los Borgonovo, por la terquedad de esos italianos que habían llevado las cosas hasta ese grado.

SE PLANTEO. ENTONCES. LA REAL POSIBILIDAD DE ENTABLAR NEGOCIACIONES.- Al finalizar ese día, unos 22.000 TRABAJADORES ESTABAN EN HUELGA...! Y nuevos destacamentos, en proporción aún mayor, se aprestaban a entrar en el combate. Con impaciencia, esperaban la hora de incorporarse. Los trabajadores de algunas empresas solicitaban como un honor que se les permitiera entrar a la huelga antes de la fecha o de la hora señaladas para ellos.

Algunas fábricas que al principio se consideraban “frías”, se presentaban espontáneamente solicitando se les asignara hora. Se comenzó a sentir la tendencia de grupos de trabajadores no organizados que se presentaban en cantidad creciente a pedir instrucciones para ponerse en huelga. NADIE QUERÍA QUEDARSE AL MARGEN DE TAN GRAN MOVIMIENTO.

Una tras otra las industrias se paralizaban. Los piquetes de huelguistas aparecieron ya por toda la ciudad, por todas las calles, por diferentes y distantes lugares de la República, frente a cada empresa, taller o fabrica, serenos pero determinados a vencer, con garrotes en la mano, bajo improvisadas tiendas de campaña, con carteles que decían: “Estamos en huelga de solidaridad con los trabajadores del acero, y por el derecho de huelga”. El avance de la Huelga General progresiva era arrollador, incontenible.

A las ocho de la mañana del viernes 28 de abril, había alrededor de 35,000 TRABAJADORES EN HUELGA...! Muchos miles más en San Salvador, Santa Ana y San Miguel estaban listos para entrar en el curso del día. A esa hora el Comando General de Huelga comunicó que se había llegado a un acuerdo favorable a los trabajadores de Acero y dio instrucciones de cesar el ingreso de nuevos contingentes a la misma. Si la huelga no hubiera triunfado a esa hora, UNOS 50,000 TRABAJADORES HUBIERAN ESTADO EN HUELGA AL ATARDECER...!

Y si hubiera continuado la resistencia patronal, habría tenido que llegarse a las fases finales, hasta la paralización de servicios tales como el agua. La huelga hubiera sido TOTAL. No cabe la menor duda de que a ella se hubieran sumado todos los trabajadores del país,

pues aún los que tenían directivos rompehuelgas como en el caso de los motoristas, llegaban en creciente número a manifestar su disposición de sumarse al movimiento (como era el caso de los motoristas de varias rutas de buses que manifestaban esa disposición desde el principio de la huelga).

Los trabajadores en huelga fueron:

: PRIMER DÍA (Miércoles 26):

- Ferrocarrileros (IRCA) y portuarios de Cutuco -FUSS

2- Trabajadores de la Industria del Pan - Fábricas y empresas de pan francés, pan dulce, repostería galletería etc., de San Salvador y alrededores-FUSS

3- Trabajadores de Empresa de Aseo Público de San Salvador-FUSS

4- Trabajadores de la Industria Hotelera (hotel El Salvador, Intercontinental; Círculo Deportivo Internacional, Gran Hotel San Salvador, Club Salvadoreño)-C.G.S.

5- Trabajadores de la Industria de Construcción.-C.G.S.

6- Trabajadores Portuarios de Acajutla. -C.G.S.

SEGUNDO DÍA (Jueves 27):

7-Los Trabajadores de Bebidas Gaseosas, Cerveza, Hielo y Agua Potable: (plantas de “La Constancia”, Tropical, Embosalva, etc.)- FUSS

8- Trabajadores de Empresa de Aceites y Grasas EL DORADO.- FUSS

9- Los trabajadores de la Industria de la Costura (fábricas y talleres más importantes) C.G.S. y FUSS

10-Los trabajadores de la Industria de Artes Gráficas y conexos-FUSS

11-Los trabajadores de la Industria de Productos Lácteos. (Alfa, Estrella Polar, Pajillas El Sol y otras) C.G.S.

12-Los Trabajadores de la Empresa láctea Fóremost.- C.G.S.

13-Los trabajadores del Aserradero El Triunfo - C.G.S.

14-Los trabajadores de la Industria del Cine las salas de cine de San Salvador y ciudades aledañas - FUSS

15-Los trabajadores de la Fábrica Textil Minerva - FUSS

16-Los trabajadores de la Fábrica Textil El León - C.G.S.

17-Los trabajadores de Fábrica de Calzado ADOC - C.G.S.

18-Los trabajadores de la Empresa Pan Lido. - C.G.S.

19-Los trabajadores de la Empresa de Muebles Prado - FUSS

20-Los trabajadores de la Fábrica Gloria - No organizados.

Se completó la paralización de las construcciones.

TERCER DIA (viernes 28):

Hasta las ocho AM. habían entrado a la huelga:

21-Los trabajadores de Molinos de El Salvador - FUSS

22-Los trabajadores de la Industria del Cemento, (Metapán) - FUSS

23-Los trabajadores de la Industria de la Carne - C.G.S.

24-Lo trabajadores de la Industria Mecánica y Metálicas Básicas - Varias grandes fábricas y Talleres. –FUSS

Los trabajadores que se aprestaban a parar inmediatamente -ya tenían señalada hora para ese medio día- y que ya no alcanzaron a ponerse en huelga fueron: los de la Refinería de Azúcar Salvadoreña (FUSS); de la Empresa Cartonera Centroamericana, (FUSS); Construcciones de Santa Ana, (FUSS); varias empresas de Santa Ana (FUSS), y las fábricas textil y de aceites de San Miguel, (C.G.S.). Al día siguiente, nuevos conjuntos de trabajadores tenían señalada la hora de entrar en combate...!

El potencial que se alcanzó a poner en huelga hasta el momento en que se dio la instrucción de detener el ingreso de más trabajadores a la huelga fue un poco más de la tercera parte...! La dos terceras partes estaban listas...! La potencia de la clase obrera unificada quedó demostrada con incontrastable poderío...!

 

IX. 

COMO DERIVARON LOS ACONTECIMIENTOS EN EL GOBIERNO Y LA CLASE PATRONAL

Hemos visto el concentrado esfuerzo que Rivera y su grupo hicieron para desbaratar la unidad del movimiento sindical y frustrar la huelga general por anticipado. Al concentrar esfuerzos en esa dirección, desaprovecharon el tiempo sin esforzarse por la solución del conflicto. Incluso los cinco días del ultimátum que fijó el Comando General de Huelga fueron desaprovechados completamente. Así, cuando estalló la Huelga General. Rivera se encontró con que sus “gestiones” habían sido un fracaso: la solución del conflicto se encontraba casi como al inicio del conflicto, sin avances apreciables.

