JAMES P. CANNON
"La lucha por un partido proletario"

 


Escrito: 1939-40
Fuente de esta edicion: The Struggle for a Proletarian Party (c) Resistance Books 2001 (c) Resistance Books 2001 ISBN 1876646217; Published by Resistance Books 23 Abercrombie St, Chippendale NSW 2008, Permission for on-line publication provided by Resistance Books for use by the James P. Cannon Internet Archive in 2003.
Traduccion: Juan Marino , febrero de 2015.
HTML: Marxists Internet Archive, 2018.


 

En relación al "duro futuro", los bolcheviques-marxistas nunca esperaron que el periodo de la muerte agónica del capitalismo pudiera producir otra cosa que crisis y guerra, con sus inevitables repercusiones en las organizaciones de los trabajadores, incluyendo al partido de la vanguardia obrera. De estas "duras" circunstancias, la IV Internacional solamente extrajo la conclusión de que las convulsiones sociales grandiosas, las que previmos y analizamos por adelantado, crean las condiciones a partir de las cuales las masas oprimidas, impulsadas por una necesidad de hierro, deben llevar adelante la revolución social y la reorganización del mundo sobre bases socialistas. Solamente una cosa es necesaria: un genuino partido bolchevique de la vanguardia. Sólo el marxismo puede ser el programa de semejante partido.

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La Segunda Guerra Mundial, no menos que la Primera, golpea todas las organizaciones y tendencias en el movimiento obrero con una fuerza cataclísmica. Nuestra propia organización no es una excepción. Como todas las otras, está siendo sacudida hasta sus cimientos e impulsada a revelar su verdadera naturaleza. Las debilidades que se mantuvieron ocultas en tiempos de paz rápidamente son puestas al descubierto con el acercamiento de la guerra. Numerosos individuos y grupos enteros, tanto miembros formales de la IV Internacional como simpatizantes, están siendo sometidos al mismo tipo de pruebas. Habrá bajas, que parecerán indicar un debilitamiento del movimiento. Pero es más la apariencia de las cosas que la realidad. El trotskismo es la verdadera doctrina y método de la revolución proletaria; revela su real sustancia de forma más infalible en tiempos de crisis, guerra y lucha revolucionaria. Aquellos que asimilaron el programa, la doctrina, el método y la tradición hasta su carne y su sangre, como la línea conductora de la lucha, se adhieren firmemente al movimiento bajo la presión de la crisis.

Solamente aquellos que tomaron el bolchevismo como un paquete de fórmulas literarias, que el sólo hecho de adherir a ellas daba a uno cierta distinción en círculos radicales sin incurrir en ninguna responsabilidad seria; aquellos que adoptaron al trotskismo como una forma de "radicalismo extremo" que nunca fue más allá de los límites de debates sofisticados; es ese tipo de gente la que está más inclinada a titubear y a perder la cabeza bajo la presión de la crisis, e incluso a responsabilizar por su pánico al mismo trotskismo que simplemente permanece fiel a sí mismo.

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En consecuencia, es claro que la cuestión no es organizativa en primer lugar, sino política. La línea política es y debe ser el factor determinante. Está y debe ser colocado en el centro de la discusión. Nos aferramos a este método a pesar de todo, incluso pagando el costo de perder los votos de compañeros que están interesados en primer lugar en cuestiones secundarios, y lo hicimos porque solamente de esa forma es posible educar al partido y consolidar una base segura de apoyo para el programa. Cuál es la significación de la cuestión organizativa como tal en un partido político? Tiene una significancia independiente en sí mosma, en el mismo plano que las diferencias políticas, o incluso por encima de ellas? Muy raramente. Y solamente transitoriamente, dado que la línea política se abre paso y domina la cuestión organizativa siempre. Esta es una de las principales lecciones del ABC de la política partidaria, confirmada por la experiencia en su totalidad.

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La historia del movimiento obrero revolucionario desde los días de la I Internacional es una crónica ininterrumpida de intentos por parte de grupos y tendencias pequeño-burguesas de todo tipo, para recompensarse a sí mismos por sus debilidades teóricas y políticas mediante ataques furiosos contra los "métodos organizativos" de los marxistas. Y bajo el rótulo de los métodos organizacionales, ellos incluían todo, desde el concepto del centralismo revolucionario hasta asuntos de rutina administrativa; y más allá de eso también cuestiones personales y métodos de sus principales oponentes, a los cuales invariablemente describen como "malos", "duros", "tiránicos" y, por supuesto, por supuesto, por supuesto, "burocráticos". Hasta el día de hoy, cualquier grupito de anarquistas te explicará cómo el "autoritario" Marx maltrató a Bakunin.

