Indice de Obras
Nahuel Moreno

UN DOCUMENTO ESCANDALOSO
(en respuesta a “En defensa del leninismo, en defensa de la Cuarta Internacional” de Ernest Germain)

Capítulo I
Bolivia, clave de la actual discusión

 

Las previsiones de la mayoría

Cuando Trotsky dijo que “dirigir es prever” estaba afirmando que sin pronósticos correctos sobre el futuro inmediato de la lucha de clases, es imposible elaborar una política revolucionaria. Para lograrlo el marxista hace un análisis objetivo de la situación de la lucha de clases, basándose en ese arsenal teórico acumulado por el movimiento obrero en más de 100 años de lucha, que es el marxismo-leninismo-trotskismo.

Cuando alguien abandona esa tradición teórica y práctica cae, inevitablemente, en análisis, previsiones y líneas políticas incorrectas. Esto es lo que les ha sucedido, con respecto a Bolivia, a los compañeros de la mayoría. Todos ellos, en especial Germain, han echado por la borda los conocimientos anteriores para adherir casi incondicionalmente a una teoría, la guevarista. ¿Qué dice esa teoría? Simplemente, que en América Latina hay una unidad monolítica del imperialismo con las burguesías nacionales y sus ejércitos. El imperialismo es quien decide los cambios de régimen, optando por los “fascistas” o los “democráticos” según le convenga, pero la tendencia general es hacia los regímenes fascistas, los cuales, al liquidar toda posibilidad de lucha o movimientos legales, llevan inevitablemente a que todas las protestas se tengan que hacer armas en mano. Lo opuesto ocurre cuando se instauran regímenes de democracia burguesa: en esos casos, la perspectiva de lucha armada se aleja hasta desaparecer.

En otra parte veremos que este razonamiento no tiene nada que ver con el trotskismo. Lo que veremos aquí es cómo los compañeros de la mayoría adhirieron a estas concepciones, y cómo esa adhesión los llevó a hacer previsiones totalmente incorrectas y a formular líneas políticas absolutamente equivocadas en Bolivia, en los años que van desde el Noveno Congreso Mundial hasta la fecha.

El “Che” Maitán

Ya antes del Noveno Congreso, el compañero Maitán comenzó a aplicar para Bolivia el análisis guevarista:

“Dada la situación económica y social del país, el régimen capitalista —sea a través de Barrientos o cualquiera de sus posibles sucesores— sólo podrá sobrevivir empleando la violencia más sistemática. Esto implica que el trabajo preparatorio y organizativo más o menos legal será imposible para el movimiento obrero y ] campesino. Y, en el actual contexto, esto también excluye cualquier perspectiva de que la lucha tome la forma de insurrección urbana en su comienzo. Las contradicciones explosivas aún se dan en el campo y todavía hay posibilidades de que se den drama* ticos conflictos armados”. [1]

Para que no quedaran dudas, Maitán, en otra parte del] mismo artículo, aclaraba:

“Esto significa, más concretamente, que el método de la guerrilla, comenzando en zonas rurales, sigue siendo el método correcto.” [2]

Para sorpresa de los compañeros de la mayoría, vino primero el gobierno de Ovando y luego el de Torres, un gobierno burgués que permitió amplios márgenes democráticos al movimiento de masas y a los partidos de izquierda. El desconcierto que provocó entre ellos este acontecimiento inesperado se evidenció en dos pronósticos, aparentemente contrapuestos, de los compañeros Germain y Frank.

El laboratorio Frank-Germain

El compañero Frank, fiel a una parte del razonamiento guevarista (gobiernos democráticos = no hay perspectivas de lucha armada), vaticinó lo siguiente:

“Por el momento, y nadie sabe por cuánto tiempo será, la lucha armada no está a la orden del día en Chile y Bolivia.” [3]

El compañero Germain también fue fiel a una parte —distinta de la que tomó el compañero Frank— del razonamiento guevarista (unidad monolítica entre el imperialismo y las burguesías nacionales y sus ejércitos = tendencia a regímenes totalitarios). De allí dedujo que:

“Aquellos que piensan que, porque el general Torres subió al poder «con el apoyo de la izquierda», será más «tolerante», sufrirán unas cuantas sorpresas desagradables tan pronto como aquél logre restablecer la unidad del ejército, que es su objetivo primordial.” [4]

Como vemos, hubo entre Frank y Germain una verdadera división del trabajo y una apasionada competencia para aplicar lo mejor posible la concepción guevarista. Para uno, como el gobierno de Torres (y el de Allende) daban libertades democráticas, desaparecían las perspectivas de lucha armada en Bolivia (y en Chile). Para el otro, el “objetivo principal” de Torres era “restaurar la unidad el ejército” para después reprimir a las masas y a la izquierda, o sea que Torres era sólo una variante de esa unidad monolítica de los militares y burgueses nacionalistas con el imperialismo. Aparentemente contradictorios, ambos pronósticos se unían en un todo superior: el esquema guevarista de la lucha de clases en América Latina.

Los “aportes” del SU

Después de Torres vino Banzer. Seguro que los compañeros de la mayoría respiraron aliviados. ¡Por fin Bolivia volvía a la “normalidad” guevarista! Nuevamente estábamos frente a un régimen de unidad monolítica con el imperialismo. Nuevamente la represión volvía a abatirse sobre los trabajadores y la izquierda bolivianos, con lo que la lucha armada estaba nuevamente a la orden del día.

“La victoria del golpe de estado pro-imperialista —teleguiado y coordinado por representantes directos del imperialismo americano y dirigida por sus principales agentes sobre el terreno— representa una derrota táctica de las masas trabajadoras de Bolivia. Pero no es el fin de la guerra civil, no es más que el comienzo abierto. De una guerra civil larvada e intermitente, Bolivia pasa ahora a la guerra civil abierta y permanente.” [5]

Mientras la mayoría hacía estos vaticinios, la minoría sacaba conclusiones totalmente opuestas, que veremos al final de este capítulo. Ha llegado el momento de hacer el balance echando un vistazo a lo que realmente ocurrió en la lucha de clases boliviana.

Un equipo coherente de elaboración: ninguno acertó

Todos los hechos se encargaron de desmentir los pronósticos de la mayoría. En vez de “sobrevivir a través de la violencia sistemática” como decía Maitán en la época de Barrientos, el régimen sobrevivió a través de las concesiones de Ovando y Torres a las masas. El trabajo legal, que según Maitán sería “imposible para el movimiento obrero y campesino”, se hizo cada vez más posible bajo Ovando y plenamente abierto bajo Torres. La lucha armada no se dio en el campo, como preveía Maitán, sino en la ciudad (perspectiva expresamente “excluida” por él), y no tomó la forma de guerrilla rural, sino la de insurrección urbana. Tampoco se dio bajo el régimen más reaccionario (Barrientos), sino bajo el más democrático (Torres).

A los compañeros Germain y Frank no les fue mejor que a Maitán con sus previsiones. Los primeros ejemplos de lucha armada después de los de Santo Domingo, no aparecieron en ningún país con régimen dictatorial, sino que se dieron en Bolivia y Chile, países donde, según el compañero Frank, “no estaba a la orden del día”. El gobierno de Torres no tuvo ninguna posibilidad de “restaurar la unidad del ejército” como preveía Germain, ni tampoco dio ninguna “sorpresa” represiva a las masas y a la izquierda. Por el contrario, el ejército boliviano nunca estuvo más dividido desde la revolución de 1952 hasta la fecha que bajo el gobierno de Torres; y fue necesario un golpe militar que liquidara a Torres para “restaurar la unidad del ejército” y lanzar la represión.

Finalmente, no hemos visto todavía el famoso “comienzo abierto” de una “guerra civil abierta y permanente” que según los compañeros de la mayoría iba a venir como resultado inmediato del golpe de Banzer.

Hemos visto, eso sí, que el movimiento obrero boliviano tardó relativamente poco en recuperarse de la derrota que significó la caída de Torres, y que está desarrollando importantes luchas defensivas. Hemos visto también cómo en una de esas batallas hubo grandes enfrentamientos callejeros en La Paz. Y, finalmente, podemos prever que, si el ascenso del movimiento obrero y de las masas bolivianas sigue haciendo crecer estas luchas defensivas, desembocará en un nuevo régimen “democrático”, que volverá a dar libertades y concesiones al movimiento de masas y volverá a poner a la lucha armada a la orden del día.

Las previsiones de los compañeros de la mayoría sólo sirven si las invertimos, es decir, si basamos nuestra política en que sucederá exactamente lo contrario de lo que ellos vaticinan. Con semejantes asesores, sería un gran error echar sobre las espaldas de la sección boliviana la responsabilidad de todas —o incluso de la mayoría— de las equivocaciones cometidas.

Ultraizquierdismo y trotskismo frente al peligro fascista

El ultraizquierdismo no es un fenómeno nuevo en el movimiento revolucionario mundial. Junto al oportunismo ha sido un peligro permanente para la construcción del partido revolucionario, y el eje de algunas de las más violentas batallas políticas de Lenin y Trotsky. Dos de esas batallas, fundamentalmente, han dejado una rica experiencia teórica y práctica: la de Lenin en la Internacional Comunista (cuando escribió “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”) y la de Trotsky contra el stalinismo del “tercer periodo”.

Actualmente, ha surgido una nueva versión del ultraizquierdismo: el guevarismo. Estos tres tipos de ultraizquierdismo tienen orígenes históricos y contenidos sociales distintos.

El primero, combatido por Lenin en la Internacional Comunista, era el ultraizquierdismo que reflejaba a sectores radicalizados impactados por la Revolución Rusa que estaban impacientes por repetir la misma experiencia en todos los países. Era un ultraizquierdismo de la joven generación.