Mientras tanto, las fuerzas más reaccionarias del régimen presionaban por darle una solución represiva al conflicto. En un momento determinado, esa presión (Casanova, Rodezno) era tan fuerte que el fiel de la balanza parecía francamente inclinado a una “solución” violenta de represión contra el movimiento sindical y otras fuerzas democráticas. Rivera vacilaba entre una u otra “solución”. El sabía que si optaba por la abierta represión, todo el panorama político del país se le complicaría ya al final de su período presidencial, con grandes dificultades que podrían incluso aprovechar los grupos golpistas.

El fantasma de las complicaciones que acompañaron los últimos días de Lemus, no era muy agradable para Rivera. Pero, al mismo tiempo sentía que su propia “solución” había fracasado, que era la de detener la huelga anticipadamente a través de las maniobras de sus instrumentos.. Y, por otra parte no quería darle una solución correcta, que fortaleciera las fuerzas del movimiento sindical. Por su propia orientación reaccionaria y patronal, se encontraba en un atolladero.

Y, en tales condiciones, estalló la Huelga General Progresiva.

Rivera desistió de seguir dirigiendo personalmente la mediación gubernamental en el conflicto del Acero, y encomendó dicha tarea el Presidente de la Corte Suprema de Justicia. “Éste, dijo, es el penúltimo recurso; el último queda en manos de Dios”. Es decir, que haciendo todavía cierta resistencia a las pretensiones de los sectores mas recalcitrantes y goriloides, se jugaba su última carta, antes de entrar a terreno lemusista. La complejidad de la situación lo llevó el extremo de plantear la posibilidad de renunciar a su Alto Cargo. La Huelga General Progresiva crecía arrolladoramente y junto a ello era necesario agilizar las negociaciones, en cada escalón de la misma, pues el objetivo era el de lograr la solución del conflicto con el triunfo de las aspiraciones de los trabajadores.

Así, junto a la acción combativa, había que esforzarse por no menospreciar toda posibilidad de una solución. No había la intención de complicar innecesariamente la situación, sino de hallarle una solución favorable a los intereses de los trabajadores. De tal manera, el primer día de la Huelga, a mediodía el Comando General envió un telegrama al Presidente Rivera, planteándole un reunión para tratar de encontrarle una solución, correcta al problema.

La respuesta al mensaje del Comando dio la medida del exasperado estado de ánimo y del enfoque recalcitrante del Mandatario en un momento tan delicado. En tal instante, toda la ciudadanía quedó asombrada, al ver en los periódicos sus declaraciones en el sentido de que “si yo soy un obstáculo para la resolución de esta situación, estoy dispuesto a renunciar de la Presidencia de la República si en eso estriba la solución del actual problema nacional”. “Si la conciencia nacional considera que esta situación sólo puede resolverse con mi separación del cargo a la Presidencia, estoy dispuesto a presentar mi renuncia este mismo día, pero NO QUIERO DARLE GUSTO A LOS COMUNISTAS ni a los oportunistas”. Sacando a relucir todo su fondo reaccionario, el Presidente habló de la participación comunista en el actual problema de la huelga que amenaza con paralizar la vida nacional y que la huelga se debía “al cumplimiento de consignas de la Conferencia Tricontinental celebrada hace dos años en La Habana, Cuba.”

En vez de atender con seriedad la oportunidad que el Comando General de la Huelga le proporcionaba de encontrar una justa y decorosa solución, perdió los estribos y la perspectiva, se mostró indignado “con aquellos que han llegado a la osadía de invitarlo a sentarse a la mesa con los comunistas”, y ya fuera de sí, lanzó la famosa frase: “NO ME SENTARÉ A LA MISMA MESA NI CON LOS COMUNISTAS NI CON LOS OPORTUNISTAS”. Era evidente que al hablar de oportunista se refería a sus correligionarios: Rafael Rodríguez González (miembro de la Directiva Suprema del partido oficial que se le había salido del “huacal”, y a Felipe Antonio Zaldivar de la C.G.S.; que desde la central oficialista han servido incondicionalmente sus mandatos y que, en ese momento, debido a las contradicciones internas en el gobierno habían escapado de su control.. Por simple eliminación se infiere que el calificativo de comunista se lo atribuía a Julio César Castro Belloso y a Salvador Cayetano Carpio, representantes del sindicalismo independiente de toda influencia patronal u oficialista: del sindicalismo verdaderamente proletario.

A falta de mayores argumentos -con una superficialidad increíble, haciendo abstracción del problema en sí- y ateniéndose tan sólo a la supuesta orientación política de los miembros del Comando, despreciando la objetividad necesaria para enfrentar el momento, se volvió incapaz de hacerlo y prefirió salirse por la tangente, recurriendo a los desacreditados lemas del anticomunismo y de las rabietas infantiles.

Pero Rivera calculó mal el momento. Su reaccionaria e irresponsable actitud tuvo el efecto contrario entre los trabajadores, los cuales aceraron aún más su combatividad y decisión. Frente a la histeria y confusión gubernamentales, la clase obrera se mostraba como una fuerza serena, firme y consciente. Miles de trabajadores se siguieron sumando a la huelga después de las declaraciones de Rivera y cuando al siguiente día en Cojutepeque, éste lanzó su ridículo discurso contra “el garrote”, lanzando airados. ataque, a los huelguistas éstos se llenaron de indignación y de mayor decisión, elevando su conciencia política. Los burdos ataques anticomunistas contra la huelga, contra los heroicos huelguista, hicieron ver a éstos con toda claridad, tanto en una Central como en la otra, la entraña patronal de este régimen; les hizo ver la íntima identificación del régimen político actual con la burguesía que domina en la economía nacional.

Les hizo ver que el gobierno es un simple representante de los patronos. Desde el famoso discurso en Cojutepeque, Rivera se convirtió en el hazmerreír de los trabajadores en huelga. El “discurso del garrote” era comentado entre carcajadas en todos los piquete por los huelguistas. Se comentaba con ironía aquella parte del discurso en donde Rivera daba a entender que los comunistas si en esta ocasión les han proporcionado garrotes, mañana estarían dispuestos a darles fusiles. El “miedo” que Rivera trataba de sembrar entre los trabajadores, era como un bumerán que viraba contra el gobierno. LA HUELGA GENERAL ELEVABA TAMBIÉN LA CONCIENCIA POLITICA DE LOS TRABAJADORES.