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Vivimos tiempos serios. Estamos en la antesala de eventos críticos y de grandes pruebas para nuestro movimiento. Las personas que pueden ser desorientadas y sacudidas hasta sus pies por rumores y chismes y acusaciones sin fundamento, no serán soldados muy confiables en los duros días por venir. La pequeña-burguesía, después de todo, hace todo en pequeña escala. Los chismes y la campaña de calumnias de nuestra oposición no es siquiera una gota en un balde comparada con el torrente de mentiras, desinformación y calumnias que serán vertidas sobre las cabezas de los luchadores revolucionarios en los próximos días de la crisis y la guerra a través de los poderosos medios de propaganda de la clase enemiga. Y debemos esperar que por largos períodos de tiempo vamos a ser amordazados y atados de pies y manos, y sin tener medios para comunicarnos entre nosotros. Sólo aquellos que han pensado sus principios y saben cómo afferarse firmemente a ellos serán capaces de sostenerse a sí mismos en semejantes condiciones. No es dificil preveer que aquellos que sucumbieron ante el débil anticipo de esta campaña al interior de nuestro partido, pueden ser engullidos por la primera ola de la campaña real. Esos compañeros no necesitan un simple reaseguro acerca de tal o cual cuento de hadas. Necesitan una re-educación en los principios y métodos de la política marxista. Solamente de esa forma será posible apoyarse en ellos para las próximas batallas.

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Para nosotros, el partido debe ser una organización de combate que encabece una determinada lucha por el poder. El partido bolchevique que lidera la lucha por el poder necesita no solamente democracia interna. También requiere un centralismo imperioso y una disciplina de hierro en la acción. Requiere una composición proletaria de acuerdo a su programa proletario. El partido bolchevique no puede ser dirigido por diletantes cuyos interesas y vidas reales están un mundo extraño. Requiere una dirección activa y profesional, compuesta por individuos seleccionados democráticamente y controlados democráticamente, que dediquen sus vidas enteras al partido, y que encuentren en el partido y sus actividades multiformes en un ambiente proletario, su completa satisfacción personal.

Para el obrero revolucionario el partido es la expresión concentrada de su objetivo de vida, y está atado a él por la vida y la muerte. Predica y practica el patriotismo partidario, porque sabe que su ideal socialista no puede ser realizado sin el partido. En sus ojos, el mayor de los crímenes es la deslealtad o irresponsabilidad hacia el partido. El obrero revolucionario está orgulloso de su partido. Lo defiende ante todo el mundo en todas las ocasiones. El obrero revolucionario es un hombre disciplinado, dado que el partido no puede existir como una organización de combate sin disciplina. Cuando se encuentra en minoría, lealmente se somete a la decisión del partido y lleva adelante sus decisiones, mientras espera nuevos eventos para verificar las disputas o nuevas oportunidades para discutir nuevamente.

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El pequeño-burgués intelectual, que quiere enseñar y guiar el movimiento obrero sin participar en él, siente solamente lazos flojos hacia el partido y siempre está lleno de "quejas" contra el partido. En el momento en que sus dedos de los pies son pisados, o cuando es desairado, se olvida por completo de los intereses del movimiento y solamente recuerda que sus sentimientos han sido heridos; la revolución puede ser importante, pero la vanidad herida del pequeño-burgués intelectual es más importante. Está a favor de la disciplina cuando él le está aplicando la ley a otros, pero cuando él mismo se encuentra en minoría, empieza a lanzar ultimatums y amenazas de ruptura contra la mayoría del partido.

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Lenin, Trotsky, Plejanov, Luxemburgo, ninguno de ellos eran proletarios en su origen social, pero fueron hacia el proletariado y se convirtieron en los más grandes líderes proletarios. Para hacer eso, sin embargo, tuvieron que desertar de su propia clase y unirse a "la clase revolucionaria, la clase que guarda el futuro entre sus manos". Hicieron esta transferencia de lealtad de clase sin condiciones y sin ningún tipo de reservas.