El segundo tipo de ultraizquierdismo, combatido por Trotsky, era diametralmente opuesto. Era nada más que un momento, un viraje a la ultraizquierda del centrismo stalinista. Expresaba la política circunstancial de una casta contrarrevolucionaria, que llevaría al movimiento obrero mundial a la peor derrota de su historia: el triunfo del nazismo.

El tercer tipo de ultraizquierdismo, el guevarista, se parece más al primero por su origen histórico y su contenido social. Es el de la juventud izquierdizada repelida por el stalinismo. Por su origen histórico y su contenido, no tiene nada que ver con el ultraizquierdismo stalinista del “tercer periodo”, pero sí se parece a él en sus postulados teóricos y en la mecánica con que se mueve su razonamiento político.

Comenzaremos por describir cuál fue la política stalinista del “tercer periodo” que Trotsky combatió y cuál fue su posición. Luego veremos en qué se asemeja la concepción guevarista a la del tercer período y si ésta fue realmente la que los ca maradas de la mayoría aplicaron al formular su política para Bolivia.

El ultraizquierdismo stalinista del “tercer período”

Antes que Hitler tomara el poder, el stalinismo se dio una política ultraizquierdista, denominada del “tercer periodo”: Al no querer luchar por el frente obrero antifascista en Alemania, permitió el ascenso de Hitler al poder. Esta política abarcó los años que corrieron entre 1928 y 1933.

En la lucha a muerte contra el ultraizquierdismo del tercer periodo nació el trotskismo como tendencia internacional bien organizada. La ruptura con la III Internacional y el plan de que era necesaria una nueva organización internacional revolucionaria fueron una consecuencia de esa catastrófica política stalinista.

Los cinco aspectos fundamentales en los que Trotsky la atacó son los siguientes:

a) No saber distinguir el gobierno fascista —o el peligro de gobierno fascista o ultrarreaccionario— de las otras formas burguesas de gobierno.

Trotsky no se cansó de señalar que todos los gobiernos burgueses no son iguales. Que hay que saber distinguir cuidadosamente los distintos tipos que existen y establecer si hay luchas entre bandos de la burguesía. Insistió en que, cuando hay síntomas de avance fascista se debe señalar a los trabajadores que la tarea más urgente es combatirlo a muerte, por todos los medios. Para ello, es necesario medir conscientemente si hay fuerzas suficientes para voltear al gobierno burgués de turno y tomar el poder, o si, en cambio, hay que unir a los trabajadores en luchas defensivas contra el fascismo.

El stalinismo, por el contrario, definía como igualmente peligrosos a los dos campos burgueses (el reaccionario o el “democrático”). Caracterizaba como fascistas a todos los gobiernos y partidos políticos, especialmente a los partidos obreros (“socialfascistas”, etc. ). Al final, cuando el agua les llegó al cuello, los stalinistas se vieron obligados a luchar por el régimen burgués democrático y terminaron capitulando ante él con los “frentes populares”.

b) No aplicar la política del frente único obrero contra el peligro de gobiernos fascistas o ultrarreaccionrios.

En tiempos de Lenin, la Internacional Comunista —especialmente a partir de su tercer congreso— había formulado la política del frente único obrero, principalmente para tareas defensivas. Trotsky decía que en Alemania había que llamar a la dirección y a las bases de todas las organizaciones que se reclamaban del proletariado a enfrentar unidas la tarea más urgente y sentida por los obreros: defenderse del fascismo.

El stalinismo, en cambio, aplicaba su propia versión ultraizquierdista del frente único: llamaba a la unidad para la acción revolucionaria y no para la acción defensiva antifascista. Y este llamado lo hacía sólo a las bases de las organizaciones obreras reformistas, ignorando a sus direcciones. A esto lo llamaba “frente único por la base”. En los hechos, quería decir que el Partido Comunista Alemán no hacía frente único con nadie, o a lo sumo hacía una parodia de frente único con su periferia de simpatizantes y los escasos obreros reformistas que ya casi habían roto con sus líderes y organizaciones.

Trotsky insistió hasta el cansancio en que la política del frente único obrero está basada en proponer tareas sentidas por todos los trabajadores, principalmente por los trabajadores reformistas. También insistió en que el planteamiento de frente único debía hacerse a las organizaciones reformistas, empezando por sus direcciones. Las razones que daba Trotsky eran concluyentes: “si hay amplios sectores obreros que siguen dentro de las organizaciones reformistas, es porque creen en ellas y en sus Líderes”.

Por lo tanto, el solo hecho de pretender ignorar a los dirigentes reformistas arruina toda posibilidad de acción común con los obreros de esas organizaciones. Lo mismo ocurre si, en vez de plantear acciones comunes defensivas contra el fascismo, se plantean acciones revolucionarias, de derrocamiento de los gobiernos burgueses democráticos, a los obreros reformistas. Concretamente: un obrero socialdemócrata que odiaba a Hitler, podía aceptar la unidad de su partido con el Partido Comunista para defenderse de él. Ese obrero era socialdemócrata justamente porque aún no quería derribar al gobierno burgués democrático. Todo llamado a la acción común para esta última tarea, caía en el vacío entre los obreros socialdemócratas, porque estaba mucho más allá de lo que sentían y comprendían que debían hacer.

Finalmente, al plantear el frente único en esa forma sectaria y ultraizquierdista, el Partido Comunista no tenía ninguna oportunidad de desenmascarar a las direcciones reformistas y ganarles su base obrera para una política revolucionaria.

c) Crear organizaciones de masas artificiales, paralelas a las tradicionales (que estaban dirigidas por los reformistas).

Estas invenciones organizativas (sindicatos “rojos”, soviets por encargo), imaginadas por el stalinismo para desarrollar el proceso revolucionario, eran la consecuencia de haber abandonado la política del frente único obrero. Toda organización de masas es —de hecho— un frente único obrero, dado que allí se agrupan los trabajadores de todas las tendencias.

Contra esta línea de crear organismos artificiales, Trotsky reiteró la posición leninista de permanecer y trabajar en las organizaciones tradicionales del movimiento obrero (sindicatos, comités de fábricas, soviets del movimiento de masas, etc. ) cualquiera que fuere su dirección. Estar allí era doblemente imprescindible: en primer lugar, para enfrentar al peligro de la ultraderecha en forma unida, en segundo lugar, para disputar la dirección del movimiento de masas a los reformistas.

d) Plantear el armamento del proletariado como una tarea en sí.

El stalinismo veía esta actividad como algo independiente de la situación política de conjunto. Para citar un caso, veamos el de España en 1931, del cual Trotsky hizo un magnífico análisis. El problema político central, y el que más interesaba a las masas en ese momento, eran las elecciones a las Cortes (Parlamento). El stalinismo, al mismo tiempo que mantenía silencio sobre las elecciones, agitaba la consigna de “armamento de los obreros”. Trotsky señalaba con razón que “lanzar la consigna de armamento de los obreros en contra de las realidades de la vida política que alcanzan en lo más profundo a las masas, es aislarse a sí mismo de las masas, y, al mismo tiempo, alejarlas del empleo de las armas”. Y proponía, en cambio, que la consigna de armamento formara parte de un programa político estructurado; es decir, un programa que tomara en cuenta la situación de la lucha de clases, y especialmente la intervención en las elecciones de las Cortes.

e) Sostener que el triunfo del nazismo abría nuevas y mejores perspectivas de luchas revolucionarias y de desarrollo del partido que las que se daban bajo el régimen democrático-burgués.

Esto ya no era para Trotsky un “error”. Era un suicidio y una traición incalificable, porque el triunfo reaccionario habría de retrasar, hasta límites incalculables, el proceso revolucionario.

El ultraizquierdismo guevarista

Como concepción, el guerrillerismo guevarista es una repetición y ampliación de estos trágicos errores ultraizquierdistas que acabamos de resumir. Veamos las similitudes.

a) El stalinismo no halló diferencias entre el fascismo y la social democracia reformista. El guevarismo no hace diferencias entre los diversos regímenes que se dan en América Latina. Para él, el nacionalismo burgués y el régimen ultrarreaccionario proimperialista no son más que distintas formas de gobierno que asume el acuerdo monolítico entre burguesías nacionales e imperialismo, cuya tendencia es hacia el monolitismo total, fascista o semifascista.

b) El stalinismo se negaba de hecho a plantear el frente único obrero contra el fascismo (al plantear el “frente único por la base”). El guevarismo no plantea el frente único en ningún sentido y, más aún, abandona todo intento de trabajar en el movimiento de masas. Comete un error similar, pero más grave.

c) El guevarismo intenta crear organismos artificiales para la toma del poder, despreciando a los que se dan las masas. Pero también agudiza este error porque el stalinismo intentaba, al menos, copiar las organizaciones del movimiento de masas (soviets y sindicatos), en tanto que el guevarismo plantea como órgano de poder al “ejército guerrillero”.

d) El guevarismo siempre plantea el “armamento en sí”, pero profundiza el error porque ni siquiera se lo plantea a las masas, como los stalinistas, sino a una vanguardia.

e) Finalmente, como el stalinismo, sostiene que los regímenes fascistas son la mejor base objetiva para el desarrollo de la lucha armada.

Nuestros camaradas de la mayoría son dignos discípulos del ultraizquierdismo guevarista, y, como veremos a continuación, estos criterios fueron, y son, los ejes de la política mayoritaria en Bolivia.

¿Todos los gobiernos son iguales?

Hemos visto que uno de los errores que Trotsky criticaba al ultraizquierdismo era el poner un signo igual entre todos los gobiernos burgueses. Para los ultraizquierdistas, todos los gobiernos eran “fascistas” por la sola razón de ser burgueses.