Pero los acontecimientos se precipitaban. Al margen de la tragicómica actuación de Rivera, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia inició entrevistas con la empresa Acero, S.A. y por separado con la Comisión Negociadora de los trabajadores. Ya la primera noche de la Huelga General Progresiva, la patronal presentó propuesta acerca de salarios (33% de aumentos), pero trató de balancear la oferta, exigiendo que se les permitiera despedir a 50 trabajadores. La Comisión Negociadora rechazó de plano esa posición. Los mediadores del gobierno, entre los que sorpresivamente entró a jugar papel activo el Coronel José Alberto Medrano (de nefasta recordación durante el periodo de Osorio) ejercieron cierta presión sobre la empresa para hacerla que se situara en un plano que facilitara un acuerdo a corto plazo. Y no era para menos. La Huelga General crecía de hora en hora.

Los mismos señores de la ASI, cuyas fábricas se cerraban una tras otra, iniciaron en medio de gran nerviosismo las consultas entre sí y la afanosa gestión frente a Borgonovo para salir del atolladero. A medio día del 27 era evidente que podía llegarse a una solución en cuestión de horas.

El Comando General de Huelga, al reunirse a esa hora, vio que la situación estaba así: se vislumbraba la real posibilidad de que la parte patronal (Acero, S.A.) estuviera dispuesta a acceder en las demandas. Era necesario imprimirle agilidad a las negociaciones y firmeza en los puntos básicos. Ni intransigencia sectaria ni claudicación: tal fue la línea de acción que se extrajo del análisis. Se tuvo una reunión con la Comisión Negociadora y sobre esa base se hicieron las

recomendaciones necesarias. Se confirmó la decisión de que a la Comisión Negociadora la acompañaran dos miembros del Comando General de Huelga; Castro y Zaldívar, los cuales irían con la Comisión hasta donde se les permitiera entrar. Si se rechazaba por parte de las autoridades su presencia en la mesa de Negociaciones como se había venido haciendo sistemáticamente, ambos miembros, del Comando, se quedarían en la puerta de la sala, pero no se retirarían. Se estudia hasta dónde se podía llegar en la demanda de salarios, y se concluyó en que hasta l.12 de aumento por cabeza, como mínimo. Tales fueron las recomendaciones dadas a la Comisión por el Comando. LA LINEA ESTABA TRAZADA: EL COMANDO GENERAL DE HUELGA QUEDO LISTO PARA LA ETAPA FINAL DE LAS NEGOCIACIONES, que según todas las apariencias podría ser esa misma noche.

El Dr. Vilanova ya había convocado a la parte obrera y patronal a pláticas, separadas primero, para finalizar con una reunión conjunta.

En las horas tempranas de la noche, la Comisión Negociadora estuvo reunida en Casa Presidencial exponiendo sus puntos de vista. Simultáneamente los representantes de la Empresa “Acero SA.” se entrevistaron con el Presidente de la Corte. En la madrugada, ambas partes se reunieron en el Comité de Emergencia Nacional, teniendo como intermediario al Presidente de la Corte Suprema de Justicia y con la asistencia de gran número de altos funcionarios: el Ministro del Interior, Dr. José Armando Arias; el Ministro de Defensa, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, y muchos más, civiles y militares.. Los miembros del Comando General de Huelga fueron permitidos por primera vez en la sala de deliberaciones. A las cinco de la mañana la parte patronal y la Comisión Negociadora del Sindicato habían llegado a un acuerdo, que claramente significaba el triunfo de las demandas de los trabajadores del acero.

Mientras se preparaba la redacción final del documento que contenía los acuerdos a que se había llegado entre la empresa y los trabajadores, se mandó llamar a los otros dos miembros del Comando General de Huelga, reconociendo que era el único -como representante de los trabajadores en huelga- que podía juzgar si el acuerdo llenaba las aspiraciones de la Huelga General, y el único que podía terminar el cese de la misma. Qué ridículo sonaba en ese momento el eco de la frase de Rivera: “No me sentaré con los oportunistas, ni con los comunistas”, dicha 36 horas antes!

Los más altos funcionarios de su régimen, a despecho de la actitud del Presidente, tuvieron que reconocer que el Comando General de huelga era el único organismo que podía dar la orden de terminar la huelga PORQUE

EN ESE MOMENTO ERAN LOS REPRESENTANTES AUTORIZADOS DE LOS TRABAJADORES, Y EL GOBIERNO SE VIO OBLIGADO A RECONOCERLOS COMO TALES. Fue la decisión, la firmeza y la amplitud de la lucha de la clase trabajadora la que obligó al régimen a tener que tratar con los representantes del movimiento sindical.

A las seis de la mañana fue firmado el acuerdo entre los representantes de la Empresa “Acero, S.A.” y la Comisión Negociadora del Sindicato. He aquí el acuerdo firmado:

“En la ciudad de San Salvador, a las seis horas del día veintiocho de abril de mil novecientos sesenta y siete. Reunidos ante el suscrito Director General del Departamento Nacional del Trabajo el señor Antonio Borgonovo representante legal de la Sociedad ‘ACERO, S.A.”; y los señores Gonzalo Ramírez Perdomo Secretario General; Julio Fredy Zaldívar, Secretario Segundo de Conflictos; Isidro de Jesús Ortiz.

Secretario de Educación Sindical: Eduardo Somoza Zaldívar, Secretario de Cultura Y Propaganda: y Francisco Barrera, Representante Específico de la Asamblea General: todos del Sindicato de Industrias Metálicas Básicas y Similares y debidamente autorizados al efecto: se procede a discutir acerca de los puntos que han suscitado el conflicto en la fábrica de Productos Metálicos que la mencionada Sociedad tiene establecida a la altura del kilómetro cincuenta y ocho de la carretera del Litoral, habiendo llegado el siguiente arreglo: PRIMERO: se conviene en que a partir de la fecha de reiniciación de las labores, que será el día dos de mayo próximo entrante, los salarios que actualmente devengan todos los trabajadores de la fábrica, sin discriminación de ninguna clase, recibirán un aumento general de un colón por jornada ordinaria de trabajo. SEGUNDO: se conviene en que las labores se reiniciarán en la fecha mencionada anteriormente, las cual, se desarrollarán en la misma forma y condiciones en que se desarrollaban con anterioridad a la suspensión de labores. TERCERO: se conviene en que el seor Augusto César Romero, no tendrá ninguna relación laboral ni directa ni indirectamente con los trabajadores de la fábrica. CUARTO: la Empresa se compromete a proporcionar por los medios usuales, el transporte de los trabajadores de la fábrica de la ciudad de Zacatecoluca a ésta y viceversa, a partir del día primero de julio del corriente año. QUINTO: se conviene en que la totalidad de los trabajadores que prestaban sus servicios en la fábrica antes de la suspensión de labores, regresarán a prestar sus servicios en la misma, a partir del día dos de mayo próximo entrante. SEXTO: la empresa se compromete a pagar al señor Mauricio Saravia Martínez, la indemnización que legalmente le corresponde como si su despido fuera injustificado. SETIMO: la empresa se compromete a no tomar represalias de ninguna especie contra los trabajadores que participaron en la suspensión de labores.- No habiendo más que hacer constar que la satisfacción de las partes por el arreglo logrado, que restablece las armónicas relaciones de trabajo en la fábrica, se dio por terminada esta acta que se leyó íntegramente a los interesados, quienes la ratificaron y firmaron.” Firmaron el Acta los representantes de la Empresa y del Sindicato, que aparecen en la primera parte del Acta.