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El "aparato", esto es, el Comité Nacional y el plantel de trabajadores del partido de tiempo-completo, no es un grupo económicamente privilegiado y no sus propios intereses creados diferentes de los intereses de los miembros del partido como un todo. La realidad es bastante diferente. Los funcionarios tiempo-completo del partido son aquellos compañeros que se distinguen tanto por una excepcional habilidad, que los impulsa hacia el trabajo partidario profesional por el consenso universal y la aprobación de la membresía del partido, o por su capacidad de sacrificio, o ambos. Son compañeros dispuestos a emprender funciones como trabajadores del partido por menos dinero que la mayoría de los trabajadores que cobran salarios miserables en un empleo privado. Las filas del partido saben esto muy bien y no quieren escuchar más denigración hacia los trabajadores profesionales del partido, especialmente de personas que rehuyen a los sacrificios y las tareas del trabajo partidario profesional. Nuestro partido no es un partido como la social-democracia. No vamos a permitir que nuestro movimiento sea liderado por heroes de "tiempo libre" mientras el trabajo del peón es realizado por los funcionarios profesionales, que además tienen que soportar los abusos de los "señores" que vienen a visitar el partido una vez a la semana. El partido honra y respeta a su plantel profesional. Considera la profesión del revolucionario profesional como la más honorable de todas las ocupaciones. La más alta aspiración y ambición de todo joven miembro del partido debería ser calificarse a sí mismo para semejante profesión en su vida. Nuestro "aparato" partidario no es ni una burocracia, ni una facción, ni una camarilla. Es una selección de gente que lleva adelante diferentes funciones acordes a sus méritos, capacidades y experiencia, y a su prontitud para servir al partido al costo de sufrir severas consecuencias económicas. No hay ningún elemento de "favoritismo" en su selección; la sola insinuación de semejante cosa es un insulto intolerable, especialmente cuando viene, como usualmente ocurre, de diletantes acomodados que nunca se perdieron una cena por la revolución. Tampoco puede sostenerse que haya habido una discriminación faccional o favoritismo en la selección de los funcionarios del partido. La oposición estuvo representada, y bien representada, especialmente en el comité editorial y las posiciones de las oficinas del centro.

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Stalin aparece como un "líder" de un tipo enteramente diferente al de Lenin, quien también gozaba de excepcional autoridad, y habiendo llegado a su posición mediante una práctica enteramente diferente. Lenin, el marxista, el revolucionario, realmente expresaba los intereses de las masas y mantenía su posición en base al consentimiento e incluso el amor de la sección más consciente del proletariado. Lenin consecuentemente se apoyaba en las masas y requería la democracia partidaria para movilizar su apoyo contra los elementos privilegiados dentro del país y el partido. Stalin, el revisionista, el traidor de la revolución, arribó a su posición no por la voluntad de las masas sino en una pelea entre grupos privilegiados. Stalin no es "líder" porque la gente lo ame; es obligatorio "amarlo" porque él es el poder dictatorial, el bonaparte soviético, cuyo prestigio fue artificialmente inflado y promovido en función de reforzar su posición como árbitro, defensor y representante ideal de los elementos privilegiados de la población. Si alguien disiente, hay una GPU para convencerlo.

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Junto con los derechos partidarios, los miembros del partido también tienen determinadas obligaciones. El carácter teórico y político del partido está determinado por su programa, que forma las líneas de delimitación entre el partido revolucionario y todo el resto de los partidos, grupos y tendencias en la clase obrera. La primer obligación de los miembros del partido es la aceptación leal del programa del partido y la afiliación regular a una de sus unidades básicas. El partido requiere de todo miembro la aceptación de su disciplina y el desarrollo de su actividad de acuerdo con el programa del partido, con las decisiones adoptadas en sus convenciones, y con las políticas formuladas e indicadas por la dirección del partido. Ser miembro del partido implica la obligación de ser leal 100% a la organización, el rechazo a todos los agentes de otros grupos hostiles en sus filas, y la intolerancia hacia las lealtades divididas en general. Ser miembro del partido requiere un mínimo de actividad en la organización, así como establezca la unidad correspondiente, y bajo la dirección del partido; requiere el cumplimiento de todas las tareas que el partido asigna a cada miembro. La membresía implica la obligación de cada miembro a contribuir materialmente al soporte de la organización de acuerdo con sus propias posibilidades.

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La clase obrera es la única clase en la sociedad moderna que es progresiva y verdaderamente revolucionaria. Solamente la clase obrera es capaz de salvar a la humanidad de la barbarie. Solamente el partido revolucionario puede llevar al proletariado a la realización de su misión histórica. Para alcanzar el poder, el partido revolucionario debe estar inserto profundamente entre los trabajadores, debe estar compuesto predominantemente por trabajadores y gozar del respeto y la confianza de los trabajadores.

Sin una composición de ese tipo es imposible construir una organización programáticamente firme y disciplinada que pueda cumplir estas grandiosas tareas. Un partido de no-trabajadores está necesariamente sujeto a toda la influencia reaccionaria del escepticismo, cinismo, enfermedad del alma y desesperación capituladora, transmitido hacia él a través de su medio-ambiente pequeño-burgués.

Para transformar al SWP en un partido proletario de acción, particularmente en el presente período de reacción, no es suficiente continuar con las actividades propagandísticas con la esperanza de que por medio de un proceso automático los obreros van a venir en bandada hacia el estandarte del partido. Es necesario, por el contrario, para llevar adelante un esfuerzo concertado, determinado y sistemático, conscientemente dirigido hacia los comités dirigentes del partido, penetrar el movimiento obrero, establecer las raíces del partido en los sindicatos, las organizaciones de masas de los trabajadores, en los barrios obreros, y reclutar trabajadores militantes hacia las filas del partido.