Los compañeros del POR(C) no barajan la posibilidad de regímenes distintos, provocados por las contradicciones generales con el imperialismo y el movimiento de masas en ascenso. Así caen en una peligrosa confusión

Una cosa es no confiar en ningún gobierno burgués ni apoyarlo, aunque sea de “izquierda” o “nacionalista”; otra cosa es no distinguirlos de los gobiernos ultrarreaccionarios, y no darse una política apropiada ante cada uno de ellos. No apoyar a Torres o al primer gobierno de Perón, es correcto. No distinguirlos de los regímenes de Banzer u Onganía es suicida.

Barrientos - Ovando - Torres

De que el régimen de Barrientos era reaccionario y agente del imperialismo no cabe ninguna duda. Pero luego de Barrientos vino Ovando, y el régimen cambió. Sin embargo, para el el gobierno de Ovando era el gobierno “del capitalismo imperialista moribundo, que ha asumido una máscara ‘revolucionaria’ para salvarse a sí mismo”. [6]

Compañeros del POR(C), ¿la diferencia entre Barrientos y Ovando era sólo una “máscara”?

La realidad siguió cambiando: el régimen de Ovando fue sustituido por el de Torres. Pero las caracterizaciones se conservaron. Para el POR(C):

“La tendencia del ‘nacionalismo revolucionario’ que emergió con Ovando es la que continúa en el poder con Torres” (Torres está ubicado) “dentro de la política económica llamada ‘desarrollismo’ que el imperialismo lleva adelante para los países semicoloniales...” “Los oportunistas confunden este nuevo papel de los militares que cae en el campo de la táctica moderna del imperialismo, con el proceso revolucionario, que es cosa muy distinta”. “Por consiguiente, el Alto Mando Militar asesorado por la embajada yanqui, llegó a la conclusión de que había que sustituir al gobierno Ovando”. [7]

Para cerrar con un broche de oro la caracterización del régimen de Torres, “Combate,”, órgano oficial del POR(C) decía:

“En la crisis militar y política de octubre no triunfaron las masas. La victoria del general Torres es más bien una derrota de las masas revolucionarias y un triunfo del ejército como partido de la burguesía”. [8]

Como vemos, de Barrientos a Torres, pasando por Ovando, nada había cambiado en Bolivia, según los compañeros del POR(C). Todas eran derrotas de las masas. Todo se reducía a diferentes combinaciones tácticas, lucubradas por el imperialismo y los jefes militares bolivianos, en el aséptico laboratorio de la embajada yanqui, totalmente aislado de los efectos de la lucha de clases.

Trotsky contra el POR(C)

Sin embargo, Trotsky ya había señalado —en la época del “tercer periodo”— que: “la desgracia de la burocracia stalinista es que no ve mejor en España que en Alemania las contradicciones reales que existen en el interior del campo enemigo,...” “En teoría (si está permitido emplear aquí esta palabra) se asegura contra las desviaciones oportunistas rechazando de forma general efectuar cualquier diferenciación política o de clase: Hoover, Papen, Vandervelde, Gandhi, Racovsky, todos son ‘contrarrevolucionarios’, ‘fascistas’, ‘agentes del imperialismo’. Pero todo vuelco brusco en el curso de los acontecimientos, todo nuevo peligro, obliga en la práctica a los stalinistas a luchar contra uno de estos enemigos y a arrodillarse ante los otros ‘contrarrevolucionarios’ o ‘fascistas’”. [9]

Esta trayectoria que señala Trotsky nos sugiere un paralelo con nuestra sección boliviana: ¿acaso el POR(C) no comenzó por caracterizar a Torres como ejecutor “de la moderna táctica imperialista”, para verse luego obligado a combatir a su lado y, después, terminar “hincado de rodillas” ante él, en el FRA?

Sin dar ninguna importancia a las enseñanzas de Trotsky, los compañeros del POR(C) siguieron diciendo, bajo el gobierno de Torres, que “Los trabajadores y sus vanguardias revolucionarias no tienen que escoger entre dos bandos militares en pugna”. [10]

Mientras Trotsky en una situación igual decía exactamente lo contrario: “Los bolcheviques no permanecieron neutrales entre el campo de Kerensky y el de Kornilov. [Lucharon en el primero contra el segundo]. Aceptaron la autoridad oficial mientras no eran lo suficientemente fuertes como para derrocarla.” [11]

Para demostrar que esta ceguera política no fue un encandilamiento momentáneo, los compañeros del POR(C), dos meses antes del segundo golpe de Miranda lanzaron su célebre vaticinio:

“El Ejército, partido armado de la burguesía, sigue controlando el poder. Las discrepancias y roces entre los jefes militares, si bien es cierto que no han desaparecido, no son todavía lo bastante profundas como para enfrentar a unos sectores con otros y romper la estructura castrense”. [12]

Desde el punto de vista de los compañeros del POR(C), esto no podía ser de otra manera: ¿cómo iba a haber un “conflicto entre los distintos sectores”, o una ruptura de los altos mandos, si todos ellos obedecían como títeres a los mandatos del imperialismo, y los militares formaban una eterna unidad monolítica con el Departamento de Estado yanqui?

Unos meses después — ¡por fin!—, luego de un año de abiertos preparativos golpistas, con ruptura de los altos mandos en mil pedazos, y acontecidos dos golpes “fascistas”, el compañero González descubrió, asombrado, que “las grietas en el ejército son demasiado anchas”. [13]

Lamentablemente, ese cambio saludable no llevó al compañero González a distinguir entre Kerensky y Kornilov, entre Torres y Miranda-Banzer; siguió luchando contra los dos al mismo nivel, como si ambos fueran sus enemigos inmediatos. La cita que da el propio Germain (para demostrar lo contrario) nos da la razón a nosotros:

“Por esto decimos que el proceso revolucionario en Bolivia se enfrenta a dos peligros. Por una parte el golpe fascista que es alimentado desde la embajada yanqui y el gorilismo argentino y brasileño, golpe que se incuba en las divisiones de las FF.AA. bolivianas y por el otro lado está el reformismo militar y civil que busca adormecer la conciencia de las masas, que de hecho se ha convertido en un obstáculo para el triunfo de la revolución”. [14]

Aquí se dice claramente, que hay “dos peligros”: el “fascismo” y el “reformismo”, pero se pone un signo igual entre ambos, y no se dice que el peligro inmediato, cierto, objetivo, para el movimiento de masas, es el “fascismo”. Menos aún se señala el papel contradictorio del reformismo, el que, según Trotsky, no es sólo una valla hacia la revolución, sino también una valla hacia el fascismo. Esta diferencia, que es justamente la que había entre Kerensky y Kornilov, es la que nunca planteó el POR(C). La mejor demostración de que no se distinguió cuál era el peligro inmediato y puso en el mismo saco a todos los sectores y regímenes burgueses, se sintetiza en esta afirmación referida a la política de los “sectores más avanzados y combativos de la clase obrera”, semanas antes del golpe de Banzer:

“En realidad, ellos luchan por... un gobierno obrero y campesino que sea definitiva y concretamente antiimperialista y socialista”. [15]

Los compañeros del POR(C) hicieron caracterizaciones parecidas a los stalinistas del “tercer periodo”: igualaron reformistas con “fascistas”, nacionalistas burgueses con “agentes del imperialismo”, a Barrientos con Ovando, a Ovando con Torres y a Torres con los oficiales que preparaban el golpe. Y, después de todo, ¿para qué molestarse en buscar diferencias, si los cambios de gobierno no son más que un cambio de “máscaras” y a los presidentes los saca y los pone el embajador yanqui, apretando un timbre, después de hablar con los militares?

Nuestra sección frente a los golpes

No hacer la distinción entre los diferentes tipos de regímenes, llevó a los compañeros del POR(C) a darse una misma política frente a todos ellos. Al no plantear el frente único obrero para enfrentar a los golpes “fascistas”, los compañeros del POR(C) cayeron en el tipo de modelo del “tercer período” que criticó Trotsky.

Para refrescar un poco la memoria, recordaremos algunas fechas: Barrientos murió en un extraño “accidente de aviación” el 27 de abril de 1969: el 29 de septiembre del mismo año subió al poder el general Ovando. También en 1969 se reiniciaron las actividades guerrilleras, que terminarían sin pena ni gloria, en Teoponte, en octubre de 1970. El 6 de octubre de 1970 se produjo el primer intento de golpe “fascista”, el golpe del general Miranda, de cuyo fracaso surgió el gobierno de Torres. En enero de 1971, se sublevó nuevamente el general Miranda, de quien era segundo el general Banzer. Este último, finalmente, derribó a Torres el 21 de agosto de 1971, y sigue aún en el poder.

Como vemos, en el corto periodo que va de octubre de 1970 a agosto de 1971, hubo tres golpes “fascistas”. ¿Cómo preparó el POR(C) políticamente a las masas bolivianas, a la clase obrera y a su vanguardia para enfrentarlos? En nuestra opinión no los preparó en absoluto.

El primer golpe

De entre los materiales del POR(C) inmediatamente anteriores al golpe de Miranda, hemos buscado cuidadosamente alguna mención al peligro de golpe y algún llamado a la unidad de todos los partidos y comentes obreras para enfrentarlo. No hemos encontrado ninguna.