En relación al pago de salarios durante el tiempo que había durado la huelga, petición que los trabajadores también habían presentado a la empresa el acta no lo menciona, porque no fue la empresa sino el gobierno el que se comprometió a aportar una suma equivalente a QUINCE DÍAS de los salarios caídos de todos los trabajadores.

Los funcionarios gubernamentales no cabían de contento, porque la situación del conflicto de Acero, daba la inmediata posibilidad de que el Comando General de Huelga diera las instrucciones para cesar la huelga, que durante varias jornadas había mantenido desvelado al régimen.

El Dr. Vilanova y el Dr. Arias preguntaron a los miembros del Comando General de Huelga si el arreglo llevado a cabo entre empresarios y directivos del Sindicato de la fábrica de Acero satisfacía la demandas de la Huelga General. Los miembros del Comando expusieron: 1o) Si el acuerdo satisfacía las demandas de los trabajadores del Acero, el Comando consideraba que quedaba satisfecha la causa que había sido el motor de la Huelga General Progresiva: 2°) La Huelga General por si misma había sido un reafirmación del Derecho Constitucional de Huelga, que el Código de Trabajo impedía: 3o) En cuanto a la destitución del Ministro de Trabajo, no consideraba el Comando que por sí mismo fuera un objetivo suficiente para proseguir la huelga general. Pero el Comando declaraba que la Huelga General Progresiva no seria levantada con la firma del Convenio por parte de la Comisión Negociadora, sino hasta que la Asamblea General de Huelguistas de Acero no ratificara el acuerdo que se acababa de concluir, la huelga continuaría. Ésta es una cuestión de principios, requisito de la democracia sindical, que debía ser reafirmado claramente en esta ocasión.

Mientras tanto, el Comando General de Huelga acordó dar instrucciones de suspender el carácter progresivo de la Huelga: es decir, que los trabajadores que estaban en turno para sumarse a la huelga se abstuvieran de hacerlo hasta nuevas instrucciones; pero que los trabajadores que estaban en huelga continuaran en la misma; que los piquetes permanecieran en sus puestos, y que la huelga solo podía terminar bajo las expresas instrucciones del Comando General de Huelga, que era el único que podía levantarla, Que no se fueran a dejar engañar por noticias ue pudieran propalar el gobierno o los patronos a través de la radio o de los periódicos.

Los funcionarios mencionados expresaban al Comando: “Bueno, si ustedes no quieren dar instrucciones para que termine la huelga general, que siga: pero por lo menos sería bueno que guardaran los garrotes; eso preocupa mucho al señor Presidente. Y que cesen la presiones de los huelguistas sobre otros trabajadores y sobre los patronos”. Enfáticamente se expuso que era falso que hubieran presiones de ninguna naturaleza; que los trabajadores estaban haciendo uso de gran disciplina y serenidad, y que los garrotes no los tenían para amenazar ni agredir a nadie, sino para demostrar su decisión de defenderse de cualquier agresión a sus derechos constitucionales.

“Los piquetes, dijo uno del Comando, están cuidando las instalaciones y las fábricas, tanto para no permitir el ingreso de cualquier rompehuelgas, como para evitar cualquier daño a las mismas”. El Ministro del Interior, exclamó en ese momento: “Entonces, qué papel le queda a las autoridades?” Esa frase, dicha en tono de reclamo o de lamento, involuntariamente venia a ser un tributo a los huelguistas: significaba el reconocimiento de un hecho indiscutible: una nueva fuerza, disciplinada. serena y consciente, defensora de sus derechos esenciales había surgido: la clase obrera organizada defensora de sí misma y de los derechos del pueblo en general.

La Huelga General Progresiva ESTABA TRIUNFANDO ARROLLADORAMENTE...

Se acordó trasladarse al lugar de la huelga del acero, para constatar si la Asamblea General ratificaba el Convenio firmado por la Comisión Negociadora, y que si la Asamblea lo ratificaba, el Comando General de Huelga, tomaría la decisión de levantar la Huelga General, al regresar de Zacatecoluca.

Antes de partir a Zacatecoluca el Comando se dirigió al local de la FUSS a dar las instrucciones sobre el cese de la progresividad de la Huelga General. He aquí dichas instrucciones redactadas en el local de la U.T.F.:

“El Comando General de Huelga avisa a todos los trabajadores y Pueblo en general:

1° Que se ha llegado a un acuerdo entre los representantes de los trabajadores de la Fábrica Acero. S.A. y la empresa, acuerdo que tiene que ser ratificado por la Asamblea General del Sindicato de Trabajadores de las Industrias Metálicas Básicas de Zacatecoluca. Que dicho acuerdo contiene en forma satisfactoria la solución de los problemas planteados por los trabajadores.

2° Que el Comando da la orden de interrumpir el proceso progresivo de la Huelga, o sea que los obreros que no se les ha llegado la hora todavía de incorporarse a la Huelga, ya no lo hagan.

3° Pero que la huelga continua, es decir, que las comisiones de vigilancia de huelga de las distintas empresas, permanezcan en sus respectivo lugares frente a los centros de trabajo, pero suavizando las, medidas restrictivas, tomadas hasta ahora.

4° El Comando, al ser aprobado el acuerdo definitivamente por la Asamblea General del Sindicato de Trabajadores de las Industrias Metálicas Básicas, dará la orden de terminar la Huelga de manera organizada.

5° El Comando felicita a todos los trabajadores por su espíritu de disciplina y por su combatividad y solidaridad que es la garantía del triunfo de la clase trabajadora en esta ocasión, y agradece la colaboración que el pueblo ha prestado.

San Salvador, 28 de abril de 1967.

COMANDO GENERAL DE HUELGA.”