En cambio, sí encontramos pasajes como éste: “¿Qué pasa con el gobierno? Prepotente y temerario para hablarle al pueblo, pero incapaz de enfrentar a la derecha antinacional que él mismo denuncia. ¿O es que esa derecha actúa por encargo oficial?” “Si es necesario hablar de conjura antinacional, esa es la única que existe, colocarse un cuero de oveja para ocultar el hocico del lobo e hincar sus colmillos en el pueblo”. [16]

Los camaradas del POR(C) no sólo les decían a los trabajadores que tenían dudas de que existiera una conspiración de la derecha, sino que insinuaban que dicha conspiración actuaba “por encargo” del propio gobierno, que se colocaba “un cuero de oveja” para “hincar sus colmillos en el pueblo”.

Pero hay más aún. En el número siguiente de Combate leemos:

“Con ese criterio para nosotros la crisis militar no excede los límites de la ideología de esa institución que se llama Ejército y cuyo fundamento es el anticomunismo”. “Entonces, ¿dónde están las divergencias entre los generales? ¿Existen esas diferencias? Evidentemente sí. ¡Pero cuidado! El desacuerdo es táctico y se refiere a cómo derrotar al comunismo y cómo impedir el acceso de las masas al poder”. [17]

Para los camaradas del POR(C), las diferencias entre los militares bolivianos, tres meses antes del golpe de Miranda, eran “ideológicas”, eran desacuerdos “tácticos”, y alertaban: “¡Cuidado!” con confundirse dándole importancia a esas diferencias. Esto es lo opuesto a alertar sobre el peligro de un golpe de derecha.

Esto nos plantea algunas preguntas muy importantes: ¿Por qué los compañeros del POR(C) no aconsejaban, como Trotsky:

“Asumir una posición defensiva significa estrechar filas con la mayoría de la clase obrera alemana y la formación de un frente único con los trabajadores socialdemócratas e independientes, contra la amenaza fascista”? [18]

Es cierto que los compañeros del POR(C) tiraron un volante en el Congreso Minero de Siglo XX. Pero, ¿por qué, como nos enseñó Trotsky, no llevaron al Congreso Minero y a todos los sindicatos y partidos obreros “un programa concreto, cuidadosamente detallado y práctico para una lucha común contra el fascismo, exigiendo sesiones comunes de los ejecutivos de los partidos con la participación de las direcciones de los sindicatos y simultáneamente haber bajado este mismo programa enérgicamente a todos los sectores de los partidos y de las masas”? [19]

Cuando una organización trotskista detecta el peligro de golpe “fascista”, sabe que se abre en dicho país una etapa de la lucha de clases en la cual lo primero es el combate contra el golpe, a través de la estrategia del frente único con las organizaciones reformistas. Proponer a los mineros que se armen, no fiara enfrentar el golpe, sino para “... revivir los piquetes armados y valientemente proclamar la solidaridad militante con aquellos que en este momento luchan en la guerrilla... “ fue, y es un crimen político. Decir a los mineros que se armen para ir a la guerrilla contra Ovando, y no para enfrentar el golpe que estaba preparando Miranda contra Ovando, era romper de entrada con todo obrero antigolpista que no fuera partidario de la guerrilla. Era llamar al movimiento obrero a que se divida entre proguerrilleros y antiguerrilleros, cuando había una gran tarea en común para todos ellos: luchar contra la derecha mirandista (incluso en forma armada). La necesidad de esta tarea la veían todos los obreros de Bolivia: la de hacer guerrillas, casi nadie. Y esto se demostró en los hechos: la clase obrera se movilizó contra el golpe mirandista y provocó la crisis del ejército y las instituciones burguesas durante dos o tres días, pero de ninguna manera respondió a los llamados del POR(C).

Nuestra política debió haber sido frente único y no guerrilla. Debíamos haber dicho a los mineros lo siguiente:

“Camaradas: aunque muchos de ustedes y las organizaciones a las que ustedes pertenecen no se hayan dado cuenta, nosotros —los trotskistas— les hacemos un alerta y un llamado: estamos ante el grave peligro de un golpe ultrarreaccionario. Debemos defendernos unidos. Para eso, debemos formar piquetes armados y proponerles a todos los sindicatos del país y a la COB que también los organicen para enfrentar el inevitable golpe de estado que prepara la reacción. Los militares —al igual que la burguesía— están divididos como consecuencia del ascenso de nuestras luchas. Un sector de la burguesía y del ejército quiere emplear métodos duros contra nosotros; otros sectores —en cambio— quieren emplear métodos más blandos y dominarnos mediante negociaciones. Nosotros estamos contra las concepciones de Lechín y de los Partidos Comunistas, en quienes muchos de ustedes confían, y queremos convencerlos de que nuestras concepciones revolucionarias son las mejores. Es decir, queremos convencerlos de que no hay que depositar confianza en ningún sector burgués y luchar intransigentemente contra todos los explotadores, los blandos y duros. Pero para eso hay tiempo; para enfrentar al golpe fascista, no: Nosotros sabemos que ustedes odian tanto como nosotros al fascismo. Por eso les proponemos que nos organicemos contra él, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Hemos comenzado por invitar al frente único a Lechín y a los Partidos Comunistas. A este frente único obrero de lucha contra el golpe “fascista”, invitamos también a los guerrilleros siempre que se unan a la acción común y no rompan el frente o lo saboteen con acciones aisladas o aventureras. Si no nos organizamos unidos contra el golpe, si no hacemos los piquetes, no será culpa de los trotskistas, sino de vuestras direcciones. Porque nosotros estamos dispuestos a hacer cualquier cosa, menos abandonar nuestra independencia política y el derecho a defender nuestras posiciones, con tal de lograr la unidad de los trabajadores para luchar contra el golpe reaccionario. Si nos unimos nosotros, es decir los sindicatos y los partidos que se reclaman de la clase obrera, a corto plazo podremos arrastrar a los campesinos y a los estudiantes”.

Esta hubiera sido una posición trotskista. Pero, lo que es más importante, hubiera permitido que nuestra organización se consagrara como la dirección política indiscutida de todo el proletariado boliviano.

Nada de esto hizo el POR(C). Podríamos admitir que se equivocó, pero entonces hay que agregar que no aprendió nada de sus errores. Durante Torres, se siguieron manejando las mismas caracterizaciones y la misma política que bajo Ovando. Para el POR(C), pasó completamente inadvertido el hecho de que la clase obrera boliviana se había movilizado, había creado un frente único de hecho y había derrotado al golpe reaccionario imponiendo un régimen nacionalista burgués. Este régimen, débil, que cedía constantemente a la presión de las masas, que acentuaba día a día sus características kerenskistas, fue un gran triunfo de la clase obrera boliviana. ¿Que las masas no impusieron un gobierno obrero y campesino? Eso es totalmente cierto, pero, ¿de quién fue la responsabilidad? La culpa fue de sus direcciones burocráticas y reformistas, y, desde el punto de vista revolucionario, de los compañeros del POR(C). Si ellos hubiesen disputado la dirección de la lucha contra el golpe “fascista”, si hubiesen sido los primeros y más consecuentes en denunciar ese golpe, si hubiesen sido los campeones del frente único para enfrentarlo, habrían impuesto tarde o temprano su dirección e impulsado la lucha hacia la toma del poder.

De los documentos del POR(C) se puede deducir que el no haber llegado al gobierno obrero y campesino fue culpa de las masas, y el haber impuesto a Torres fue una derrota del movimiento de masas y no de la reacción “fascista”. Y así lo dijeron:

“En la crisis militar y política de octubre no triunfaron las masas. La victoria del General Torres es más bien una derrota de las masas revolucionarias y un triunfo del ejército como partido de la burguesía. La crisis de octubre demuestra las limitaciones de la acción directa de las masas”. [20]

El segundo golpe

Esta caracterización será la base de la política del POR(C) bajo Torres. Ya hemos visto que en los diez meses de gobierno torrista, hubo dos golpes “fascistas”: el segundo de Miranda (primero de Banzer) y el golpe definitivo de Banzer en agosto de 1971. Pero la lucha contra ellos, a través del frente único obrero, jamás fue la principal tarea de nuestra sección boliviana.

La línea votada por el Comité Ejecutivo del POR(C), ni bien sube Torres al poder, y cuyas consideraciones ya hemos citado, se basa en tres reivindicaciones claves (que tienen muy poco que ver con el programa que le atribuye Germain):

“a) La organización de un Comando Revolucionario Obrero y Popular, con todas las tendencias políticas que admitían la salida socialista para la situación actual del país y que apoyen la lucha armada por el Poder, superando el reformismo y economicismo, la capitulación y el colaboracionismo clasista, causante de las sucesivas derrotas y frustraciones del pueblo boliviano.

“b) La creación de un Ejército Revolucionario Obrero y Popular, instrumento indispensable para tomar el Poder.

“c) Surgimiento de un organismo representativo de las masas, donde ellas lleguen con toda su fuerza revolucionaria, sus iniciativas, inquietudes y voluntad transformativa”. [21]

Como vemos, exceptuando esta última consigna (que tiene algo que ver, pero muy poco, con el frente único obrero y la posterior Asamblea Popular), las tareas esenciales que plantea el programa se oponen por el vértice al frente único obrero para luchar contra el golpe “fascista”. Por otro lado, ni en este programa del POR (C), ni en ningún otro, figura como eje central la lucha contra un Banzer o los otros militares golpistas.

Es cierto que en el programa van incluidas varias consignas económicas y democráticas correctas, y seguramente sentidas por el movimiento de masas. Pero Trotsky se cansó de criticar programas parecidos de los ultraizquierdistas. Para España, por ejemplo, el Pravda del 14 de mayo de 1933 daba el siguiente programa: “organizar a los obreros para el desarme de la reacción, para el armamento del proletariado, para las elecciones de comités de fábrica, para el logro de las siete horas diarias de trabajo.”

Este programa mereció la siguiente crítica de Trotsky: “Las consignas enumeradas son indiscutibles aunque se den sin ninguna conexión interna, carentes de la lógica consecuente que reclama el desarrollo de las masas... Pravda habla únicamente de la jornada de 7 horas, de los comités de fábrica y del armamento de los obreros; ignora deliberadamente la ‘política’ y en todos sus artículos no encuentra nada que decir sobre las elecciones a Cortes: así Pravda se acerca al anarcosindicalismo... “ “Lanzar la consigna de armamento de los obreros en contra de las realidades de la vida política que alcanza en lo más profundo a las masas, es aislarse a sí mismo de las masas y, al mismo tiempo, alejarlas del empleo de las armas.” [22]

El programa del POR(C), tiene todos los defectos que ve Trotsky en el del “Pravda”; no tiene cohesión interna y sus consignas no giran alrededor de ningún problema político central y real. ¿No existía en ese momento en Bolivia, ningún problema político central que nos permitiera concretar una o varias consignas decisivas? Nosotros creemos que sí, que ese eje era el golpe y algunas de las consignas podían haber sido: ¡armémonos desde las organizaciones obreras para frenar el inevitable golpe de derecha! o ¡hagamos un frente único con todas las organizaciones obreras que quieran luchar contra el golpe “fascista”!

El programa del POR(C) era opuesto al del frente obrero y de la lucha contra el golpe “fascista”. Planteaba formar un “Comando Revolucionario”, para luchar contra el “reformismo” y el “economicismo”, cuando al reformismo se lo debía llamar al frente único para luchar contra el golpe “fascista”. Planteaba la unidad con todos los que están de acuerdo con el “socialismo” y la “lucha armada”, cuando debía plantear la unidad de todos los sectores obreros dispuestos a luchar contra el golpe, en primer lugar con Lechín y los PC, vale decir con el “economicismo y reformismo”.

Pero todo esto es disculpable, partiendo de la base de que el peligro del golpe “fascista” fue sistemáticamente ignorado por el POR(C). Lo que no es disculpable es justamente esa ignorancia, porque después del primer golpe de Miranda, se dio bajo Torres el segundo golpe (o primero de Banzer), y el POR(C), como quien oye llover, siguió sin darse una política frente al peligro “fascista”. Mejor dicho, sin decir ni una sola palabra sobre él.

Y llegó el tercer golpe

Apenas a partir de abril de 1971 —a seis meses de asumir Torres y después de dos golpes “fascistas”— o sea, cuando el agua le «llegaba al cuello, el POR(C), muy a la pasada, comienza a hablar de la inevitabilidad del golpe.

Para ver esto más en detalle, examinemos algunas de las cinco recomendaciones resueltas en un CC ampliado, realizado en abril de 1971. Lo primero que se ve es que en ninguna de ellas se llama a luchar contra el golpe.

La primera de las recomendaciones votadas a la dirección del partido por el CC fue la siguiente:

“1. Intensificar el trabajo político hacia las masas para arrancarlas de la influencia del reformismo haciendo surgir direcciones verdaderamente revolucionarias”. [23]

La segunda recomendación es intervenir “con este criterio” en todas las organizaciones obreras; la tercera, la cuarta y la quinta, que veremos más adelante, se refieren a la actividad militar del partido.

¡Ni una palabra sobre nuestra política de frente único hacia las organizaciones reformistas para luchar contra el golpe “fascista”! Al contrario, si algo se desprende de estas recomendaciones es que plantean como fundamental trabajo político la lucha contra el reformismo, y no el frente único con él para enfrentar el peligro “fascista”.

Nosotros también opinamos que la lucha contra el reformismo era, y es, un problema de vida o muerte para la revolución boliviana. Pero el problema es cómo luchar contra él. Las masas bolivianas presenciaron el siguiente espectáculo: el golpe se avecinaba, y esto era claro para todo el mundo; Lechín y los partidos comunistas alertaban sobre ese peligro y llamaban a mantener la paz y a frenar la movilizaciones obreras para evitarlo; el POR(C) no le daba la menor importancia, y hablaba de la necesidad del gobierno obrero y campesino impuesto por la guerra revolucionaria. ¿Cómo convencer a los trabajadores de que el POR(C) fue una dirección que ellos debían reconocer, si fue el único que no hizo del enfrentamiento al golpe el eje de su política, que era la única manera de derrotar al reformismo en ese momento? Dentro de ese frente único, con ese objetivo común, venía la lucha por la dirección. El reformismo y la burocracia decían “no movilizar”; el POR(C) debía responder: “La única manera de derrotar al golpe es con el armamento de los trabajadores”. ¡Así habríamos derrotado al reformismo! ¡Si hubiéramos planteado realizar la tarea más sentida por las masas, podríamos haber gritado ante ellas: mirad las vacilaciones y traición de los reformistas!

El camarada Germain insiste, pese a la evidencia de los hechos, en que el POR(C) tuvo una política correcta frente al golpe. Hace hincapié fundamentalmente en el número de Combate previo al l s de mayo de 1971. Nosotros no conocemos este número completo, pero sí tenemos la fotografía de su primera página. Realmente, con lo que allí se ve, basta y sobra para que todas las pruebas del camarada Germain se derrumben. Hay dos artículos; el primero de ellos tiene un titular a toda página que es un símbolo: “Marchemos al asalto final del poder para el socialismo”.

Evidentemente no se está llamando al luchar contra el golpe de estado reaccionario sino a lanzarse a tomar el poder. Pero ¿no era acaso el General Torres quien estaba en el poder en ese momento? Nuevamente, el POR(C) estaba llamando a las masas, que confiaban en Torres, a derribarlo y tomar el poder, y no a prepararse para luchar contra el golpe reaccionario.

En la parte del artículo que cae bajo este título que tenemos a nuestra disposición, y que es de donde saca su cita el camarada Germain, se vaticina que habrá un golpe de estado. Esto no es un gran mérito porque ya hacía un buen rato que los preparativos golpistas eran públicos y notorios. ¿Pero acaso se llama a luchar contra él como el peligro más inmediato y fundamental para los trabajadores bolivianos? Nuevamente, no. Hay un subtítulo que es otro símbolo: “Ni con el fascismo ni con el reformismo: con la revolución socialista”.

Quizás en otra parte de este artículo, que no esté a nuestra disposición, podamos encontrar el subtítulo correcto: “Junto al reformismo en un frente único contra el fascismo”. Lo dudamos mucho. Si así fuera, le rogaríamos al camarada Germain que nos indique dónde está.

El segundo artículo de la primera plana lo tenemos completo. En él sí que podemos comprobar cuál era la verdadera política del POR(C). Su título dice que la Asamblea Popular debe nacer de la bases y plantea la elección democrática de los delegados a la misma. No se dice nada sobre el golpe, ni sobre la necesidad de que la Asamblea Popular lo enfrente movilizando y armando a las masas, ni sobre la imperiosa necesidad de construir un frente único contra él. Termina con tres consignas que, suponemos, deberían de ser las fundamentales del POR(C) en ese momento: “Reformismo no, socialismo sí; el ejército burgués no, el ejército revolucionario del pueblo sí; parlamento burgués no, asamblea popular sí”.

Es evidente que, para los camaradas del POR(C) el peligro más importante para el “socialismo” (vale decir, para las masas bolivianas), era el reformismo, no el golpe de estado reaccionario, ya que ni lo nombran en sus consignas.

El último periódico del POR(C) que conocemos es de dos meses antes del golpe. Lleva el número 6, y corresponde a la primera quincena de junio. Allí se vaticina que “los días de Torres están contados”.

También se habla de la contrarrevolución fascista. Se habla de la “responsabilidad de la izquierda”, pero no se llama a los partidos de izquierda a unirse contra el golpe y, lo que es más grave, ni siquiera nombra a la Asamblea Popular. La posición del POR(C) está resumida de la siguiente forma:

“Saliendo de las abstracciones es indispensable sobre la marcha crear las fuerzas armadas universitarias, mineras, fabriles, campesinas, etc. Hay que armarse y entrenarse para el combate que viene. Al mismo tiempo ni un paso atrás en las ocupaciones e intervenciones de la propiedad capitalista e imperialista. Hay que golpear el poder económico, los centros nerviosos del imperialismo y la burguesía nativa.

“Hay que fortalecer al Partido Obrero Revolucionario, herramienta indispensable para soldar las corrientes revolucionarias en un sólido frente. ¡Adelante con las ocupaciones y el armamento obrero! ¡Muerte al imperialismo!” [24]

Una vez más, a dos meses del golpe, el POR(C) vuelve a llamar al frente de las “corrientes revolucionarias” (no de los partidos obreros, incluidos en primer término los reformistas), con el objetivo de dar “muerte al imperialismo y capitalismo” (es decir, una vez más, a Torres y no al golpe reaccionario que se preparaba).

¿Para qué seguir? El POR(C) nunca planteó como su política ante el golpe “fascista” el frente único o la movilización obrera desde la Asamblea Popular. Si desde el punto de vista de la lucha de clases, los culpables de la derrota frente a Banzer fueron la reacción y el imperialismo, si desde el punto de vista del movimiento obrero, los culpables fueron los reformistas y los burócratas, desde el punto de vista del movimiento revolucionario, la culpable de esa derrota fue nuestra sección boliviana, el POR(C).

La verdadera política del POR(C)

Hemos descrito los hechos, que no dejan dudas sobre los errores políticos de nuestra sección boliviana. Pero si tuviéramos que sintetizar, definiéndola, cuál fue la verdadera política del POR(C), deberíamos decir que fue y es el armamento de las masas como una tarea “en sí”, para cualquier momento de la lucha de clases. La misma política de los ultraizquierdistas españoles que criticaba Trotsky.