Mientras tanto los miembros de la Comisión Negociadora se habían dirigido directamente a Zacatecoluca, llegando antes que el Comando. Cuando éstos llegaron frente a lo huelguistas, que estaban formados frente a la fábrica de Acero, un ambiente de alegría y fiesta los recibió entre el atronar de cohetes y aplausos. Ya la Asamblea de huelguistas había ratificado el acuerdo en todas sus partes, y, para asombro de los miembros del Comando, quien en ese momento dirigía la palabra (después de que habían hablado los miembros de la Comisión Negociadora) era nada menos que el Coronel José Alberto Medrano de tan nefasta recordación por sus negra acciones durante el periodo de Osorio... haciendo gala de demagogia ante el triunfo de los trabajadores, decía: “los trabajadores deben hacer uso de su derecho de huelga, y todos los otros trabajadores están en la obligación de apoyar a los huelguistas... los militares apoyamos los derechos sociales de los trabajadores.. .“

Era increíble escuchar esas palabras, cargadas de demagogia. en labios de un militar que en 1952 y durante varios años más fue el ejecutor principal de las feroces represiones contra el movimiento sindical, el director de las torturas y secuestro, contra decenas de dirigentes sindicales pero en ese momento, por lo visto, frente a la magnitud del movimiento de la huelga general no le había quedado al gobierno más que dos caminos: O lanzarse a la represión desenfrenada, o hablar en términos orientados a engañar a los trabajadores.

Por otra parte, el momento era imponente: LA HUELGA ESTABA TRIUNFANDO, estaba llegando a su fin: pero, mientras tanto, 35.000 trabajadores con firmeza y disciplina ejemplares, organizados en centenares de piquetes montaban guardia frente a las fábricas y talleres, impávidos serenos, defensores inquebrantables de los derechos de la clase obrera.

Ya los directivos del Sindicato del Acero habían hablado. Después del militar, tomaron la palabra los miembros del Comando General de Huelga: felicitaron a los trabajadores del Acero por su gran triunfo, para el cual su firmeza había sido factor indispensable: “Durante 24 días y sus noches, bajo el sol y bajo la lluvia se han mantenido firmes en la defensa de sus demandas... 24 días que han significado sacrificios indecibles para sus familias que han carecido hasta de la alimentación necesaria. Ése ha sido un ejemplo grandioso para toda la clase trabajadora del país... un ejemplo de cómo la decisión. la unidad y la lucha son los factores del triunfo para la clase trabajadora...

Un ejemplo de que las barreras legales de inspiración patronal dañinas a los intereses de los trabajadores pueden ser destrozadas por la firme unidad y determinación de lucha... El Código de Trabajo niega derechos esenciales que la Constitución establece, como es el derecho de huelga: pero ustedes han hecho caso omiso de él se han resistido a las presiones del Ministerio de Trabajo que les puso el ultimátum de los cinco días y han vencido todas las dificultades: han vencido el funesto artículo 407 del Código de Trabajo: han vencido ese instrumento patronal... Su ejemplo es una inspiración para todos los trabajadores del país... Junto a su propia firmeza y unidad, otros elementos importantes han sido factor indispensable de este triunfo: la solidaridad de todo el movimiento sindical... Nunca se había visto una solidaridad tan grande: todos los trabajadores del país, de uno a otro confín, han acudido a prestarles su apoyo moral, material y físico, sin importarles los sacrificios; porque frente a la patronal deben borrarse todas las diferencias secundarias que existen entre los trabajadores...

Miembros de una y otra central sindical se han hermanado en la lucha con ustedes, con el objetivo de que ustedes triunfen y de que se reafirme el derecho constitucional de huelga para todos los trabajadores, dispuestos a derramar su sangre en las trincheras de este combate... Ustedes han desempeñado un papel importante para que las dos centrales sindicales del país se unieran alrededor de esos objetivos.... LA UNIDAD DE ACCIÓN del movimiento sindical ha sido la base fundamental del triunfo de esta huelga... Y hay otro factor más: el apoyo que el pueblo ha prestado: todo el pueblo salvadoreño ha acuerpado: las señoras de los mercados, los estudiantes, los médicos, etc.... La firme unidad de ustedes, la grandiosa solidaridad de todo el movimiento sindical a través de esta ejemplar unidad de acción, y la ayuda del pueblo, tales han sido los tres pilares fundamentales de este gran triunfo...

Sigan más firmemente unidos.. siempre decididos a defender sus derechos... En nombre de los miles de trabajadores huelguistas y de todo el movimiento sindical les saludamos y les felicitamos... ADELANTE.. .“ Esas frases eran el fondo de los discursos de los cuatro miembros del Comando General de Huelga, que eran interrumpidos a cada momento por la Asamblea de Huelguistas con ovaciones entre el tronar de bombas y cohetes, en un ambiente impresionante que tenía como fondo simbólico la estructura metálica de las instalaciones de la fábrica de Acero, de cuyas chimeneas

durante 24 largos días no había salido ni la más leve nubecilla de humo...

ERA EL MOMENTO DEL TRIUNFO... La despedida de los miembros del Comando y directivos de ambas Centrales con los huelguistas fue impresionante... 24 días de lucha, de presiones gubernamentales y patronales, de incertidumbre en el desenlace final, quedaban atrás... pero también quedaban allí esos curtidos trabajadores del acero, con quienes habíamos permanecido días y noches... Ahora estaban felices por el triunfo, pero necesitarían en adelante seguir fortaleciendo aún más su unidad y su decisión de seguir enfrentando las injusticias patronales...

El Comando regresa a San Salvador a levantar la Huelga General. Pasa por el Comité Nacional de Emergencia para formalizar el acuerdo. El hacerlo frente a las autoridades tiene como finalidad de que el gobierno reconozca el hecho de la huelga general, legalizándola en cierto sentido. Los más altos miembros del gobierno esperan al Comando y en medio de gran expectativa, éste firma el documento por medio del cual se pone fin a la Huelga General. En dicho documento el Comando General de Huelga toma el acuerdo de que:

“la totalidad de los trabajadores en huelga regresarán de inmediato a sus labores y que no interrumpirán las propias los que tenían el propósito de hacerlo por el mismo motivo; volviendo de este modo y de nuestra parte a la normalidad de las relaciones obrero-patronales en el país; asimismo confiamos y esperamos que no se sucedan represalias, con ocasión del referido conflicto, a fin de mantener el buen entendimiento en las relaciones obrero-patronales. San Salvador, 28 de abril de 1967.

Firman: Rafael Rodríguez González, Srio. Gral. de C.G.S.; Felipe Antonio Zaldívar, Srio, de Organización C.G.S.; Julio César Castro Belloso. ler. Srio, de Conflictos FUSS, Salvador Cayetano Carpio Miembro de la Comisión de Honor y Justicia de la FUSS.”

Es la una de la tarde. Los miembros del Comando General de la Huelga se dirigen a levantar la huelga, notificando a cada piquete las instrucciones debidas.

La marcha por todos los rumbos de la ciudad se prolonga por varias horas, notificándose el cese de la huelga. Dicha notificación se convirtió en expresión triunfal y combativa del proletariado. Frente a cada fábrica y empresa, la llegada del Comando se convertía en mitin combativo que expresaba la fe en las fuerzas de la clase trabajadora.... “Si hemos triunfado ha sido por nuestra unidad... Esta vez se ha visto un rasgo importante del proletariado salvadoreño: los trabajadores que se han ido a la huelga en apoyo de los del Acero, no lo han hecho por sus propios intereses personales, ni por su propios aumentos de salario, ni por sus propias prestaciones y demandas: lo han hecho por solidaridad con compañeros a quienes ni siquiera conocen y que se encuentran a muchos kilómetros de distancia... y lo han hecho por defender su sagrado derecho de huelga... han sufrido conscientemente, incluso se han expuesto a las represalias patronales, sin importarles el sacrificio personal: ése es un rasgo del proletariado que garantiza triunfos en las grandes lucha, que tenemos por delante... La unidad ha sido la base del triunfo y la unidad de acción debe reforzarse, porque frente a las injusticias de los patronos y del gobierno tenemos intereses que son más grandes que cualquier diferencia Los trabajadores expresaban su júbilo por el triunfo de la huelga de Acero y de la Huelga General, y la reafirmación del derecho Constitucional de Huelga...

Terminado el mitin en cada lugar, los trabajadores organizaban el cese ordenado de la huelga: desmontaban las carpas erigidas durante la misma, las cocinas, guardaban los parlantes, los garrotes, etc...

Los trabajadores se retiraban a sus casas con la moral combativa muy elevada, conscientes del papel que cada uno de ellos había desempeñado en ese triunfo... La mayoría de trabajadores por primera vez en su vida habían participado en una huelga. La confianza del proletariado en sus propias fuerzas había crecido enormemente...

LA HUELGA GENERAL PROGRESIVA HABÍA TERMINADO ESCRIBIENDO UNA DE LAS PAGINAS MÁS GLORIOSAS DEL MOVIMIENTO SINDICAL SALVADOREÑO...!!!

CONCLUSIONES: EXPERIENCIAS Y LECCIONES

LA HUELGA GENERAL PROGRESIVA ha sido un acontecimiento de gran trascendencia para el movimiento sindical salvadoreño. Sería difícil extraer todas las experiencias y lecciones de este rico manantial histórico. Sin embargo, algunas conclusiones principales saltan a la vista con evidencia incontrastable.

Algunas de estas lecciones y experiencias Son las siguientes:

lo. La Huelga General Progresiva fue una elevada expresión de conciencia de clase de los trabajadores. Los ideólogos de los patronos se han esforzado gastando ríos de tinta en demostrar que la sociedad capitalista no está basada en la lucha de clases; se esfuerzan en demostrar que no hay contradicciones fundamentales entre la clase obrera y la clase capitalista, y que el signo básico en las relaciones obrero-patronales es el de la “armonía de clases.” Pero la conducta de la clase patronal durante la huelga del acero y la Huelga General demostró cuán antagónicos son los intereses de los patronos en relación con los intereses de los trabajadores. Frente a esto los trabajadores, al irse a la huelga general, expresaron una elevada conciencia clasista que les indicaba que sólo acumulando una enorme fuerza material era posible reducir la resistencia enconada de la clase patronal que estaba dispuesta a privarles de derechos elementales; la Huelga General Progresiva fue la culminación d una serie de choques en la lucha de clases, y por tanto, su síntesis y su expresión más elevada en este período del despertar del espíritu combativo de los trabajadores en el terreno sindical. En la lucha por sus derechos, la clase obrera tiene que chocar inevitablemente con los intereses de la clase que la explota -la clase capitalista- y la Huelga General elevó su conciencia de este hecho básico.

2° En el polo opuesto, el mismo hecho mostraba simultáneamente que la clase patronal tiene una clara conciencia de los intereses de su clase. Toda la clase patronal se puso de inmediato, sin vacilaciones, detrás de los intereses de la empresa del Acero, y toda, como un solo hombre, puso el peso de su poderío económico y político, para privar a la clase trabajadora de su derecho constitucional de huelga. Si la clase obrera unida no hubiera opuesto al frente patronal la fuerza incontrastable de su unidad y de su combatividad, la clase patronal unida y con alta conciencia de sus intereses de clase hubiera privado a los trabajadores de ese derecho que es clave para la lucha por el mejoramiento de sus condiciones de vida.

3° La Huelga General Progresiva se convirtió en una escuela práctica de la lucha huelguística para los trabajadores. La inmensa mayoría de las decenas de miles de obreros que se pusieron en huelga, que soportaron privaciones, sereno, lluvia, viento, polvo, sol, en el transcurso de la misma, jamás habían sabido prácticamente lo que era una huelga, y sólo habían oído o leído sobre ella. Muchos, gremios y sectores de industria no se creían capaces de organizar y desarrollar una huelga. Pero al incorporarse supieron lo que es ella, aprendieron a organizarla, a impulsarla y sostenerla. Es una experiencia valiosísima para los trabajadores salvadoreños que sin la huelga general hubieran necesitado meses y tal vez años para adquirirla. Experiencia que será de inapreciable valor cuando a cada uno de estos sectores les corresponda usar esa gran arma de la lucha obrera en apoyo de sus demandas específicas.

4° La Huelga General fue la expresión más acusada del despertar combativo de la clase obrera salvadoreña en la lucha por sus demandas inmediatas, y fue un impresionante acontecimiento de lucha después de una trayectoria del movimiento sindical de más de veinte años de evidente pasividad.

5° Este gran acontecimiento elevó a niveles incalculables la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas. La pasividad, el terror, la legislación patronal y la orientación oportunista, legalista reformista de los dirigentes sindicales oficialistas habían hecho perder a muchos sectores obreros la confianza en que a través de la lucha son capaces de triunfar. La elevación de esa confianza propia es para la clase obrera uno de los factores mas importantes para emprender con decisión la lucha por sus derechos económicos sociales y políticos.

6° Al elevar la confianza en sí misma, la clase obrera elevó asimismo su moral combativa, esencial para las luchas decididas, audaces, estoicas, serenas y disciplinadas: moral que prepara a los trabajadores para el espíritu de sacrificio y para el heroísmo necesario para vencer en las grandes batallas de clase que conducen a la liberación definitiva. El triunfo de la Huelga General elevó aún mas la moral proletaria, y sentó premisas claras para nuevos avances del movimiento sindical en todos.. los aspectos: organizativo y reivindicativo.