Nadie discute que el POR(C) tomó como tarea central la guerrilla rural bajo el régimen de Barrientos. Nadie puede discutir, tampoco, que dicha guerrilla no tuvo nada que ver con el cambio que se dio con Ovando, ni tampoco con las conquistas que el movimiento de masas obtuvo durante el gobierno de este último, como ser el funcionamiento legal del movimiento sindical, y la semilegalidad de la izquierda.

Hemos sostenido y seguimos sosteniendo que, con distintas variantes, la línea de “armamento en sí” y de construcción de un “ejército revolucionario popular” que tuvo el POR(C) bajo Barrientos, la siguió teniendo bajo Ovando, bajo Torres y bajo Banzer. Bajo Barrientos, Ovando y los primeros momentos de Torres, se expresó como guerrilla rural. Luego cambió de forma, llegando incluso a plantear algo aparentemente correcto: los piquetes armados de los sindicatos. Siempre se hizo bajo el rótulo de la “construcción de un ejército revolucionario”. Y siempre fue planteada totalmente al margen de la situación de la lucha de clases y de las necesidades de las masas: ¡Nunca jamás, para no dar más de un ejemplo, se planteó el armamento para luchar contra los golpes “fascistas”!

El compañero Germain afirma lo contrario. Formula una pregunta:

“¿Falló la sección boliviana en hacer la distinción entre Kornilov y Kerensky, entre Torres y Barrientos o Banzer?” Y contesta: “La afirmación de que ‘el POR(C) siguió esencialmente la misma línea bajo Torres que bajo Barrientos o Banzer’ es completamente infundada”. [25]

Tanto en la pregunta como en la respuesta, el compañero Germain se “olvida” del gobierno de Ovando, durante el cual se dio el primer golpe de estado “fascista”, el del general Miranda. Para los marxistas, la memoria es política. No es una casualidad que Germain se olvide del gobierno de Ovando y del golpe de Miranda. El golpe de Miranda tuvo una importancia extraordinaria. Según informó Hugo González, provocó nada menos que una... “pelea de los jefes militares (que) paralizó la fuerza represiva del ejército; durante dos días había un vacío de poder, con abandono del Palacio de Gobierno y los ministerios. En ese momento, había que actuar con las masas en la calle, había que derrotar a los mirandistas en la acción y la lucha”. [26]

Vemos que, para González, hubo dos días de “vacío de poder”, durante las cuales la tarea central era “derrotar a los mirandistas” (y no luchar contra Ovando y Miranda al mismo tiempo), Y esa lucha había que darla “con las masas en la calle” (y no con un grupo guerrillero en el campo). Coincidimos con esta caracterización y esa tarea tal como la plantea González, pero ¿fue esa la política del POR(C)?

Nosotros sostenemos, mal que le pese a Germain, que bajo Ovando la sección boliviana se dedicó a hacer exactamente lo mismo que había hecho bajo Barrientos, prepararse para la guerrilla rural. Sostenemos también que no utilizó los resquicios legales que dejaba el régimen de Ovando para trabajar sobre el movimiento de masas. Finalmente sostenemos que no hizo de la lucha contra el golpe de estado el eje de su actividad ni, mucho menos, planteó el frente único obrero para “derrotar al mirandismo”. En síntesis, y esto se demostró cuando el golpe vino: el POR(C) no estaba en condiciones de luchar “con las masas en la calle” para “derrotar a los mirandistas”, porque jamás se dio tal línea política.

Esto es, por otra parte, lo que afirman los propios compañeros del POR(C). Hugo González dice que:

“Bajo el régimen de Ovando, el partido operaba en condiciones de completa clandestinidad y estaba totalmente absorbido por la lucha armada”. [27]

Es evidente que un partido que operó en la “completa clandestinidad” poco o nada pudo aprovechar los márgenes legales que dejaba el régimen para penetrar en el movimiento de masas. Por otro lado, ese no era su propósito, ya que “estaba totalmente absorbido por la lucha armada”.

¿De qué lucha armada se trata? De la guerrilla rural, como claramente expresan las propias publicaciones del POR(C). Veamos:

Diciembre de 1969, el camarada Vallejos, director de “Combate” asegura:

“En este contexto (del nuevo ascenso) la guerrilla no es otra cosa que la continuación del movimiento revolucionario de masas, cuyo desarrollo fue frenado y truncado por las masacres y la represión de los círculos militares”. “Mientras que en la época del Che, en 1967, el movimiento guerrillero ya contaba con amplio apoyo popular, su reaparición en 1969, con Inti Peredo, ocurrió en una situación mucho más madura...” [28]

Febrero de 1970: el POR(C) dice oficialmente lo mismo que había dicho Vallejos sobre la guerrilla del Inti. Y agrega:

“Este criterio popular que admite y hace suya la vía guerrillera, es el que sostiene y alienta la guerrilla”. “Nuestra posición es clara. El atraso y subdesarrollo de Bolivia no serán resueltos con medidas parciales de un programa burgués, sino por la revolución socialista, dirigida por un Ejército de Liberación Nacional y Social, partiendo de la guerrilla...” “La guerrilla sigue estando vigente. No importan los golpes recibidos y las pérdidas de hombres y pertrechos. Todo eso, aunque doloroso, se puede reponer. Lo importante es constatar que no hay otra vía para los revolucionarios de verdad”. [29]

Abril de 1970: en su mensaje al Congreso Minero (¡el primero que se realizaba legalmente en muchos años!), el POR(C) llama a los mineros a seguir el ejemplo del Che, apoyar al Inti y... “rearmar a los sindicatos mineros y crear una gran fuerza armada de mineros que será parte del gran Ejército de Liberación Nacional y Social, cuya construcción comenzó en Ñancahuazú. Este es el camino de la victoria”. [30]

Mayo de 1970: “Por otro lado, ante los revolucionarios de América Latina, aparecen los métodos revolucionarios empleados (se refiere al secuestro del embajador alemán Von Lolleven en Brasil) y la tortura a los patriotas antiimperialistas que caen en las garras de la tenebrosa CIA”. “En nuestro país, a partir de Ñancahuazú, se ha valorizado una estrategia de poder concreta y real, surgida de nuestra misma realidad político-social”. [31]

Julio de 1970: “Por consiguiente, lejos de ser arbitraria, la guerrilla es la salida natural a la situación actual”, “... la política de masas, a partir de cierto momento, se convierte en lucha armada; la guerrilla, por eso, es la continuación por otros medios, del movimiento de masas. “ “Por eso, para tomar el poder el socialismo es vital construir un verdadero ejército del pueblo, surgido de sus entrañas, que se levante alternativamente frente al Ejército profesional burgués. En Bolivia tal ejército popular de liberación nacional, ha iniciado su marcha en Ñancahuazú con el comandante Che Guevara.” “La Tesis del IV Congreso de la COB, como antes del Congreso Minero de Siglo XX, ignoró una de las adquisiciones más importantes de las masas bolivianas, que es la experiencia sobre la guerra revolucionaria y la guerrilla. Un documento que no tenga en cuenta la guerrilla del Che Guevara, del Inti y la que ahora propician el ELN y el POR, es un documento que no tiene en cuenta la realidad concreta del país. Las masas en su enfrentamiento con la dictadura militar, llegaron a sentir la necesidad de nuevos métodos de lucha, que la guerrilla del Che supo dar expresión; por eso le dieron su simpatía y apoyo, que los mismos guerrilleros por una serie de circunstancias no supieron aprovechar. Pero independientemente de esto, las masas vieron y ven ahora, que la guerra revolucionaria es la vía para derrotar a un ejército que las masacraba y amordazaba”. [32]

¿Para qué seguir? Palabras y más palabras sobre guerrillas, ejércitos populares, apoyo incondicional a la guerrilla del Inti, afirmaciones categóricas de que esa era la única vía para los revolucionarios. ¿Qué objeto tenía toda esta verborragia guerrillera? Derribar a Ovando y hacer la “revolución socialista”. Ni una sola palabra de alerta sobre el peligro de un golpe de derecha; ni un solo llamado al frente único obrero contra el golpe. Y cuando se llama a los mineros a armarse no es bajo la disciplina de sus sindicatos y para luchar en frente único contra la derecha: Se Jes pide que se armen desde sus sindicatos para formar parte (!!) de la guerrilla rural (el “ejército que se comenzó a construir en Ñancahuazú”).

Pese al POR(C) las masas se movilizan

Vino el golpe de Miranda; la burguesía y el ejército entraron en crisis; hubo un vacío de poder de dos días que, finalmente, fue cubierto por Torres. Las masas “salieron a la calle”, con sus direcciones reformistas y burocráticas. “Derrotaron a a los mirandistas” e impusieron a un presidente nacionalista burgués. Vale decir que las masas cumplieron las dos tareas que señalaba el compañero González. Pero, como consecuencia lógica de su política, el POR(C) nada tuvo que ver con ello.

Las masas salieron a la calle desarmadas, pero los responsables son aquellos que nos les dijeron que se aproximaba un golpe de estado, y debían armarse para enfrentarlo. Los culpables son los que les plantearon armarse para ir a hacer la guerrilla, los que les plantearon el “armamento en sí”, no para derrotar al mirandismo. Los responsables de que las masas no impusieran un gobierno obrero y campesino, son aquellos que se aislaron de ellas porque estaban “totalmente absorbidos por la lucha armada” y las dejaron a merced de sus direcciones burocráticas y reformistas.

Derrotar a la derecha mirandista por medio de la movilización es una inmensa tarea que realizaron las masas, más aún, un triunfo heroico, considerando que el POR(C) —la única esperanza de partido revolucionario— no les había alertado ni sobre el peligro de golpe.