7° Al incorporarse a la Huelga General, los trabajadores mostraron la disposición a defender sus derechos no sólo con los medios lentos, burocráticos, con frecuencia estériles y desfavorables, determinados por leyes patronales, sino también a hacer uso de todo medio posible al alcance del grado de organización y conciencia de clase. La clase trabajadora estuvo dispuesta a defender sus derechos INCLUSO POR LOS MEDIOS VIOLENTOS SI ERA NECESARIO. La disposición de los trabajadores el 17 de abril a derramar su sangre y a pagar cara la agresión a sus derechos, y la permanente disposición durante la huelga general a no permitir que ella pudiese ser rota por los rompehuelgas o los patronos fue inequívoca. Por eso el garrote, rudimentaria arma de defensa, se convirtió en el símbolo de que los trabajadores estaban dispuestos a defenderse no simplemente con las manos de la agresión a sus derechos, viniere de donde viniere: de los patronos o del gobierno. Esta disposición es un germen de la integral decisión que la clase obrera necesita para las luchas decisivas.

8° El triunfo de los trabajadores en la huelga general, ha sido una demostración clarísima para todos, de que sí la clase obrera está unida y decidida a luchar, logra la victoria inevitablemente.

9° La Huelga General mostró que la unidad de acción es no sólo posible sino necesaria frente a los planes y ataques de la patronal y del gobierno. Al iniciar la huelga del Acero muy poca gente creía que en el desarrollo de la misma se iba a poder llegar a la unidad entre las dos Centrales del país. La obtención del acuerdo de unidad de acción significó un clamoroso triunfo para la clase obrera salvadoreña, que sentó las bases para el triunfo final de esa batalla.

Para todos los trabajadores quedó muy claro que sin haberse logrado esa unidad de acción entre la FUSS y la C.G.S., la victoria contra la patronal unida no se habría logrado: esto mostró a los trabajadores la necesidad ineludible de la misma. El haberse logrado esa unidad de acción, ha mostrado también a todos los trabajadores, que dicha unidad no sólo es necesaria sino también posible, a pesar de todas las dificultades y diferencias. Esto ha sentado las premisas para fortalecer los esfuerzos, por la unidad. para obtener éxitos cada vez más significativos en ese camino.

10° La Huelga General mostró que la unidad de acción es posible obtenerla, aún cuando los dirigentes oficialistas u oportunistas no la quieran, toda vez que en las bases sindicales prenda la conciencia sobre la necesidad de la unidad. Si las bases se compenetran de esa necesidad, obligarán a los dirigentes oportunistas a llegar a ella, si es que no quieren quedarse irremediablemente aislados y abandonados por la masa de trabajadores que pretenden dirigir. Esa es la gran lección que aportó el proceso de esta lucha. Los dirigentes de la C.G.S. se opusieron con todas sus fuerzas a llegar a la unidad, y durante las primeras luchas no fue posible llegar a ella. Por ejemplo, durante la huelga de IUSA, de motoristas, de trabajadores del Aseo público pero, ante la presión de sus propias masas, cuando el conflicto de los trabajadores de acero llegó a un punto culminante, se vieron forzados a llegar a la unidad de acción y, debido a la actitud combativa de sus propias masas, perseveraron en la unidad hasta el final de la huelga general. Esta es una lección de primer orden, en un aspecto sumamente importante para las luchas del proletariado. Esto mostró también que la unidad se obtiene en el combate frente a la patronal y no en el frío parlamento.

11º. La concertación de la unidad de acción entre la FUSS y la C.G.S. y el desarrollo de la Huelga General Progresiva fue una comprobación evidente de la justeza y corrección de la línea de unidad que consecuentemente proclama y lleva a la práctica la FUSS. La práctica invariable de esa línea de unidad, todos los días; la práctica de esa línea durante las huelgas de IUSA y Acero (que eran Sindicatos afiliados a la C.G.S.) hicieron madurar las condiciones para que fructificara la unidad de acción, y para que los mismos dirigentes de la C.G.S. que se han caracterizado por su claudicación vergonzosa en las luchas obreras, tuvieran que adoptar actitudes de combatividad y decisión necesarias para vencer en esta lucha. Esta es otra lección de gran importancia, valedera para futuras luchas de la clase trabajadora. La FUSS ha llevado a cabo la lucha por la unidad propiciando consecuentemente las acciones unidas frente a la clase patronal, y al mismo tiempo, combatiendo sin descanso en el terreno ideológico todas las inconsecuencias, claudicaciones y traiciones de la dirección de la C.G.S. Eso ha ido educando a las propias bases de esta organización. Los resultados han demostrado cuán correcta es la orientación que sigue la FUSS en el terreno de las alianzas, al aplicar el principio dialéctico de UNIDAD CON LUCHA, UNIDAD frente a la clase patronal, LUCHA ideológica frente a la claudicación y el oportunismo.

12° La Huelga General hizo resaltar un nuevo rasgo de elevado sentido de solidaridad de los trabajadores: los millares de trabajadores se fueron a la huelga no por las propias demandas de cada sector, no por aumentos de salarios propios.. ni por otras prestaciones laborales para cada uno de los trabajadores en huelga, sino por el sublime objetivo de hacer triunfar en sus justas demandas a otros compañeros lejanos que se encontraban bajo el embate de la clase patronal; y por el alto objetivo de toda la clase obrera, de defender y reafirmar su constitucional derecho a huelga. Ni un sólo centavo de aumento, ni una sola ventaja personal o de grupo perseguían los trabajadores que se incorporaron a la huelga general. Todo gremialismo, toda estrechez y egoísmo fue hecho a un lado para propiciar la victoria de estos dos objetivos. Y los trabajadores se comportaron admirablemente, arrojándose a la lucha con toda la decisión y el entusiasmo, con toda la disciplina y la organización, con el más alto espíritu de sacrificio, como si estuviera luchando cada uno por las propias demandas inmediatas de los trabajadores de cada empresa. No les arredraron las amenazas de los patronos, ni la posibilidad de perder el trabajo, o de perder prestaciones. Ese elevado sentido de solidaridad de clase ha sido una enorme lección que el proletariado ha dado a toda la sociedad salvadoreña.