Octubre de 1970, ¿una “derrota de las masas”?

Pero ésta no fue la conclusión que extrajo el POR (C) de la crisis de octubre. Como ya vimos, para nuestra sección boliviana, la subida de Torres significó “una derrota de las masas” y “un triunfo del ejército”. Más aún:

“Hay quienes sostienen todavía que frente a la lucha armada ha triunfado la acción directa de las masas, llamando triunfo al gobierno de Torres.” “La crisis de octubre demuestra las limitaciones de la acción directa de las masas. La huelga general sólo puede conducir al Poder Obrero si al mismo tiempo existe un Ejército Revolucionario, que precisamente surge mediante la lucha armada. Cuando este ejército obrero no existe, la movilización de las masas sólo sirve para encumbrar a un sector de la burguesía cuando no concluye en una sangrienta masacre.” [33]

Así enfrentó el POR(C) la nueva etapa, la del gobierno de Torres. Y siguió, mal que le pese al compañero Germain, dentro de su política constante de “armamento en sí”, levantando nuevamente la guerrilla rural: “A pesar de las derrotas la guerrilla sigue siendo la vía de la liberación nacional y social”. “Como en octubre de 1967, han reaparecido hoy los teóricos sobre el fracaso de la guerrilla como método para tomar el poder.” “Independientemente de las contingencias de cada frente guerrillero, por encima de las cualidades personales de los combatientes, no obstante la pérdida de vidas valiosas, la guerrilla sigue siendo la vía para tomar el poder.” [34]

Que no se nos diga aquí que no se ríos está hablando de la guerrilla rural. Los únicos “frentes guerrilleros” que se conocieron en Bolivia, fueron rurales, y Combate es bien claro cuando dice que “independientemente de las contingencias de cada frente guerrillero... la guerrilla sigue siendo la vía para tomar el poder”.

De la guerrilla rural al... “armamento de las masas”

El kerenskismo cada día más acentuado del régimen de Torres, sus constantes concesiones al movimiento de masas, el surgimiento de embriones de organismos de poder dual, la casi absoluta legalidad para las tendencias de izquierda y revolucionarias, dejó a la guerrilla cada vez más aislada, condenada a cocinarse en su propia salsa. Esto provocó un reajuste formal en la política de “armamento en sí” del POR(C). La sacrosanta guerrilla fue desapareciendo de la propaganda de nuestra sección boliviana y fue reemplazada, como ya dijimos antes, por llamados generales al armamento de las masas. Estos llamados llegaron a tomar la forma, aparentemente correcta, de los destacamentos armados de los sindicatos. Pero estos cambios, insistimos, fueron formales: la nueva manera de plantear el problema del armamento seguía en la línea ultraizquierdista del “armamento en sí”. ¡Jamás! ¡jamás! se planteó el armamento como una necesidad ligada a la lucha de clases real y concreta.

En el CC ampliado del POR(C) de abril de 1971, cerca ya del golpe de estado, se discutió el siguiente orden del día:

“a) Informe sobre la Internacional. Situación del proceso revolucionario en América Latina y el rol que cumplen las secciones de la Cuarta Internacional. Situación de la Argentina y la lucha que desarrollan nuestros camaradas del PRT y ERP.

“b) La situación nacional; caracterización del gobierno Torres, la situación del ejército y su entroncamiento con la derecha civil. El movimiento de masas y sus limitaciones. La izquierda y sus desviaciones. El peligro permanente de golpe. Perspectivas.

“c) La guerrilla. Balance y experiencias. La concepción del POR(C) sobre la guerra revolucionaria”. [35]

En el subcapítulo anterior hemos visto las dos primeras recomendaciones de las cinco que votó este CC ampliado a la dirección del POR(C). En ellas se daba el eje político de lucha contra el reformismo, sin hablar para nada del golpe de estado y de la necesidad del frente único obrero para enfrentarlos. Veamos ahora las restantes tres recomendaciones:

“3) Impulsar el armamento obrero, tomando la iniciativa para la formación de destacamentos armados a nivel sindical.

“4) Intensificar al mismo tiempo el trabajo militar del partido y el fortalecimiento de su aparato militar, para las próximas acciones, íntimamente unidos a las masas revolucionarias.

“5) El trabajo político hacia las masas y la actividad militar del partido, se reajustan equilibradamente, todo, bajo la dirección única y centralizada del mismo”. [36]

Como vemos, sobre cinco resoluciones, tres están referidas a la cuestión militar, pero en ninguna de ellas se hace referencia a que el llamado al armamento de los trabajadores, debe hacerse sobre la base de que es necesario luchar contra el golpe de estado “fascista”. ¿Para qué les proponía el POR(C) a los trabajadores que organizaran “destacamentos armados a nivel de sindicatos”? Si somos consecuentes con los dos puntos políticos de estas recomendaciones, debía ser para la tarea central y única, de “luchar contra el reformismo”. Pero no creemos que el POR(C) haya llevado hasta tal punto su torpeza política. Simplemente planteaba el armamento por el armamento “en sí”, sin ningún objetivo político concreto, salvo la lucha por “la liberación nacional”, el “socialismo” y la “construcción del ejército revolucionario”.

Temario y recomendaciones verdaderamente trotskistas

¿Cuál debía haber sido el temario y las recomendaciones del CC ampliado de un partido trotskista en Bolivia en esos momentos? Muy sencillo:

I) El peligro de golpe de estado de derecha contra el gobierno de Torres como máximo peligro para el movimiento obrero y de masas. La política de frente único obrero contra el golpe como nuestra política central. El trabajo del partido en las organizaciones de masas: sindicatos y Asamblea Popular.

II) El armamento de los trabajadores a partir de la lucha contra el golpe y de las organizaciones de masas (sindicatos y Asamblea Popular).

Recomendaciones: 1) Lanzar ya mismo un llamado a todas las organizaciones obreras, especialmente a las reformistas y a la burocracia sindical, a formar un frente único contra el peligro “fascista”.

2) Lanzar ya mismo una campaña de denuncia ante todas y cada una de las vacilaciones o traiciones de las direcciones reformistas o burocráticas alrededor de esta tarea central.

3) Plantear en los sindicatos y la Asamblea Popular la necesidad de organizar destacamentos armados para luchar contra el golpe de estado.

4) Tomar la iniciativa en la construcción de esos destacamentos en los lugares (sindicatos o barrios obreros) donde nuestro partido ya ha ganado el apoyo de los trabajadores para esta tarea.

5) Iniciar ya mismo el trabajo político sobre la base del ejército, con la consigna de democratización interna, elección de delegados de los soldados y suboficiales para la Asamblea Popular. Mantener dentro de sus regimientos a todos los soldados o suboficiales que simpaticen con nosotros y darles la orientación de que formen grupos del partido dentro de sus regimientos.

Esta era la única forma correcta de plantear el armamento. Esta era, también, la única manera de lograrlo. Pero el POR(C), desgraciadamente, no tuvo esta política.

El armamento “en sí” a pocos días del golpe de Banzer

Volvamos al número de Combate preferido por el camarada Germain, el No. 5 del lo. de Mayo de 1971. Ya hemos visto que una de las tres consignas fundamentales era: “Ejército burgués no, ejército revolucionario del pueblo sí”.

Nuevamente aparece aquí el famoso “Ejército Revolucionario del Pueblo” cuya construcción según el camarada Germain, no fue la tarea y política centrales de la sección boliviana. Nuevamente, la estrategia del “armamento en sí” se despliega aquí en todo su esplendor. Ese esplendor es aún más refulgente en el último periódico del POR(C) antes del golpe, el No. 6, que ya hemos citado. En él, se comenta la multitudinaria movilización obrera del lo. de Mayo con el título, a toda página, de: “Socialismo y armas, grito de guerra del 1 de Mayo”.

Nuevamente, las armas serán para lograr el “socialismo” y no para enfrentar el peligro del golpe, que no es mencionado ni una sola vez en el artículo. Sólo hay ponderaciones, elogios a la política y los carteles de la manifestación, principalmente referidos a la columna del sindicato controlado por el partido:

“Ante el júbilo y el ruidoso aplauso, desfiló la Federación de Trabajadores Harineros con un gran cartel que decía: ‘Necesitamos un Ejército Revolucionario del Pueblo’ y detrás de él grupos seleccionados de obreros uniformados de guerrilleros, con la boina y la estrella del Che, portando algunas armas. Es el Ejército Obrero que nace para llevar al socialismo a través de la única vía realista: la guerra revolucionaria”. “Las masas están inscritas en la línea de la lucha armada, de la guerra revolucionaria, y de su seno están haciendo surgir los embriones del futuro Ejército Popular Revolucionario”. [37]

Una vez más vuelve a aparecer el ejército revolucionario del pueblo, los uniformes “de guerrilleros” y el “Ejército Obrero” para hacer “la guerra revolucionaria” y llegar “al socialismo”. Para el POR(C) la política de estos manifestantes de no mencionar el peligro de golpe es correctísima. Más adelante el POR(C) resume toda su posición diciendo que se debe:

“Impulsar el surgimiento de los instrumentos políticos militares populares”. “Hay que hacer surgir en cada sindicato, en las universidades, en el campo, destacamentos armados como embriones de la futura fuerza militar revolucionaria indispensable para vencer sobre los militares fascistas y lacayos del imperialismo. En el enfrentamiento de clases que se aproxima serán las armas las que decidan el destino de la revolución”. [38]

¿Cuál es el objetivo de estos “instrumentos políticos militares populares”, de esa “futura fuerza revolucionaria” a la que deberían incorporarse los destacamentos armados de los sindicatos, las universidades y el campo? Por primera y única vez parecería que el POR(C) plantea el armamento de una forma adecuada, con el objetivo de derrotar a los “militares fascistas y lacayos del imperialismo”. Pero, desgraciadamente, éste es sólo un desliz, un punto luminoso en medio de un artículo donde el armamento se plantea, permanentemente, para “hacer la guerra revolucionaria” por el “socialismo”. ¿Cuál de los dos objetivos era el que realmente planteaba el POR(C) a los trabajadores cuando los llamaba a armarse? Eso para el POR(C) no tiene ninguna importancia; cualquiera de los dos sirve. Es lo mismo llamar a armarse para el socialismo que contra Banzer; es lo mismo llamar a armarse para la guerra revolucionaria que para vencer a los militares fascistas. El problema es llamar a armarse. Y esta política, nítido ejemplo del “armamento en sí” es la que sigue planteando el POR(C) en su último periódico antes del golpe “fascista”.

Por más que el camarada Germain intente ocultar la realidad, todos los llamados a las armas del POR(C) efectuados permanentemente como tarea central bajo Barrientos, Ovando, Torres y Banzer, tenían el único objetivo organizativo de construcción del “Ejército Revolucionario”. Algunas veces fue la guerrilla rural, otras un “Ejército Obrero”; otras un “Ejército Obrero y Campesino”, otras un “Ejército Revolucionario del Pueblo”, otras la “Fuerza Militar Revolucionaria”. Si esto no es tener una única y misma política (o estrategia) para cualquier situación, si esto no es la línea ultraizquierdista del “armamento en sí”, le pedimos a los compañeros de la mayoría, en especial a Germain, que nos explique qué es.

Cómo amasar el propio fracaso

Hemos visto cómo nunca —ni aun ante los golpes fascistas— el POR(C) centró su política en el frente único contra los golpes. Bajo todos los gobiernos y frente a todos los golpes, tuvo una sola y única política: la “construcción del Ejército Revolucionario”.

La razón profunda de esta política es la total subestimación de las posibilidades del movimiento de masas. El camarada González nos dice:

“Una movilización insurreccional de masas, por más amplia que sea, acabará siendo derrotada por los ejércitos modernos en función de partidos de la burguesía. Ejemplo: Méjico, Córdoba... Las insurrecciones masivas de Méjico, Córdoba, la COB en Bolivia, fueron derrotadas porque le faltaban dos elementos fundamentales... b) el instrumento armado y organización militar, preparado, entrenado, capaz de responder en el nivel de las armas al ejército capitalista”. [39]

Aunque no claramente formulado, aquí se esconde un conocido argumento guerrillerista: a los viejos ejércitos se los podía enfrentar con el movimiento de masas y una política correcta, a los modernos, no. Este argumento es falso por la base. Los nuevos ejércitos imperialistas se diferencian de los viejos por tener aviación, tanques, armas atómicas y cohetes. Hoy día es más difícil que en los viejos tiempos oponer y construir un ejército popular que enfrente militarmente al ejército burgués. Por eso, todo intento de querer oponer un ejército al ejército reaccionario, en lugar del movimiento de masas con una política correcta, está condenado al fracaso. Sin embargo, para los compañeros de la mayoría:

“Si falta el ejército revolucionario, no se lo puede construir solamente por el heroísmo de las masas”. [40]

Este tremendo pesimismo de los compañeros del POR(C) sobre las posibilidades del movimiento de masas explica su línea permanente de “construcción del Ejército Revolucionario”. Esa impotencia de las masas es constante, eterna, permanente, bajo cualquier tipo de gobierno, Barrientos, Ovando, Torres o Banzer. Así quedan diluidas las diferencias entre los gobiernos, los avances o retrocesos del movimiento obrero, los problemas políticos candentes que enfrentan y sufren los trabajadores —por ejemplo, la amenaza de golpes “fascistas”. Y, después de todo, ¿para qué molestarse en precisar etapas, hacer caracterizaciones, buscar consignas, etcétera, si todo se simplifica con la panacea universal: el ejército revolucionario? Se aclara aquí el planteo del POR(C), mediante el cual llamaba al Congreso Minero a tomar las armas para “solidarizarse con la guerrilla”. También se aclara la posición, al comienzo del gobierno de Torres de “un Ejército Revolucionario Obrero y Popular, instrumento indispensable para tomar el poder”. [41]

¿Quién debe tomar el poder?

En resumen, el silogismo ultraizquierdista se nos presenta otra vez perfecto, aunque inútil y falso: premisa mayor, las grandes luchas de masas siempre culminan en lucha armada contra el ejército, premisa menor: a un ejército moderno sólo se lo puede vencer con otro ejército. Conclusión: empecemos a construir enseguida el ejército revolucionario, ya que lleva años hacerlo. La conclusión final moral y —no política— es obvia:

“Toma el poder quien tiene las armas y quien está decidido a tomarlo confiando en sus propias fuerzas”. [42]

La toma del poder ya no es un problema de política justa; de situación objetiva, de relaciones entre las clases, de lucha y “confianza” en el movimiento de masas; se convierte, en cambio, en un problema moral-militar: tener armas y estar dispuesto a usarlas.

La conclusión organizativa de la política del POR(C) tiene dos caras: primera, la invención por parte del partido de organismos artificiales (una vez más la crítica de Trotsky al ultraizquierdismo, en este caso al “Ejército Revolucionario”); segunda, el desprecio por los organismos naturales del movimiento de masas, en este caso, por los sindicatos y la Asamblea Popular. Sobre esta segunda cuestión nos detendremos en el próximo capítulo. Entremos ahora al organismo artificial inventado por el POR(C), el famoso “Ejército Revolucionario”.

La concepción de que para América Latina en esta etapa nuestra tarea central es la construcción de esos “Ejércitos Revolucionarios”, modifica todo nuestro programa de transición y nuestra concepción marxista, porque significa que nuestra tarea central ha dejado de ser la construcción de partidos revolucionarios bolcheviques y trotskistas. El camarada Germain hace un juego de palabras alrededor de todo esto: dice que el partido se hace construyendo el ejército o planteando a las masas la lucha armada. El compañero González es más preciso cuando dice que la única forma de construir el ejército revolucionario es “a través de la lucha armada”. Pero no es eso lo que nosotros discutimos, sino si el ejército revolucionario “es el instrumento esencial para tomar el poder”.

Esta discusión es mucho más profunda de lo que parece: hace al poderío de la clase obrera, sus debilidades y carencias. Para el POR(C), la carencia esencial es el “Ejército Revolucionario”; para nosotros, es el partido revolucionario y una política revolucionaria correcta.

Esto es lo que plantearon, permanentemente, nuestros maestros. Así es como la Internacional Comunista, en su III Congreso votaba lo siguiente:

“Puede suceder que se vea obligado en un intervalo de algunos días a movilizar al partido para una lucha armada, a movilizar no sólo al partido sino también a sus reservas, a organizar a los simpatizantes y toda la retaguardia, es decir a las masas revolucionarias no organizadas. En ese momento, no se tratará de formar un ejército rojo regular. Debemos vencer sin ejército construido de antemano, solamente con las masas colocadas bajo la dirección del partido”. [43]

Para Lenin y Trotsky, y para nosotros, los trabajadores son capaces de todo —¡sí! de todo—, inclusive de derrotar al ejército burgués sin haber construido previamente un ejército propio, siempre que sigan una política correcta, tengan a su frente un partido bolchevique y se hayan sacado de encima a las direcciones reformistas, burocráticas y traidoras. La derrota de los trabajadores bolivianos no se debe a que no hayan logrado formar un ejército, sino a algo mucho más sencillo: a que los trotskistas no hemos logrado sacarles de encima a esas direcciones y construir nuestro partido con influencia de masas.

Trotsky y la lucha armada

Esta es la concepción de Trotsky de la lucha armada. Jamás planteó construir “Ejércitos Revolucionarios”, pese a que fue el máximo organizador del Ejército Rojo. Trotsky señaló ante todo, la necesidad de armar a las masas con una política correcta. Sólo de esa manera se las podría armar con las armas propiamente dichas, construyendo las milicias obreras. Y sólo se podía asegurar el triunfo destruyendo, nuevamente por medio de una política correcta, a las fuerzas armadas del régimen desde adentro, llevando la lucha de clases a su seno, ganando políticamente y organizando a los obreros, estudiantes y campesinos que visten uniforme.

Así como Trotsky nunca planteó, antes del estallido de la revolución, como tarea central y permanente la construcción de ninguna clase de ejército, tampoco planteó que la política correcta fuera llamar constantemente a las masas a prepararse para la lucha armada. Para el trotskismo, la política correcta es levantar las consignas adecuadas a cada momento de la lucha de clases. Así como nadie puede levantar la huelga general como con signa permanente (excepto el posadismo), porque a nadie se le ocurre que la huelga general sea la tarea cotidiana de las masas de acá al triunfo de la revolución socialista, nadie puede plantear la lucha armada en esa forma, porque la lucha armada es la respuesta a una cierta etapa de la lucha de clases, y no una tarea permanente de las masas explotadas ni de su partido revolucionario. Y así como la huelga general planteada en un momento en que no tiene razón de ser, nos aisla de las masas y perjudica la posibilidad de que éstas se lancen a la huelga en el momento preciso, el planteo permanente y “en sí” de la lucha armada —o de la preparación para ella construyendo “Ejércitos Revolucionarios”— “significa” —insistimos con Trotsky— “aislarse de las masas y a las masas de las armas”.

Ese fue el trágico error del POR(C) en Bolivia: porque si había allí un camino para armar a las masas, ese camino era el de convencerlas de que hicieran un frente único y se armaran para combatir el golpe. El POR(C) eligió el otro camino, el de ju