13° La Huelga General mostró cómo la unidad y la firmeza de la clase obrera en sus luchas es capaz de agudizar las contradicciones internas en el seno de las clases dominantes y en el interior del gobierno de éstas. El distanciamiento entre el presidente Rivera y los dirigentes sindicales oficialistas -reflejo de contradicciones en el seno del partido de gobierno y de contradicciones entre los equipos gobernantes entrante y saliente- así como los desajustes que aparecieron a última hora entre la empresa y los mediadores del gobierno y entre la empresa de Acero y algunos importantes integrantes de la ASI, muestra que las condiciones internas de la clase dominante como resultado de ello, sus vacilaciones, pueden agudizarse notablemente en determinadas coyunturas políticas, si la clase obrera mantiene y acrecienta la unidad y la firmeza en la lucha.

14° Al mismo tiempo, este acontecimiento mostró de parte de lo trabajadores, un adecuado aprovechamiento en favor de sus objetivos de la coyuntura política de las contradicciones en el seno de las clases dominantes y de su gobierno. y de las condiciones creadas con su unidad.

15° Con las huelgas anteriores, la del Acero y como resultado de la Huelga General, la legislación laboral-patronal fue de hecho lanzada al cesto de la basura. Lamentándose de ello, los mismos patronos y el gobierno han calificado de “inoperante” al Código de Trabajo. Este, inevitablemente tiene que ser cambiado. Indudablemente, los patronos tratarán de que se promulgue un Código de Trabajo igual o peor, adornado con fraseología engañosa; pero los trabajadores, haciendo honor a la voluntad demostrada durante la Huelga General, debemos estar dispuestos a que esa voluntad sea reflejada en una nueva legislación laboral democrática y no reaccionaria y patronal.

16° La Huelga General Progresiva convirtió en cadáver político al Ministro de Trabajo que había tratado de aplastar la huelga de los trabajadores del Acero. Al final de la huelga, dicho funcionario era el cadáver de ministro, que tenía sus días contados en dicho puesto, por lo que ya no era necesario seguir luchando por su destitución. Con él quedaban clamorosamente condenados por los trabajadores los métodos patronales de dirigir el Ministerio de Trabajo. La suerte de este Ministro es una advertencia categórica para sus sucesores, si éstos siguen -como es casi seguro- la indignante política patronal y antiobrera.

17° Uno de los resultados de la Huelga General Progresiva fue haber alcanzado la victoria rotunda de los trabajadores del Acero en sus justas peticiones. Es indudable que sin ese gran movimiento los trabajadores del Acero hubieran sido aplastados por la poderosa conjunción de fuerzas integradas por los patronos y el gobierno y toda la reacción interna y externa. Sólo con la Huelga General se pudo crear tal correlación de fuerzas, que hizo posible la victoria de la huelga del Acero.

18° La Huelga General fue. por sí misma. la clamorosa reafirmación del derecho constitucional de huelga de los trabajadores salvadoreños. La clase patronal fue derrotada rotundamente en ese esfuerzo clave por privar durante todo un periodo a la clase trabajadora de ese esencial derecho que está consagrado por la Constitución, pero prácticamente negado por el Código de Trabajo patronal. Esta ha sido una gran victoria del movimiento sindical salvadoreño en esta etapa de sus luchas.

19° La marcha triunfal de la Huelga General significó el estrepitoso fracaso de la asquerosa traición a la unidad sindical y a la lucha del proletariado salvadoreño, llevada a cabo en forma activa y provocadora por los nuevos instrumentos del gobierno de Rivera en el movimiento sindical, encabezados por Barrios Amaya, que mordieron el polvo frente a la unidad y determinación de los trabajadores a defender sus derechos constitucionales y hacer triunfar a los trabajadores del Acero. La derrota de los esfuerzos de este grupo, allanó el camino para el triunfo final. Este será un gran factor de educación ideológica para los trabajadores salvadoreños, experimentado en el fragor de la lucha contra los patronos y contra las peligrosas maniobras del gobierno.

20° El triunfo de la Huelga General significó también el fracaso de las sucias armas del anticomunismo a que recurrió Rivera y la clase patronal en sus desesperados esfuerzos por romper la unidad del movimiento sindical. Esto demuestra que cuando los trabajadores están firmes y conscientes en la defensa de sus derechos y sólidamente unificados, los perversos ataques del anticomunismo fracasan en sus objetivos de sembrar el temor, la confusión y la división, y tienen como resultado el acrecentamiento de la indignación y del espíritu combativo de los trabajadores.

21º. Durante la Huelga General se mostró el sólido apoyo del pueblo y especialmente de los sectores democráticos organizados hacia la clase obrera. La ayuda de los estudiantes, mujeres, jóvenes, pequeños comerciantes, etc., estableció una alianza militante entre estos sectores; garantía indiscutible de futuros triunfos de las fuerzas democráticas en sus luchas generales de la democracia, el progreso y la independencia nacional. La huelga general causó gran efervescencia en todo el país y elevó la combatividad de todo el pueblo.

22° Estas jornadas han mostrado que la clase trabajadora es poderoso baluarte del movimiento democrático del país, del progreso y de la liberación nacional.

23° Estas jornadas han mostrado con toda claridad que la clase obrera es la clase motora y determinante de las sociedad salvadoreña; determinante en la producción y que será la determinante en los cambios revolucionarios profundos que en la estructura y superestructura del Estado Salvadoreño son necesarios y urgentes.

24° Es preciso indicar también que las huelgas habidas durante el presente año, que culminaron con la Huelga General Progresiva, han mostrado -a despecho de lo que tratan de demostrar los escritores reaccionarios y patronales- que las huelgas son altamente beneficiosas para el país, para su economía y para el bienestar de sus habitantes. porque determinan la elevación del nivel de vida de las mayorías trabajadoras, mejoran relativamente la dura situación económica de la familia trabajadora y. en consecuencia, elevan su capacidad de compra, con lo que se amplía el mercado interno y por tanto crean condiciones para la ampliación de la industria y de la producción en general. Esto propicia el terreno para el progreso y el desarrollo económico nacional.

En ese sentido, la huelga es un arma altamente patriótica de los trabajadores que, al luchar por sus derechos y por el mejoramiento de sus condiciones de vida, mejoran la dura situación actual de las grandes mayorías de la población de nuestra Patria.

Estas son las conclusiones principales, aunque no las únicas, que se extraen de esa gloriosa jornada de la Huelga General Progresiva, que ha pasado a ser ya una de las páginas más brillantes del movimiento Sindical de El Salvador.

Con la confianza puesta en sus propias fuerzas, mediante la unidad y la lucha persistente por sus derechos y por los altos objetivos del pueblo, la clase trabajadora indudablemente alcanzará las más grandes victorias en el futuro...

ADELANTE...!

 

San Salvador, 6 de Agosto de 1967.